Shakira Hizo Famosa la Infidelidad de Piqué… la de su Propio Padre la Escondió Toda su Vida Por Esto o
Shakira Hizo Famosa la Infidelidad de Piqué… la de su Propio Padre la Escondió Toda su Vida Por Esto o
En febrero de 1977 en Barranquilla, Colombia nació una niña que no debería haber existido. No en términos de derechos ni de amor, en términos de matemática familiar. Su padre era un hombre casado, tenía esposa, tenía nueve hijos, tenía una vida construida durante décadas con esa mujer.
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Y sin embargo, un día de esos en que el destino decide ignorar todos los compromisos que alguien contrajo, William Mevarak Chadid vio a una mujer pasar por la oficina de un amigo y sintió que el suelo se abría debajo de sus pies. Lo que sintió esa tarde lo describió él mismo décadas después con la honestidad de alguien que ya no tiene nada que perder ni que ocultar.
Dijo que la vio y pensó, “Se acabó tu tranquilidad, William, porque yo entonces era un hombre casado. Y sin embargo, no se fue, se quedó. Inició una relación con esa mujer. Embarazó a esa mujer mientras seguía casado con otra. Y de ese embarazo nació la niña que el mundo conocería después como Shakira. Esta no es la historia de Shakira, la artista, esa historia ya la conocen.
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Esta es la historia de lo que pasó antes de que Shakira existiera y de lo que le pasó a la familia que existía antes de que ella llegara y de los nueve hermanos que nunca le pidieron compartir el apellido del hombre más importante de sus vidas con una hija que nació de una infidelidad y de lo que significa crecer siendo los hijos de la primera familia, la que fue reemplazada cuando esa hermana que llegó después se convierte en la artista latina más famosa del mundo.
Hoy van a descubrir cuatro cosas que la historia oficial de Shakira nunca contó completas. Primero, cómo William Mebarac dejó a su primera familia, lo que le hizo a Lucila Otero y a sus nueve hijos y el paralelo perturbador con lo que Gerard Piqué le haría a Shakira décadas después.
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Porque la ironía más grande de esta historia no está en ningún titular, está en el hecho de que la mujer que compuso el himno más viral en la historia de la música sobre la traición de un hombre casado, nació porque su propio padre traicionó a la mujer con quien estaba casado. Segundo, la muerte de William Jor, el hermano mayor, a los 19 años.
Y cómo ese accidente de moto en Barranquilla hundió a su padre en una depresión tan profunda que necesitó gafas de sol para salir a la calle. Y como Shakira, con 9 años compuso una canción para decirle a su padre que veía su dolor detrás de esas gafas. Una canción que anticipó en décadas lo que ella haría toda su vida, convertir el dolor ajeno y propio en algo que el mundo pudiera escuchar.
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Tercero, lo que pasó con Tonino, el único hermano que eligió trabajar con Shakira durante años, el que estuvo a su lado cuando Piqué la traicionó, el que algunas versiones identifican como el primero en alertarla sobre lo que estaba pasando y lo que pasó después con su propio hijo cuando intentó hacer lo mismo que su padre dentro de la gira de su tía.
Cuarto, ¿dónde están hoy los nueve hermanos de Shakira? lo que hacen, lo que no dicen y la pregunta que nadie en esa familia respondió públicamente todavía. Les voy a avisar cuando llegue cada una, pero para entender todo esto, necesitan saber quién era William Mebarak Chadid antes de ser el padre de Shakira, porque esta historia no empieza con Shakira, empieza con un hombre que construyó una familia entera, la dejó y construyó otra.
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Y eso para los nueve hijos que quedaron de la primera cambió todo lo que vendría después. William Mevarak Chadid nació en Nueva York en 1931, hijo de inmigrantes libaneses que habían llegado a América buscando lo que buscan todos los que cruzan un océano. Una vida diferente a la que tendrían si se quedaban. La familia Mevarak era de origen árabe con raíces en el Líbano y había emigrado primero a Sincelejo en Colombia antes de llegar a Nueva York.
Ese origen multicultural árabe y latinoamericano al mismo tiempo es el mismo origen que define el sonido de Shakira décadas después. La fusión de ritmos que ningún otro artista había logrado de esa manera antes que ella. Los ritmos que ella incorporó en Laundry Service, ese disco de 2001 que la catapultó al mercado anglosajón, vienen directamente de esa herencia que su padre le transmitió de manera consciente desde pequeña.
William creció entre dos mundos, como suelen hacerlo los hijos de inmigrantes, con la cultura del origen en casa y la cultura del destino afuera, sin pertenecer completamente a ninguna de las dos. Cuando tenía alrededor de 5 años, la familia regresó a Colombia y se instaló definitivamente en Barranquilla. De joven, según sus propios relatos, llegó a plantearse ser sacerdote.
Su padre lo disuadió, no por motivos espirituales, sino por un cálculo práctico que en determinadas culturas tiene un peso que no necesita explicación. Tenía miedo de que el apellido Mevarak se perdiera si su hijo se metía al seminario. Le cambió de colegio, lo expuso a las chicas y eso, según William, acabó con su vocación religiosa.
Se construyó una vida en Barranquilla como periodista, escritor y empresario. Conoció a Lucila Otero, se casó con ella y empezó a construir la familia que su padre había exigido que construyera. Con Lucila Otero tuvo 10 hijos. El primero se llamó William, igual que él, el heredero del apellido que el abuelo había querido proteger tanto que le cambió de colegio al hijo para que no se metiera a sacerdote.
Luego vinieron Tonino, Lucila, Patricia, José Antonio, Alberto, Robin, Ana, Edward y Moisés. 10 personas, una familia grande, ruidosa, barranquillera en el sentido más amplio de la palabra. Una casa con 10 hijos y dos adultos navegando la vida en Colombia durante los años 60 y 70. No eran pobres. William Mevak trabajó con constancia, construyó algo, tenía una vida en todos los sentidos posibles de esa frase.
Barranquilla en los años 60 y 70 era una ciudad particular, puerto sobre el río Magdalena y el mar Caribe, puerta de entrada de todo lo que llegaba a Colombia desde afuera, una ciudad donde convivían las familias tradicionales de la costa atlántica con los inmigrantes que habían llegado en distintas olas desde el Mediterráneo, desde el Líbano, desde Palestina, desde Italia, desde España.
Una ciudad calurosa, ruidosa, musical. donde el vallenato era la banda sonora de cada esquina y donde los árabes del Caribe, como llamaban en Colombia a los descendientes de inmigrantes del Medio Oriente, habían construido sus propias redes sociales y comerciales dentro del tejido general de la ciudad. William Mevarak era parte de esa comunidad, conocido, respetado, padre de 10 hijos con Lucila Otero, una persona que había construido algo real y sólido en una ciudad donde eso importaba.
una persona con historia, con raíces, con compromisos que nadie que lo conociera hubiera cuestionado. Y entonces vio a Nidia del Carmen Ripol Torrado pasar por la oficina de un amigo. El viento pegaba sus faldas a las piernas. Así lo describió él específicamente con esa imagen concreta, el viento, las faldas, las piernas de una mujer que no era su esposa y que en ese instante se convirtió en el centro de todo lo que existía para él.
Se acabó tu tranquilidad, William, porque yo entonces era un hombre casado. Lo que siguió no fue una crisis pasajera ni un error de una noche. Fue una decisión sostenida en el tiempo, repetida cada día que eligió continuar con esa relación mientras seguía casado con Lucila Otero. La madre de Shakira fue primero su amante, luego su pareja, finalmente su segunda esposa.
Nidia Ripol Torrado, colombiana de ascendencia española, se convirtió en la nueva realidad de William Mevak, la persona que venía después de la primera familia, la que generó la segunda. Lo que esa decisión le hizo a Lucila Otero es algo que ningún artículo sobre Shakira describe con detalle, porque ningún artículo sobre Shakira tiene a Lucila Otero como protagonista.
Lucila Otero es el personaje que no tiene nombre en la historia oficial, la primera esposa, la que quedó, la que no habló. Pero sus hijos crecieron con esa historia, con ese padre que construyó una segunda familia mientras la primera seguía existiendo. Con ese apellido que de repente se dividió en dos hogares, en dos mundos, en dos realidades que tenían en común solo el hombre que había generado ambas, y con una media hermana menor que llegaría después, hija de la otra mujer, que con el tiempo se convertiría en la persona más famosa que
jamás había llevado ese apellido. Y Lucila Otero, que había tenido 10 hijos con ese hombre, que había construido con él durante décadas en esa barranquilla caribeña y árabe y colombiana al mismo tiempo, terminó siendo la primera esposa, la que quedó atrás, la que el mundo no conoce porque el mundo conoce a Shakira.
Lucila Otero vive hoy en Barranquilla. Tiene alrededor de 93 años. En 2020 celebró su cumpleaños número 90, rodeada de la mayoría de sus hijos, que se reunieron para festejarla en una imagen que circuló en redes sociales. No dio declaraciones públicas sobre nada de esto. No escribió un libro. No apareció en programas de televisión hablando sobre lo que vivió cuando su marido se enamoró de otra mujer y la dejó con 10 hijos.
No reclamó nada en público, no acusó a nadie, eligió el silencio, que es diferente a no tener nada que decir. Aquí viene lo primero que les prometí. Hay algo en la historia de la familia Mebarac que es imposible no notar cuando se conoce completa. Una ironía que el mundo no supo ver durante décadas porque nadie preguntó la pregunta correcta.
Shakira es hoy conocida en todo el mundo, entre muchas otras cosas, por haber convertido la traición de Piqué en el himno de toda mujer traicionada. La BCRP Music Sessions volumen 53 es uno de los lanzamientos más virales de la historia de la música en cualquier idioma. En las primeras horas después de su lanzamiento a medianoche del 11 de enero de 2023, acumuló más reproducciones en YouTube que cualquier lanzamiento de música en español hasta ese momento en la historia de la plataforma.
En menos de 24 horas era trending en todos los países hispanohablantes y en muchos países donde el español no es la lengua oficial, pero donde Shakira era conocida. En 72 horas era la canción más escuchada del mundo en Spotify, una canción donde Shakira nombraba a Twingo y a Casio, donde le decía a Piqué que cambiaba a una Ferrari por un Twingo, que cambiaba a un Rolex por un Casio, que valía más que dos de 22.
una canción donde le decía a su expareja con precisión quirúrgica y sin ningún intento de disimular a quién iba dirigida, todo lo que pensaba sobre lo que le había hecho. Referencias que el mundo entero entendió sin que nadie necesitara explicación, porque la historia de Shakira y Piqué era en ese momento una de las historias más seguidas del planeta.
Una canción que se convirtió en el himno de cualquier mujer que había sido dejada por alguien que se creía más de lo que era. “Las mujeres ya no lloran.” El álbum completo siguió la misma línea. Una mujer que fue traicionada y que eligió convertir ese dolor en arte en lugar de esconderse, que eligió cantar en lugar de callarse, que eligió nombrar en lugar de proteger a quien la había dañado.
El mundo la aplaudió con razón porque lo que hizo fue real, fue valiente y fue artísticamente extraordinario. Y sin embargo, la historia de su propio nacimiento es exactamente la historia que ella denunció décadas después. Su padre era un hombre casado cuando se enamoró de su madre. Shakira es, en términos objetivos, el resultado de una infidelidad, de exactamente el tipo de infidelidad que Gerard Piqué cometió contra ella.
El hombre que ella describió como su mejor amigo, que dijo que era uno de sus amores más grandes, es el mismo hombre que abandonó a una primera familia para empezar otra. El mismo hombre que cuando vio a Nidia Ripol pasar por una oficina sintió que se acababa su tranquilidad y eligió seguir de todas formas. William Mbarak lo reconoció públicamente en distintas entrevistas.
Dijo que estaba casado cuando conoció a Nidia, que la vio y se enamoró, que supo en ese momento que su tranquilidad había terminado y que cuando consolidaron su relación nació Shakira. Shakira, por su parte, ha descrito a su padre en términos que no dejan lugar a dudas sobre el lugar que ocupa en su vida.
Lo llamó mi mejor amigo en distintas entrevistas. Habló de su influencia intelectual, de cómo él la introdujo en la lectura desde pequeña, de cómo su origen árabe y libanés formó parte de su identidad artística. Y eso es real y verificable. Los ritmos árabes que ella incorporó en Laundry Service, en sus coreografías que mezclan danza del vientre con movimientos caribeños.
En esa fusión que hizo de ella algo que nadie había hecho antes en la música latina, vienen directamente de esa herencia paterna. Pero Shakira no habló, al menos no en declaraciones públicas verificadas sobre lo que significó crecer siendo la hija del segundo matrimonio, sobre los nueve hermanos de la primera familia, sobre Lucila Otero, sobre lo que esa estructura familiar doble dejó en ella y en los que la rodeaban.
No hay en las declaraciones de William ningún reconocimiento de lo que eso significó para Lucila Otero y para los 10 hijos que ella había tenido con él. No hay una consideración pública de lo que esas personas vivieron cuando el hombre, que era el centro de su familia, decidió que había encontrado algo más importante.
Hay simplemente la historia del hombre que se enamoró, contada desde su perspectiva, sin las otras voces. Sin las voces de los nueve hermanos de Shakira que vivieron esa historia desde el otro lado, y sin la voz del hermano que no pudo vivir ningún lado, porque murió antes de que todo eso pasara. Aquí viene lo segundo que les prometí.
El hijo mayor de William Mevarak y Lucila Otero se llamaba William, igual que su padre. era el primogénito, el heredero del apellido que el abuelo había querido proteger tanto, el que llegó primero, el que le permitió a William Padre decirle a su propio padre, “Aquí te doy un heredero.” El padre describió ese momento con una precisión emocional que no se olvida.
dijo que cuando nació su primer hijo sintió una transformación interior que se estabilizó, que fue en ese momento que pudo decirle a su propio padre que le daba un heredero, que se calmó, que empezó a trabajar en serio, que fue padre de siete hijos más con Lucila Otero. William Junior era el centro de todo eso, el que venía primero, el que llevaba el nombre del padre y del abuelo.
Tenía 19 años cuando murió. Un accidente de moto en Barranquilla. Uno de esos accidentes que ocurren en un segundo y que cambian todo para siempre. Un joven de 19 años en una moto en una ciudad caribeña, un día cualquiera y un instante que nadie vio venir y que nadie pudo evitar. Nada dramático en su construcción, ningún anuncio, ninguna advertencia, solo el antes y el después.
sin transición, con la brutalidad que tienen las muertes que no se explican por nada más que por el azar. Para los hermanos mayores que tenían edad suficiente para entender lo que estaba pasando, esa muerte fue el primer quiebre real de una familia que ya empezaba a crujir por otros lados.
William Junior era el que venía primero, era el que le daba forma a la idea de que esa familia tenía continuidad, que tenía futuro. Su muerte dejó un vacío en la estructura familiar que ninguno de los otros nueve pudo llenar de la misma manera, porque nadie puede reemplazar al que llegó primero. y su padre se hundió de una manera que esos hijos mayores sí pudieron ver con sus propios ojos, con la lucidez de quienes tenían 10, 12, 15 años y podían entender lo que estaban viendo, aunque nadie se los explicara directamente.
El hombre que había construido todo, que los había traído al mundo, que era el centro de la familia, escondido detrás de gafas de sol porque el dolor era demasiado grande. Shakira tenía 2 años. cuando murió su hermano mayor, 2 años, no lo recordaba, no podía recordarlo. Era demasiado pequeña para tener ningún recuerdo propio de ese joven que murió en Barranquilla en una moto, un día que para ella no existe como recuerdo, sino solo como ausencia.
Pero lo que sí tuvo, desde que tuvo uso de razón y pudo observar el mundo alrededor de ella con los ojos de una niña que veía más de lo que los adultos suponían, fue la imagen de su padre después de esa muerte. William Mevarak se hundió en una depresión que duró años. No la describió en esos términos, no en la época en que ocurrió, porque en el Colombia de los años 70 y 80 esa palabra no tenía el mismo peso ni el mismo reconocimiento clínico que tiene hoy.
Pero lo que hizo durante los años que siguieron a la muerte de su hijo mayor lo describe mejor que cualquier diagnóstico. Usó gafas de sol todos los días, adentro y afuera, en la casa y en la calle, en las reuniones con amigos. En los desayunos familiares, en los espacios donde las gafas de sol no tienen ningún sentido, porque no hay sol que justifique ponérselas.
Donde ponérselas es exactamente lo contrario de lo que cualquiera haría. Las gafas de sol eran el escudo que William Mevak se puso entre él y el mundo cuando el dolor se hizo demasiado grande para aguantarlo sin protección. La manera de salir sin mostrar lo que había adentro. La manera de funcionar.
de seguir siendo el padre, el esposo, el hombre que tiene que estar presente sin que nadie viera que por adentro estaba destrozado. Shakira lo observó con los ojos de una niña pequeña que veía al hombre que su madre describía como su mejor amigo, el amor de su vida, el centro de la familia. Esos ojos veían las gafas de sol.
Veían que las gafas de sol no estaban por el sol. Veían el dolor detrás de la protección con esa claridad que tienen los niños cuando no tienen todavía suficientes capas de cortesía social que les impidan ver lo que está pasando. Y a los 9 años, Shakira escribió una canción. Se llamó Tus gafas oscuras. Quedó incluida en su primer álbum Magia, que lanzó en 1991 cuando tenía 14 años.
Shakira había firmado su contrato con Sony Colombia a los 13 años, convirtiéndola en una de las artistas más jóvenes en firmar un contrato discográfico con una multinacional en la historia de la música colombiana. El ejecutivo que la descubrió la vio actuar en una audición escolar y supo de inmediato que tenía algo que no podía ignorar.
Pero tus gafas oscuras no era el hit del álbum, no era la apuesta comercial. No era la canción que Sony esperaba que rompiera en las radios. Era algo más personal, más pequeño en apariencia y más grande en lo que significaba. Era una niña de 9 años diciéndole a su padre que veía lo que había detrás de las gafas para decirle que el dolor que él trataba de esconder era visible para quien lo amaba, para decirle que no necesitaba esconderse de ella, que ella lo veía de todas formas.
William Mevarak lo recordó en una entrevista de 2006 para BH1. Dijo que desde la muerte de su hijo mayor había intentado esconder su dolor detrás de unas gafas, que Shakira había captado ese sentimiento en su composición, que cuando su hija le presentó la canción no pudo contener las emociones. Una niña de 9 años que ya entendía el dolor de los adultos mejor que muchos adultos.
una niña de 9 años que ya convertía ese dolor en canciones, que ya había entendido, sin que nadie se lo enseñara explícitamente, que la música puede decir lo que las palabras en una conversación directa no pueden decir, que la canción puede llegar a lugares donde la conversación no llega. Eso también explica a Shakira, no solo la artista, la persona, el mecanismo.
La niña que escribió tus gafas oscuras a los 9 años es la misma mujer que décadas después escribió la BCDRP Music Sessions Volumen. 53. Y las mujeres ya no lloran. El mecanismo es siempre el mismo, tomar el dolor que alguien está sintiendo, el propio o el de alguien que se ama, y convertirlo en algo que el mundo puede escuchar.
Lo aprendió de niña, mirando a un padre que lloraba detrás de gafas de sol por un hijo muerto. Shakira no fue un éxito inmediato. Magia no funcionó comercialmente. Segundo álbum, Peligro. En 1993. Tampoco hubo personas dentro de Sony que cuestionaron si habían hecho una buena inversión. Shakira lo superó. Llegó pies descalzos en 1995. A los 18 años era ya una estrella latinoamericana.
En 1998 grabó el MTV Unplugged, el primero en español de toda la historia de ese formato que la lanzó definitivamente al escenario internacional. Mientras eso pasaba, sus nueve hermanos de la primera familia seguían con sus vidas en paralelo. Tonino tenía ya 23 años cuando pies descalzos salió.
Patricia, Lucila y los otros ya eran adultos. Los más pequeños de los Mevaracotero crecían en un Barranquilla que ya empezaba a escuchar el nombre de su media hermana en las radios locales, en los noticieros, en las conversaciones de las personas que los rodeaban. ¿Qué significa escuchar en la radio el nombre de alguien que lleva tu apellido? ¿Qué significa ver en televisión a alguien que tiene los rasgos de tu padre? ¿Qué significa que el mundo empiece a asociar el apellido que vos llevás desde que naciste con una persona que lo recibió de la misma
fuente, pero en condiciones completamente distintas de un padre que dejó a tu madre para empezar otra vida? No hay respuestas públicas a esas preguntas porque los nueve hermanos no las respondieron nunca. eligieron el silencio, que es lo que hace la gente cuando la alternativa es exponer algo que duele más de lo que cualquier entrevista podría contener.
En 2001 llegó Laundry Service, el primer álbum en inglés, Whenever Whever Underneath Your Clothes. Objection: 13 millones de copias vendidas. El número uno en las listas de Billboard, una fusión de ritmos árabes y latinos y rock que ningún artista había intentado de esa manera antes. Una colombiana de Barranquilla conquistando el mercado anglosajón con un sonido que llevaba en el cuerpo desde que era niña, desde que su padre le contaba de sus raíces libanesas y le ponía música del mundo árabe en casa. Hoy es la artista latina
con mayores ventas discográficas de la historia. Más de 125 millones de álbumes y sencillos vendidos, 15 gramis latinos, tres gramis americanos, más de 400 premios a lo largo de su carrera. La primera artista en la historia en actuar en cuatro ediciones distintas de la Copa Mundial de la FIFA.
La segunda artista latina más escuchada en Spotify a nivel global. Shakira Isabel Mevarak Ripul, nacida en Barranquilla, la única hija del segundo matrimonio, la única del apellido Mevarac que el mundo conoce. Y del otro lado, silenciosos, casi invisibles, los nueve que llevan el mismo apellido desde antes de que ella naciera.
Aquí viene lo tercero que les prometí. De los nueve hermanos de Shakira, hay uno que eligió no ser invisible, uno que decidió estar presente, que construyó su vida alrededor de la hermana más joven, en lugar de construirla lo más lejos posible de todo lo que esa hermana representaba. Se llama Tonino Mevak. Nació en 1972. Es 5 años mayor que Shakira.
Es el hijo de William Mevak y Lucila Otero, el hijo de la primera familia, que eligió acercarse a la segunda en lugar de mantener la distancia que el resto de sus hermanos eligió. No fue un acercamiento de la noche a la mañana, fue un proceso que se consolidó a medida que la carrera de Shakira creció y las responsabilidades logísticas de esa carrera superaron lo que cualquier manager externo podía manejar con la misma confianza que alguien de la familia.
Tonino fue el road manager de Shakira durante años, el responsable de coordinar las giras, los contratos, las actuaciones internacionales. El hombre que estaba al lado de su hermana en los momentos donde más se necesitaba alguien de confianza, alguien que estuviera ahí, no por el dinero ni por la posición, sino porque era su hermano y porque eso importaba más que cualquier otra cosa en esas circunstancias.
Fue Tonino quien manejó la gira El Dorado World Tour en 2018, una de las más exigentes de la carrera de Shakira, que además estuvo marcada por los problemas de salud del artista con sus cuerdas vocales. Fue Tonino quien estuvo en Barcelona cuando la separación de Piqué estalló en los medios de manera pública y devastadora en junio de 2022, quien se instaló en la casa de su hermana para darle soporte, quien según versiones periodísticas de distintos medios españoles, fue una de las personas en el círculo cercano que le
confirmó a Shakira lo que estaba pasando con Gerard Piqué, que había iniciado una relación con otra mujer mientras seguía viviendo con ella y con sus dos hijos. Tonino Mbarak, el hermano de la primera familia que eligió ser el protector de la segunda, el que llevaba el mismo apellido que la hermana más famosa, pero que eligió ejercerlo desde las sombras, coordinando lo que el mundo veía en los escenarios, sin que nadie en esos escenarios supiera su nombre.
Pero la relación entre hermanos que trabajan juntos tiene una atención específica que no tiene ninguna otra relación laboral. Cuando la persona que te da trabajo también es tu hermana, el límite entre el vínculo familiar y el vínculo profesional se vuelve permeable de maneras que ningún contrato puede regular completamente.
Lo que falla en el trabajo afecta a la familia, lo que se rompe en la familia afecta al trabajo. Y cuando la hermana es la artista más famosa de América Latina con la agenda más exigente y los estándares más altos del mercado y el hermano es su manager, el peso de ese desequilibrio se siente en cada decisión, en cada negociación, en cada momento donde los intereses de los dos no son exactamente los mismos.
Tonino habló públicamente sobre las condiciones exactas en que terminó su roladra. No hay declaraciones de él sobre eso. No hay una versión pública de cómo ocurrió la transición. Lo que sí habló, con una honestidad que no siempre se ve en el entorno de los artistas de esa escala, fue su hijo. Tarik Mebarak.
Es el hijo de Tonino, el sobrino de Shakira, un joven que creció cercano a su tía, que vivió durante meses en la casa de Shakira en Barcelona, cuando la artista atravesaba el periodo más difícil de su vida tras la separación de Piqué, que fue parte del círculo íntimo de una de las personas más famosas del planeta durante uno de los momentos más visibles de esa fama.
Cuando Shakira lanzó la gira, las mujeres ya no lloran World Tour, que comenzó en 2024 y se extendió en 2025 convirtiéndose en la más exitosa de toda su carrera. Tarik formó parte del equipo de trabajo. Trabajó en el área de atención a fans, el sector del staff, que tiene contacto directo con el público en los conciertos.
Un rol que los fans que tuvieron acceso a ese sector valoraron porque Tarik era accesible, cercano, el sobrino de Shakira que hacía que la experiencia de estar en primera fila tuviera una dimensión más humana y más personal. Y entonces, en algún punto de la gira, Shakira tomó una decisión. Tarik no volvería.
La noticia no llegó en un comunicado de prensa ni en una declaración oficial. Llegó porque Tarik mismo lo contó en una entrevista con la revista española Vanitatis, con la madurez de alguien que eligió ser transparente en lugar de guardar silencio sobre algo que hubiera podido perfectamente no decir. Dijo que eran sus primeras veces con una gira así de loca, que hay pros y contras de trabajar con la familia, que cumplió con su trabajo, pero que no le gustaba cómo se manejaba en ese ambiente.
Y Shakira decidió que no volvería, que es un ambiente muy exigente. Y luego dijo la frase que resume toda la complejidad de este universo de trabajar para alguien que es tu familia, pero que también es una industria, una marca, una estructura de poder con sus propias reglas que no se doblan por el apellido que comparten.
Si tienes un compañero de trabajo que siempre cumple, aunque en su tiempo libre haga otra cosa, siempre estará ahí. si nunca falla. Pero lo que pasa es que como yo soy familia, cumplí con mi trabajo, pero no le gustaba cómo me manejaba en ese ambiente y decidió que no volvía. Eran mis primeras veces. Un sobrino despedido por su tía, una tía que prescinde de alguien que es sangre de su sangre, porque el estándar del trabajo importa más que el vínculo familiar en el contexto de una producción de esa escala.
Una familia donde las decisiones profesionales no pueden ser sentimentales, aunque la persona que las toma y la persona que las recibe compartan un apellido y hayan dormido bajo el mismo techo en Barcelona durante los meses más duros de la vida de Shakira. Tonino, el padre, que dedicó años de su vida a trabajar para su hermana, que estuvo presente en los momentos que importaron, vio como su propio hijo era despedido de la gira de esa misma hermana.
El ciclo se repite, no de la misma manera, no con la misma escala, pero la dinámica es la misma. Alguien de los Mevarak de la primera familia se acerca al universo de Shakira y en algún momento ese universo decide que ya no. Aquí viene lo cuarto que les prometí. ¿Dónde están hoy los nueve hermanos de Shakira? Tonino Mevak, el más visible de todos, hoy se dedica principalmente a las inversiones inmobiliarias.
Sigue siendo parte del círculo familiar de Shakira. Aparece esporádicamente como vocero de la familia en situaciones concretas, como cuando habló ante la prensa colombiana sobre la salud de su padre William en el contexto de la gira. Pero ya no es el road manager. La etapa de trabajar para su hermana parece haberse cerrado, al menos en ese rol específico.
Lucila Mevarac es neurocirujana especializada en tumores de médula espinal, uno de los perfiles académicos y profesionales más altos de todos los hermanos en una especialidad que exige décadas de formación y que la aleja completamente del mundo del entretenimiento por la naturaleza misma de su trabajo.
Reside en Barranquilla, donde ejerce su especialidad. Mantiene una relación cercana con Shakira según distintos testimonios. No habla con la prensa sobre nada relacionado con su hermana ni con la historia de la familia. Patricia Mevarac es profesora especializada en niños con discapacidad cognitiva. Reside en Valencia, España. Una persona que dedica su vida profesional a los niños más vulnerables, a los que el sistema educativo convencional no sabe cómo incluir, mientras su hermana menor llena estadios en todo el mundo. No hay entrevistas de
ella, no hay fotos recientes con su hermana en espacios públicos, no hay nada que la conecte públicamente con el universo de Shakira más allá del apellido. José Antonio Mevarac es empresario radicado en Miami con conexiones en el mundo político y corporativo en América y Europa. Mantiene un perfil discreto respecto a su hermana, aunque hay registros de su presencia en eventos familiares.
Alberto William Mevarac es abogado. Ha acompañado a Shakira en visitas familiares a Barranquilla en distintas ocasiones, según reportes de prensa local, no hace declaraciones públicas. Robin, Edward, Moisés y Ana son los más invisibles de todos. No hay información pública verificada sobre sus profesiones ni sus vidas actuales.
Son los hermanos de los que nadie sabe nada porque eligieron que nadie supiera nada y lo han mantenido durante décadas con una disciplina que en sí misma dice algo sobre lo que significa cargar ese apellido y haber decidido que la única manera de vivir con él es hacerlo desde la oscuridad. Pensemos en lo que significa en términos concretos.
Crecer con el apellido Mbarak en la Colombia posterior a 1995, cuando pies descalzos convirtió a Shakira en la artista más importante del país. Significa que cuando Lucila Mevarac llega a un congreso de neurocirujanos y se presenta, la primera reacción de quien la escucha es la conexión con su hermana menor. que cuando Patricia Mevarc llega a una escuela de Valencia y se presenta ante los padres de sus alumnos, alguno inevitablemente lo conecta.
Que cuando Alberto firma un contrato legal, su nombre tiene una resonancia que ningún abogado con otro apellido tendría. El apellido llega antes que la persona. Siempre en cualquier lugar del mundo hispanohablante donde el nombre Shakira significa algo, el apellido Mebarac abre una puerta que ninguno de los nueve pidió abrir. No eligieron eso.
No eligieron nacer en esa familia. No eligieron que su padre dejara a su madre por otra mujer. No eligieron que de esa relación naciera una niña que se convertiría en el símbolo más grande de la música latina de las últimas tres décadas. No eligieron que el apellido que heredaron de su padre les llegara con esa historia adjunta.
Pero lo cargan de todas formas. Los nueve, cada uno a su manera, algunos más cerca de Shakira como Tonino, otros a una distancia que podría medirse en kilómetros, pero que también podría medirse en decisiones tomadas sobre cómo vivir cuando el nombre que llevas ya tiene una historia que llegó antes que vos. La gira Las mujer Mujeres ya no lloran World Tour estableció récords en múltiples países.
Llenó estadios que ninguna artista latina había llenado antes. Y en el equipo de esa gira durante un tiempo estuvo Tarik Mevak, el sobrino, el hijo de Tonino, el nieto del hombre que vio a Nidia Ripol pasar por una oficina y sintió que se acababa su tranquilidad y luego Tarik ya no estuvo. ciclo que empezó cuando William Mebarak dejó a su primera familia por la segunda sigue moviéndose décadas después en la vida de las personas que llevan ese apellido.
No de la misma manera, no con la misma escala de consecuencias. Pero el patrón está ahí. Alguien de los Mevaracotero, los de la primera familia, se acerca al universo de Shakira y en algún momento el universo de Shakira decide que ya no. Hay algo que no me puedo sacar de la cabeza cuando pienso en esta historia desde el principio.
Shakira construyó su carrera en parte sobre la narrativa de convertir el dolor en arte. la niña de 9 años que vio el dolor de su padre detrás de unas gafas de sol y lo convirtió en canción. La mujer de 40 años que vio el dolor de la traición de Piqué y lo convirtió en el himno más viral de la historia de la música latina. El mecanismo es siempre el mismo.
El dolor entra, la canción sale y sin embargo, la historia de su propio origen es exactamente el tipo de historia que causa ese dolor. Su padre era un hombre casado cuando se enamoró de su madre. Shakira es el resultado de una infidelidad. Los nueve hermanos son las personas que vivieron esa infidelidad desde el otro lado, desde el lado de la familia que quedó, desde el lado de la madre que no habló.
La hija que nació de la infidelidad es la que denunció públicamente con toda la fuerza de su arte y con el alcance global de su plataforma la infidelidad que cometieron contra ella. Y los nueve que vivieron la primera infidelidad eligieron el silencio, la privacidad, la vida invisible lejos del reflector.
Porque cuando tu apellido ya tiene una historia que llegó antes que vos, a veces la única manera de tener algo propio es hacer que nadie sepa que existís. Tonino, el único que eligió estar cerca, dedicó años de su vida a su hermana y su hijo fue despedido de la gira de esa misma hermana. Lucila Otero, que tuvo 10 hijos con William Mevak, vive en Barranquilla con 93 años y el mundo no sabe su nombre.
William Mevarak, que dejó a su primera familia para empezar otra, vive en Miami y sigue siendo, según Shakira, su mejor amigo y uno de sus amores más grandes. Y Shakira, la hija que nació de todo eso, la que convirtió en música el dolor de su padre y décadas después su propio dolor, sigue siendo la artista latina más escuchada del mundo.
El apellido Mevarak es famoso en todo el planeta por una sola persona y son 10 las que lo llevan. Eso es exactamente lo que heridos por el nombre existe para contar. La pregunta que les dejo en los comentarios es esta: ¿creen que los nueve hermanos de Shakira eligieron voluntariamente la invisibilidad o fue la única manera de tener una vida propia cuando el apellido que llevan ya pertenece a otra persona antes de pertenecer a ellos? ¿Y qué piensan de la ironía de que Shakira, que construyó parte de su carrera denunciando la
infidelidad de Piqué, sea a la vez el resultado de la infidelidad de su propio padre? Y Tonino, el único que eligió estar cerca, que dedicó años de su vida a su hermana para ver después cómo su propio hijo era despedido de la gira de esa misma hermana. ¿Valió la pena? Díganmelo abajo. Quiero leer lo que piensan.
Y si llegaron hasta acá, ya saben lo que van a encontrar en Heridos por el nombre, ¿no? No farándula, historia humana, el precio real que se paga por vivir cerca del poder. Suscríbanse y activen la campanita. Cada semana una familia, una verdad que alguien pagó muy caro ocultar.