En septiembre de 2019, un periodista le preguntó a Lupe Esparza si él y su compadre Ramiro Delgado eran buenos amigos, si eran, como se dice en el norte, uña y mugre. Llevaban 40 años juntos, habían fundado Bronco juntos, habían perdido fans juntos, habían perdido el nombre de su grupo, juntos habían perdido a Choche juntos.
40 años de historia compartida y el periodista quería saber si eran amigos. Lupe respondió sin dudar. No éramos uña y mugre. En los grupos no hay amigos. Hay amigos cuando no tienes nada. Cuando ya hay dinero, se fija uno en todo. Esa frase es el corazón de esta historia. No porque sea cruel, sino porque es honesta de una manera que duele.
Y para entender por qué un hombre llega a decir eso sobre alguien a quien llamó compadre durante cuatro décadas, hay que entender todo lo que Bronco perdió antes de llegar a ese momento. Porque Bronco no perdió solo una vez. perdió tres veces y cada pérdida fue más cercana al corazón del grupo que la anterior. La primera pérdida ocurrió en 1987 cuando Bronco todavía era un secreto del norte que el resto de México apenas empezaba a descubrir.
Fue la noche del 8 de noviembre de 1987 cuando se realizó el evento musical en el Centro Social La Fama en el municipio de Santa Catarina, Nuevo León. Era una presentación importante de esas que confirman que algo está cambiando, que el trabajo de años está dando resultados. Los carteles habían tapizado las calles de la zona metropolitana de Monterrey durante días.
El problema fue que había demasiada gente que quería entrar. El factor que desencadenó los hechos trágicos fue la sobreventa de boletos, ya que desde temprana hora, los fans abarrotaron el pequeño salón que tenía una capacidad para menos de 1000 personas, pero según cifras oficiales había más de 7,000 asistentes.

El lugar no tenía ventanas, no tenía salidas de emergencia suficientes. Era, según la descripción de los propios integrantes del grupo, como entrar a un baño de vapor. Cuando la situación se salió de control, las autoridades tomaron la peor decisión posible. Cuando las autoridades se vieron rebasadas por la multitud que quería entrar a ver a Bronco, lanzaron dos disparos al aire, lo que provocó pánico entre todas las personas que estaban dentro del lugar.
Todos intentaron salir al mismo tiempo, lo que generó una estampida que dejó como saldo siete personas muertas y cientos de personas heridas. Bronco estaba tocando cuando lo sacaron del escenario. Lupe Esparsa recordó, nos dijeron, “Paren, paren, dejen de tocar.” Estábamos cantando, no nos vamos a olvidar. Nosotros simplemente dijimos, “Bueno, ¿habrá alguna bronca por ahí?” Cancelaron el baile, vino la policía y nos fuimos.
Fue al día siguiente cuando abrieron los periódicos que entendieron lo que había pasado mientras ellos seguían tocando. Lupe confesó que la banda se sentía culpable y consideró el accidente como una película de terror. De esa culpa, de esa necesidad de hacer algo con un dolor que no tenía salida, nació cumbia triste. Las regalías de esta canción fueron destinadas a los familiares de las víctimas.
Era lo único que podían hacer. No era suficiente y lo sabían, pero era lo único. Esa noche en la fama fue la primera vez que el éxito de Bronco le costó algo que no se puede recuperar. Y fue también la primera vez que Lupe Esparza entendió que haber construido algo grande no te protege de las consecuencias de ese tamaño.
La segunda pérdida fue diferente. No vino del destino ni de la irresponsabilidad ajena. Vino de alguien a quien el grupo le había entregado su carrera con confianza total. Para entender lo que pasó, hay que presentar primero a Óscar Flores. Flores los vio tocar en 1981, cuando Bronco era todavía un grupo de apodaca que tocaba en bailes y fiestas de Nuevo León por honorarios que a veces no alcanzaban para cubrir los gastos de traslado.
Les hizo un cambio de imagen, modificó los instrumentos que cada uno tocaba y no pasó mucho tiempo antes de que estos esfuerzos dieran frutos. Fue Flores quien abrió puertas en la industria discográfica nacional, quien negoció los contratos que llevaron a Bronco de los bailes del norte a los estadios de todo el continente. En los años de mayor éxito, Bronco vendió más de 54 millones de discos.
Tuvieron una calle con su nombre en Las Vegas. Fueron la primera agrupación de música regional mexicana en lanzar un videoclip animado. Ganaron premios Lo Nuestro, llenaron el Estadio Azteca. Y detrás de todo ese crecimiento, Óscar Flores era el arquitecto silencioso que construía los puentes que Bronco cruzaba.
En 1997, después de más de 15 años de trabajo conjunto, Bronco decidió separarse. Lo hicieron con un disco de despedida, con un especial en Siempre en Domingo y con un concierto de cierre que reunió a decenas de miles de personas. Fue una despedida digna en la cima, del tipo que muy pocos grupos logran. Y en ese momento, creyendo que el capítulo estaba cerrado definitivamente, Luper Esparsa se dio los derechos del nombre de Bronco a Óscar Flores.
Lo que Lupe no calculó fue que 6 años después querría volver. Cuando quisieron regresar en 2003, se dieron cuenta de que su nombre les pertenecía a su exresentante Óscar Flores. Si querían recuperarlo, tendrían que beneficiarlo a él. El precio era impagable. Así que Bronco regresó a los escenarios con otro nombre, El gigante de América.
Uno de los apodos que el público les había dado en su época dorada. Era su música, era su voz, eran sus canciones, pero el nombre que habían construido durante casi dos décadas ya no era suyo. Durante 14 años tocaron como el gigante de América y mientras el grupo cargaba con ese nombre prestado, los años fueron cobrando sus propias facturas.
A Choche, el baterista fundador y el integrante más querido del público, se le complicó la salud cuando le hicieron una operación a corazón abierto. Fue una transfusión de sangre la que le causó una bacteria y se le desarrolló una cirrosis hepática porque él no tomaba alcohol. Pasó unas de un año tratándose, alejado de los escenarios, intentando recuperarse con tratamientos de células madre que nunca lograron revertir el daño.
El 30 de septiembre de 2012, mientras Bronco ofrecía un concierto en Chicago, el grupo recibió la noticia de su fallecimiento. Lupe paró el concierto para anunciárselo al público. El estadio respondió con un minuto de aplausos y la banda tocó Chochem, la canción que Lupe había escrito para él décadas antes, porque consideraba que Choche era el corazón visible del grupo, la alegría que el público podía tocar.
Fue la segunda vez que Bronco perdió algo que no tiene reemplazo y siguieron tocando, porque seguir tocando es lo único que saben hacer cuando el dolor no cabe en ningún otro lugar. Después de 14 años de disputas, en 2017 la agrupación recuperó su nombre e inició una serie de proyectos para regresar a los primeros sitios de popularidad.
Publicaron el disco Primera Fila, tocaron en el Vive Latino, grabaron una bioseria para TNT basada en el libro autobiográfico de Lupe. Parecía que el peor capítulo había quedado definitivamente atrás. Lupe lo describió sin amargura aparente en una entrevista que revelaba más de lo que pretendía.

No tiene la culpa la persona que tenía el nombre. La culpa la teníamos nosotros por ser buenas personas, por ser gente que confía, por ser gente de alma transparente. Pero esta vida no es así. Era una declaración notable. Al exculpar a Óscar Flores, lo que Lupe estaba haciendo en realidad era culparse a sí mismo por haber confiado demasiado.
Y esa es una forma muy específica de aprendizaje, cuando la lección que te queda no es que el otro fue malo, sino que tú fuiste ingenuo. Había aprendido esa lección, o al menos eso parecía. La tercera pérdida fue la que ningún golpe anterior había podido prepararlo para recibir, porque esta no venía del destino ni de un representante calculador.
Venía de Ramiro Delgado, el hombre con quien había fundado Bronco en 1979, el hombre a quien había llamado compadre durante 40 años. El primero de marzo de 2019, Ramiro Delgado tocó con Bronco por última vez en un concierto en Brownsville, Texas. Semanas después, en una entrevista con el programa Hoy de Televisa, hizo públicas las acusaciones que nadie esperaba escuchar de él.
Delgado reveló que había sido expulsado de la agrupación y señaló directamente a Lupe Esparza, con quien había fundado Bronco. Su actitud por el problema de alta traición y la verdad me he quedado desconcertado. La gota que derramó el vaso fue la última fecha que tuvimos el primero de marzo. Ahí me sentí maltratado, tanto por él como por sus hijos.
decepcionado, todo por el problema de mi salud. Inclusive me dijo el jueves pasado que pasara por mi parte del dinero y se acabó. Me pagaron como si fuera una persona más y yo soy el fundador del grupo. Entonces me dijeron, “Si no te parece, aquí le paramos.” Bronco emitió un comunicado público donde Lupe pedía diálogo privado. Ramiro, compadre, tú sabes que las cosas que estás diciendo en los medios no tienen fundamento.
Te invito a que con la confianza que siempre nos hemos tenido nos sentemos a hablar de cualquier inquietud que tengas para tratar de resolverlo de la mejor manera. No hubo diálogo. Ramiro contrató un abogado y presentó dos demandas legales, exigiendo el reconocimiento de sus derechos como cofundador sobre el nombre, los discos, la serie y las regalías de décadas de trabajo.
Lo que vino después fue una respuesta pública más contradictoria y reveladora de toda la historia del grupo. En una entrevista con Gustavo Adolfo Infante, Lupe habló de cómo había recibido las declaraciones de su compadre. Me sentí tan mal. Te juro que me puse a llorar porque yo no podía creer esas declaraciones de alguien que yo protegí, a quien le dije que éramos todos iguales.
Era un hombre destrozado por la traición del amigo al que más había protegido. Y semanas después, en la presentación de la bioserie de TNT, ese mismo hombre respondió a la pregunta de si él y Ramiro eran uña y mugre con la frase que abre esta historia. En los grupos no hay amigos. Hay amigos cuando no tienes nada, cuando ya hay dinero, se fija uno en todo.
Las dos declaraciones son verdad al mismo tiempo y esa contradicción, más que cualquier demanda legal o comunicado de prensa, es la descripción más honesta de lo que significa perder a un compadre después de 40 años. Puedes estar destrozado y al mismo tiempo haber aprendido la lección. Puedes llorar por alguien y al mismo tiempo entender que la relación nunca fue del todo lo que creíste que era.
Las dos cosas conviven y esa convivencia es exactamente lo que hace tan difícil procesar este tipo de pérdidas. Lupe dejó en claro que no hay posibilidad de reconciliación. Una reconciliación es muy complicada porque a veces los puentes se rompen para siempre. Ramiro Delgado, padre formó su propia agrupación llamada Delegado Norte.

Su hijo Ramiro Junior estuvo brevemente en Bronco antes de irse también, sin drama público y con más silencio que explicaciones. Hoy Bronco celebra más de 45 años de historia con giras que los llevan desde Honduras hasta Argentina. Los hijos de Lupe tocan en el grupo. Las canciones suenan igual de bien que siempre en bodas, fiestas y en los carros de personas que no saben nada de todo lo que costó producirlas.
Y si uno escucha con cuidado Cumbia triste, escrita para los muertos del salón La Fama, o Añigo Bronco, escrita para Homero Hernández, que cayó de un autobús camino a un concierto, o Chochemán, escrita para el baterista más querido que una transfusión de sangre le quitó al grupo antes de tiempo, entiende que detrás de cada una hay una pérdida específica que no se resolvió con dinero, ni con un acuerdo, ni con ninguna otra cosa que no fuera seguir haciendo. música.
Hay grupos que se rompen y desaparecen. Bronco se rompió y siguió. No porque las pérdidas no hayan sido reales, sino porque Lupe Esparza decidió que el nombre que tardaron 14 años en recuperar no iba a dejar de existir mientras él pudiera evitarlo. La frase sobre el dinero y los amigos sigue siendo incómoda, sigue revelando algo que la mayoría de las personas prefieren no decir en voz alta sobre sus propias relaciones.
Pero también es si uno la escucha sin juzgarla, la declaración de alguien que aprendió tres veces lo que cuesta confiar sin calcular y que la tercera vez, cuando la traición vino del más cercano de todos, ya tenía las palabras exactas para describirla. Eso no es cinismo, es honestidad de la clase que solo viene después de haber perdido suficiente.
Si alguna vez construiste algo con alguien en quien confiabas completamente y ese alguien terminó siendo quien más te costó, sabes exactamente de qué estamos hablando. Cuéntanos en los comentarios y si conoces a alguien que creció escuchando a Bronco, comparte este video. Esta historia merece escucharse completa.