No sé quién las inventó, no sé quién nos hizo ese tan latino más exitoso de los últimos 40 años. A sus años, Ricardo Arjona rompe el silencio y lo hace como nunca antes. En una entrevista exclusiva, el cantautor guatemalteco confesó quiénes son los artistas que no soporta y lo más sorprendente, varios de ellos fueron sus amigos de toda la vida.

Historias de traiciones, egos y rupturas que marcaron su carrera. Hoy vamos a repasar esas polémicas que estremecieron la industria y escuchar de su propia boca lo que realmente piensa de cada uno. Mira, yo no suelo hablar mucho de mi vida personal, pero lo que voy a decir ahora sé que va a sorprender a más de uno. A lo largo de mi carrera he escrito sobre mujeres, sobre el amor, sobre la vida misma.

Y aunque la gente piensa que lo sabe todo de mí por mis canciones, hay cosas que nunca he contado. Yo empecé escribiendo para otros artistas. La mujer que no soñé para Eduardo Capetillo fue un éxito enorme, pero yo no vi un centavo. Y fíjate cómo es la vida. Gracias a esa canción terminé actuando en una novela Alcanzar una estrella, algo que jamás había imaginado.

A sus 62 años, Ricardo Arjona nombró a los cinco cantantes que más odia

Luego vinieron temas para Vivi Gaitán, para Ana Gabriel y aunque me fue bien, todavía sentía que no había mostrado mi verdadero yo. Grabé mi primer disco, “Déjame decir que te amo” a los 21 años por culpa o gracias a una novia que me llevó con una disquera, pero no me enorgullece. Tanto así que compraba todos los discos que veía para que nadie los escuchara.

Después junté valor, pedí prestado y grabé animal nocturno. Ese sí, ese era yo. Y aunque al principio la disquera lo dejó olvidado, el destino me puso frente a un ejecutivo que creyó en él y lo lanzó. Vendió más de un millón de copias. Fue ahí donde todo cambió. Hasta escribí asignatura pendiente para Ricky Martín sin conocerlo.

Y mira, se convirtió en otra de esas canciones que te recuerdan que a veces la música te lleva por caminos que ni soñaste. ¿Quién te dijo que yo era el sueño que soñaste una vez? ¿Quién dijo que tú? Mira, yo he pasado por cosas que ni yo mismo imaginaba que me iban a tocar vivir. Después del 11 de septiembre, por ejemplo, terminé sentado frente a las autoridades por la letra del Mesías.

Sí, una canción que habla de un profeta que llega a Nueva York. Nunca pensé que el FBI iba a investigar algo que yo escribí. Por suerte, todo quedó en nada, pero fue una de esas experiencias que te sacuden y te hacen entender lo raro que puede ser este oficio. Después vino uno de mis discos más importantes, ese que vendió millones y me llevó por toda América Latina.

Pero la vida, la vida también te pasa factura. Perdí a mi madre y a mi padre y ahí aprendí que ni la fama ni los aplausos sirven para llenar ciertos vacíos. En el amor, la gente cree que la vida de un cantautor es perfecta y no. Yo me casé con Lesli Torres en Las Vegas en 5 minutos. Tuvimos dos hijos, Ricardo y Adria, y nos divorciamos en 7 años con todo lo que eso implica.

Pleitos, acusaciones, custodia. Escribí para bien o para mal como una especie de catarsis. Y sí, fue un divorcio escandaloso de esos que te marcan para siempre. Luego llegaron otras relaciones, algunas largas, otras fugaces. Y aunque nunca he sido de dar muchos detalles, mis hijos son mi verdadera obra maestra. Cada uno ha tomado su camino y yo intento estar presente sin entorpecer sus vidas.

Ahora mismo estoy en una pausa. No sé si volveré pronto al estudio o si la vida me llevará por otro lado. Lo único que sé es que he vivido de todo, amor, pérdida, éxito y escándalo, y que de alguna manera todo eso termina convirtiéndose en canciones. Mira, he vivido tantas cosas que a veces no sé por dónde empezar.

Entre giras, amores, pérdidas y escándalos, he aprendido que la música no es solo canciones, es sobrevivir a lo que viene con ellas. Y mientras te cuento todo esto, creo que es buen momento para hablar del primer artista que no me trago. Sí, el primero de esa lista que la gente lleva años queriendo saber fue en una entrevista con Clarín, donde Fito Páez, sin decir mi nombre, dejó caer un comentario que todo el mundo entendió.

dijo algo así como que algunos, como yo tienen siempre a mano el privilegio de llenar varios Luna Park, mientras otros como Charlie García no reciben el mismo apoyo mediático. Y no lo dijo una vez, lo dejó caer con esa ironía argentina que corta más que un cuchillo. No era solo una crítica, era un mensaje claro, un golpe disfrazado de opinión.

Yo siempre he creído que en la música cada quien se gana su lugar. Nadie te regala un luna park lleno. Lo llenas porque hay gente que paga por escucharte. Pero desde entonces nuestra relación fue un antes y un después. Nos hemos cruzado en eventos y aunque las sonrisas de compromiso aparecen para la foto, por dentro ya no hay nada que decirse.

A veces los silencios dicen más que 1000 canciones. No me quedé callado. Cuando escuché lo que dijo, me tomé mi tiempo, pero le respondí como yo sé hacerlo. Con palabras. Le escribí una carta que titulé Los que confían hablan menos. En ella defendí mi trayectoria recordándole que yo no llegué aquí por un favor ni por un capricho mediático, sino a base de canciones, de kilómetros recorridos y de público ganado uno por uno.

Le dije que sus comentarios eran viscerales, que no venían de un análisis real, sino de una herida personal que yo ni siquiera había provocado. Y dejé claro algo que muchos olvidan. La música no es una carrera de atletismo. Aquí no gana el que corre más rápido ni el que grita más fuerte.

Gana el que logra quedarse en el corazón de la gente. Y en eso yo no tengo que pedirle permiso a nadie. Pero aunque uno trate de ser diplomático, hay cosas que se clavan. Después de esa carta, para Mi Fito dejó de ser un colega con el que compartía un mismo idioma musical y pasó a ser uno de esos nombres que, aunque no quieras, te provocan un sabor amargo cada vez que aparecen.

Y no es por una simple diferencia de opinión, es porque puso en duda algo que me ha costado toda una vida construir. Lo respeto como artista, pero lo detesto como persona en ese sentido, porque no se trata solo de lo que dijo, sino de como lo dijo, de la forma calculada en que buscó dejarme como el favorito del sistema, cuando sabe perfectamente que lo único que me ha sostenido son mis canciones y la gente que las canta conmigo.

A partir de ahí, cada vez que escucho su nombre, lo asocio más con aquella puñalada que con cualquier otra cosa. Y burlábamos la ley de gravedad. Prepár como Jane de lasin. Mientras te cuento estas historias, inevitablemente llega el momento de hablar del segundo nombre en esta lista. Y es curioso porque en este caso no se trata de una pelea pública, de un cruce de palabras o de una carta abierta.

Se trata de algo mucho más silencioso y, en mi opinión más incómodo, el silencio disfrazado de cortesía. Me refiero a Talía. Sí, la misma que ha sido un fenómeno en la música pop y las telenovelas que ha conquistado medio planeta con su imagen impecable. Pues bien, hace unos años comenzaron a circular rumores, sobre todo en TikTok y en medios informales, de que ella había rechazado trabajar conmigo o tener cualquier tipo de proyecto conjunto.

Nunca hubo una declaración oficial de su parte, nunca lo dijo en cámara, pero esas versiones crecieron como la pólvora. Y lo que pasa con estos rumores es que aunque no haya una fuente confiable detrás, el público empieza a especular. La gente inventa razones, que si es por diferencias artísticas, que si por egos, que si alguien le advirtió que no se acercara a mí.

Y uno escucha y aunque parte de ti quiere ignorarlo, otra parte se pregunta si no habrá algo de cierto en todo eso, porque la industria es pequeña y todos nos cruzamos tarde o temprano. Personalmente, no me molesta que alguien no quiera trabajar conmigo. Lo que me molesta es el juego de las apariencias, saludar de lejos, sonreír para las fotos en un evento y luego enterarte de que tras bambalinas hay un no rotundo a cualquier colaboración.

Y eso para mí habla más fuerte que 1 entrevistas. La odio, no en el sentido pasional de la palabra, pero si la tengo en esa lista, porque no es solo lo que pasó o lo que dicen que pasó, sino lo que representa esa parte del medio donde el ego pesa más que la música, donde las alianzas se deciden en base a intereses y no a talento.

Y si algo me molesta, es sentir que alguien me juzga o me descarta sin ni siquiera darme la oportunidad de un sí o un no a la cara. Era mi filosofía. Nocturno. Era una bella rutina. Mira, yo siempre he pensado que la música es un lugar para decir lo que otros no se atreven, pero también para escuchar y reflexionar. He escrito canciones que han incomodado, que han hecho reír, llorar o enojar a la gente.

Y tal vez por eso no me tiembla la voz cuando algo me parece exagerado o fuera de lugar. Porque si algo me ha enseñado la vida, es que la honestidad incomoda más que cualquier mentira. Y hablando de incomodidades, nos acercamos al tercer nombre de esta lista, Sakira. Sí, la misma que ha hecho historia en la música latina y que tiene un talento indiscutible.

El problema no es su voz, ni su éxito, ni su carrera. El problema es la forma en que ha convertido su vida personal en un espectáculo mediático y como en mi opinión eso ha contaminado la música que podría estar haciendo. Lo dije abiertamente cuando salió la sesión número 53 con Biza Rap. Me pareció que muchos de sus fans consumieron ese contenido simplemente para seguir sin detenerse a reflexionar sobre lo que escuchaban.

Y no lo decía para menospreciar a nadie, sino porque me parece que cuando la música se convierte en una catarsis pública de despecho, corremos el riesgo de que la emoción del momento pese más que la calidad artística. Claro, eso no le gustó a mucha gente. Hubo quienes me llamaron envidioso. Otros dijeron que no entendía el poder de las mujeres o que estaba defendiendo al ex de turno.

Pero mi punto era simple. No todo tiene que convertirse en un drama de tres actos contado a través de canciones que parecen comunicados de prensa emocionales. Y sí, esa forma de manejar una ruptura, de exprimir cada lágrima frente al micrófono, es algo que me choca profundamente. No tengo nada en contra de hacer canciones inspiradas en el dolor. Yo mismo lo he hecho.

Pero cuando el dolor se convierte en marketing, ahí es donde me pierden. Y eso, para mí es la razón por la que Sakira está en esta lista, porque más allá del talento, creo que ha elegido un camino que explota el morvo por encima del arte y en eso no puedo estar de acuerdo. Mira, yo siempre he creído que en este oficio uno se gana el respeto con canciones, no con chistes.

A lo largo de mi carrera me he cruzado con todo tipo de artistas, los que te abrazan genuinamente, los que sonríen para la foto y nada más, y los que aprovechan cualquier oportunidad para soltar una pulla disfrazada de humor. Y yo, que no soy precisamente de piel fina, he aprendido a dejar pasar muchas, pero no todas.

Y ahí llegamos al cuarto nombre en esta lista, Gustavo Serati, un tipo talentoso, un referente del rock latino, eso nadie lo discute, pero también alguien que en su momento eligió hacer un comentario que aunque iba en tono de broma, dejó claro que no me tenía precisamente en buena estima. Fue durante el regreso de Soda Estereo cuando le preguntaron si iban a batir el récord de conciertos en River y su respuesta fue, “Si no viene Erjona, yo entiendo el sarcasmo, la ironía, pero también entiendo cuando alguien te está dando un golpe disfrazado de chiste.” Lo

que quiso decir básicamente es que mi popularidad llenando estadios como el Luna Park o el mismo River era demasiado masiva para su concepto de música. Y eso para mí es una falta de respeto no solo a mí, sino al público que paga una entrada para verme. Porque si algo he aprendido es que el éxito masivo no se regala.

Se construye con años de trabajo, de canciones y de giras interminables. Después de eso, cada vez que escuchaba su nombre, inevitablemente recordaba esa frase. Nunca me buscó para aclararlo. Nunca hubo un dije en broma directo hacia mí. Así que aunque respeto lo que hizo con Soda Estereo y su carrera solista, para mí quedó marcado como alguien que eligió usar mi nombre para hacer un chiste fácil a costa de mi trabajo.

Y cuando alguien hace eso, pasa automáticamente a mi lista. esa lista de la que no se sale. El problema es que es conmigo. Y las estrellas se adueñan de mi bandera. Mira, con los años uno aprende que la música no solo es arte, también es un campo minado. A veces las bombas son grandes escándalos, otras veces son pequeñas frases lanzadas en un pasillo o en una entrevista, pero igual te dejan marcado.

Yo he tratado de mantenerme al margen de las guerras innecesarias, pero cuando la provocación es directa es difícil olvidarlo y eso me lleva al quinto y último nombre de esta lista. Paulina Rubio. Sí, la chica dorada. Nunca tuvimos una pelea pública como tal, pero las tensiones siempre estuvieron ahí. Coincidimos en algunos eventos y entrevistas, y en ese tipo de ambientes todo el mundo te observa, todo el mundo escucha lo que dices.

Yo en alguna ocasión hice comentarios irónicos sobre el pop más comercial, sobre esa parte de la industria que prefiere vender estribillos pegajosos antes que contar una historia. No mencioné nombres, pero parece que ella se dio por aludida. Tiempo después llegaron a mis oídos sus indirectas. Hablaba de ciertos cantantes que se creen poetas y que menospreciaban otros géneros.

A sus 62 años, Ricardo Arjona reveló los cinco cantantes que más detesta

No necesitaba ser un genio para entender a quién se refería. Nunca lo dijo abiertamente, pero en este medio las indirectas vuelan más rápido que cualquier comunicado oficial. Y lo que empieza como un comentario aislado termina alimentando rumores en programas de farándula y en redes sociales. La odio.

Digamos que no me cae precisamente bien, porque aunque no haya un enfrentamiento frontal, me molesta cuando alguien prefiere jugar con doble sentidos en lugar de decir las cosas de frente, y más aún cuando lo hace para desacreditar lo que yo hago, como si mi forma de escribir y cantar fuera un capricho intelectual y no el resultado de toda una vida dedicada a la música.

Así que sí, Paulina Rubio cierra esta lista, no por un escándalo épico, sino por ese tipo de fricciones silenciosas que, aunque no llenen titulares, dejan claro que no todos en este negocio juegan limpio. Y si algo tengo claro es que prefiero mil veces una crítica directa que una sonrisa falsa frente a las cámaras. Ahora te toca a ti opinar.

¿Crees que Arjona tiene razón en lo que dijo sobre estos artistas o piensas que algunas de sus posturas fueron demasiado duras?