tratar de alejarnos. Ahí me vea, Guillermo Acosta de Musar. De Musar. Ajá. Me lleva Musar y empiezo a grabar. Alberto Vázquez es uno de los pilares más emblemáticos del rock and roll mexicano. Dueño de una voz inconfundible y de éxitos que marcaron generaciones como maracas, el pecador y quizás simplemente regale una rosa.
Su legado musical se extiende por más de cinco décadas y casi un centenar de producciones discográficas. A sus 86 años continúa siendo celebrado no solo por su talento artístico, sino también por su fuerte presencia en la televisión y el cine, donde dejó huellas imborrables. Sin embargo, detrás del brillo del escenario, su vida personal ha sido tema constante de titulares.Desde muy joven, Alberto conoció los extremos de la fama, el lujo, el amor y la polémica. Sus múltiples romances y matrimonios lo colocaron más de una vez en el centro del escándalo e incluso lo llevaron a enfrentar situaciones legales. Con los años, nuevas historias y presuntos hijos no reconocidos han mantenido viva la controversia en torno a su nombre.
Nacido el 20 de abril de 1940 en Guaimas, Sonora, Alberto Vázquez Gurrola mostró inclinaciones artísticas desde la infancia. A los 6 años, su familia se trasladó a la ciudad de México, donde su destino comenzó a tomar forma. Estudió pintura en la Academia de San Carlos y en la Esmeralda, aunque pronto descubrió que su verdadera pasión era la música.
Su primera gran oportunidad llegó gracias a su padre, quien administraba el cine a Alameda y le permitió presentarse en público por primera vez, encendiendo así la chispa que definiría su vida. Con apenas 17 años, Alberto ya se presentaba en los clubes más reconocidos de la capital, como el Cadilac Cabaré y el Afro Club.
A pesar de recibir una tentadora oferta para firmar un contrato de 7 años en Las Vegas, prefirió quedarse en México y construir su carrera a su manera. En 1960, a los 20 años, lanzó su primer LP con discos Musar y 2 años más tarde dio el salto al cine con la película A ritmo de Twist.
Fue el inicio de una trayectoria legendaria marcada por el talento, la rebeldía y el magnetismo de un verdadero icono. La versatilidad artística de Alberto Vázquez es, sin duda, uno de los rasgos que más lo distinguen. En más de seis décadas de trayectoria ha sabido reinventarse y triunfar en una amplia gama de géneros, desde el rock and roll en español hasta las baladas románticas, los boleros y las rancheras.
Ella es su amor, todo pan nunca creí. Su capacidad para adaptarse a los cambios musicales y conectar con distintas generaciones le ha otorgado un lugar privilegiado dentro de la historia de la música mexicana. Su repertorio es vasto y memorable. Clásicos como El Secreto, Rosalía, Maracas, Yumean, Every Syntome y 16 tons forman parte de una discografía que supera los 100 álbumes grabados.
Además, su incursión en el cine no fue menor. Participó en 36 películas, consolidando su figura no solo como cantante, sino como un artista integral que dejó huella también en la pantalla grande. La carrera de Vázquez es un testimonio vivo de talento, perseverancia y una extraordinaria capacidad de transformación.
Pero más allá del éxito profesional, su vida personal ha sido igual de intensa y comentada. Desde muy joven, Alberto protagonizó historias que parecían salidas de una telenovela. A los 16 años se casó con Marcela, una mujer de 30, ocultándole su verdadera edad y haciéndole creer que tenía 22. Cuando su padre descubrió el engaño, intervino de inmediato para anular el matrimonio, pues su hijo seguía siendo menor de edad.
Este episodio cargado de drama y audacia juvenil fue el primero de muchos capítulos turbulentos que marcarían su vida amorosa. Aquel matrimonio fugaz dejó huella y dio inicio a una larga cadena de romances, escándalos y pasiones que acompañarían al cantante durante toda su carrera.
A pesar de las lecciones que la vida ya le había ofrecido, Alberto Vázquez parecía decidido a seguir aprendiendo por las malas. Tras el turbulento desenlace de su primer matrimonio, inició una nueva etapa sentimental junto a Ena Larsen, una joven danesa que cautivó su atención. Esta vez, al menos esperó a tener 21 años antes de dar el sí.

Ena, consciente de los errores del pasado, quiso hacer las cosas con prudencia para evitar los escándalos que habían rodeado la unión anterior. Pero el destino tenía otros planes. El matrimonio apenas duró dos meses. El motivo de la separación fue un nuevo amor que entró de forma intempestiva en la vida del cantante Isela Vega, una de las actrices mexicanas más deseadas de su época, símbolo de sensualidad y figura provocadora del cine nacional.
En aquellos años, Alberto ya comenzaba a brillar con temas como Acompáñame, creo estar soñando y marea baja, mientras su relación con Isela se convertía en un torbellino de pasión, fama y descontrol. Con el tiempo, el propio Alberto reconocería su parte de culpa. Empecé a salir con Isela. Nos juntamos. Pero ella era muy libre y yo muy imprudente.
Estaba débil, confesó en una entrevista años después. La historia entre ambos terminó de manera tan intensa como comenzó, envuelta en celos y malentendidos. Todo se desencadenó cuando Isela lo vio tomando café con otra mujer. Herida decidió alejarse sin una explicación y sin mencionar que estaba embarazada. El desenlace fue doloroso.
Alberto no supo del nacimiento de su hijo Arturo hasta 3 años después, cuando un amigo en común le habló del pequeño. La madrina se enojó porque me vio con otra chica y se fue. Estaba embarazada y yo no sabía dónde nació Arturo. Recordaría el cantante con pesar. Durante ese tiempo, el niño fue criado por sus tíos, ya que la vida profesional de Isela, llena de rodajes y viajes, le impedía dedicarse por completo a la maternidad.
Alberto Vázquez confesó años después que En Larsen lo había marcado profundamente. A pesar de la brevedad de su matrimonio, aquella historia le dejó una huella emocional que nunca olvidó. Sin embargo, como su primera unión, terminó envuelta en decepción. Ni las lecciones del pasado ni las heridas acumuladas lograron cerrar su corazón al amor.
Alberto seguía creyendo en los sentimientos, incluso cuando la vida le devolvía drama tras drama. Ena, sin duda quedó como un capítulo melancólico en su biografía, un amor que comenzó con ilusión y terminó con el sabor amargo de lo efímero. Pero el destino parecía empeñado en mantener viva la turbulencia sentimental del cantante.
En los años 70, cuando ambos brillaban en lo más alto de sus carreras, Alberto Vázquez y Angélica María vivieron un romance secreto. Se conocieron en una academia de baile entre ensayos, risas y complicidad. Ella perfeccionaba sus pasos. Él, su voz. Aunque la conexión fue inmediata, la relación terminó sin explicaciones públicas, guardada bajo el velo de la discreción.
Tiempo después, Alberto creyó haber encontrado por fin la estabilidad junto a María del Rosario Hoyos, con quien formó una familia y tuvo tres hijas, las dos primeras gemelas. Pero la felicidad duró poco. En Alarsen, su antigua esposa, estalló de furia al enterarse y lo demandó, lo que llevó a Vázquez a pasar un periodo en la cárcel.
Su vida una vez más parecía escrita como un guion de telenovela. En medio de esa tormenta personal, el cantante recibió una noticia que lo dejó sin aliento. Un amigo lo felicitó inesperadamente afuera de su casa. ¿Por qué? Preguntó sorprendido. Porque tienes un hijo le respondió el hombre. Alberto se quedó helado.
No sabía que Isela Vega había tenido a su hijo Arturo. Cuando Alberto Vázquez por fin pudo reencontrarse con su hijo Arturo, las emociones reprimidas durante años explotaron de golpe. Lo que debía ser un momento de ternura se transformó en una escena tensa y caótica. Hubo un alboroto en el coche. No pude contener mi ira.
Recordaría después. La situación se salió de control y los gritos dieron paso a un altercado físico. Y la Vega, aferrada a la idea de recuperar algo del pasado, se negó a dejar que Alberto se llevara a su hijo. “Estaba tan molesta que me gritó de todo”, confesó el cantante con pesar.
A pesar de sus intentos por ser un padre presente, los obstáculos eran constantes y Cela mantenía las puertas cerradas, dificultando cualquier acercamiento entre padre e hijo. Intenté involucrarme en la vida de Arturo, pero fue muy difícil. Esos momentos que compartimos fueron demasiado pocos admitió. Así la relación entre ambos quedó marcada por la distancia y las circunstancias, dejando una herida que el tiempo nunca logró cerrar del todo.
Pero la tormenta emocional no terminó ahí. Justo cuando su vida parecía estabilizarse junto a María del Rosario Hoyos, con quien había tenido gemelas, un nuevo escándalo sacudió su existencia. Alberto había mostrado con orgullo una fotografía de sus hijas en el periódico, sin imaginar que ese gesto inocente le costaría caro.
De repente, la policía apareció y me esposó. Fue como una traición. Alguien me estaba vigilando, esperando el momento para atacarme, relató. 9 años después de su separación de Enarsen, el pasado regresaba para cobrar factura. La mujer danesa, que alguna vez había sido su esposa, reabrió viejas heridas y lo arrastró nuevamente a los tribunales en busca de compensaciones económicas.
Alberto, convencido de que el caso había prescrito, se encontró atrapado en una nueva batalla legal y emocional. Ena, implacable, logró obtener sumas considerables del artista, demostrando que por más que él intentara cerrar capítulos, su vida seguía siendo un torbellino donde el amor, los errores y las consecuencias nunca dejaban de entrelazarse.
Año tras año, las demandas contra Alberto Vázquez parecían no tener fin. Lo citaron ante los tribunales una y otra vez, enfrentando la posibilidad de ir a prisión hasta en siete ocasiones distintas. Aquello se convirtió en un ciclo agotador, casi rutinario, que drenaba su energía y su fortuna.
En medio de ese torbellino legal y emocional, el destino le regaló un respiro inesperado, un encuentro con un joven Juan Gabriel, que por entonces apenas comenzaba a abrirse camino en la música. Entre charlas, guitarras y risas compartieron ideas, melodías y hasta grabaron algunas canciones juntos mucho antes de que el divo de Juárez se convirtiera en leyenda.
Aquellos momentos fueron una pequeña luz en una etapa marcada por la incertidumbre, pero la calma fue breve. Su abogado, quien debía protegerlo, terminó siendo una carga más. En lugar de ser su aliado, lo hundió aún más con su codicia y malas decisiones. Las facturas crecían, los honorarios aumentaban y Alberto se vio obligado a vender una de sus casas en campestre churubusco para poder hacer frente a las deudas.
El punto más oscuro llegó cuando su propio representante le sugirió algo impensable, negar la existencia de sus hijas para escapar de las obligaciones financieras. Aquella idea, moralmente inaceptable marcó un límite que Alberto jamás cruzaría. A pesar de los golpes, el cantante nunca se rindió. Tras años de juicios y desgaste emocional, logró finalmente divorciarse de En Larsen, poniendo fin a una etapa llena de dolor y conflictos.
Fue una victoria moral que le permitió respirar de nuevo y enfocarse en reconstruir su vida. Sin embargo, la historia de amor de Alberto Vázquez con Mónica Hoyos tuvo un desenlace profundamente doloroso. En 2003, Mónica perdió la vida tras una dura batalla contra el cáncer, dejando al cantante devastado.
Para Alberto, no solo se trataba de la pérdida de su esposa, sino también de su compañera más leal y su confidente. Aquella tragedia lo marcó profundamente, pero su espíritu resiliente lo llevó a mantenerse firme. Creía que incluso después del dolor, la vida todavía podía ofrecerle nuevas razones para sonreír.
Dos años más tarde, en 2005, el destino volvió a sorprenderlo. Conoció a Elizabeth Ronet, una mujer española 43 años menor que él, cuyo carisma y energía juvenil encendieron nuevamente su corazón. A pesar de las diferencias culturales y generacionales, entre ambos surgió una conexión genuina.
Elizabeth aportó frescura, alegría y una nueva perspectiva a la vida de un hombre que había vivido tanto entre la fama y la soledad. Su relación floreció discretamente durante casi dos décadas hasta que el 20 de abril de 2022 Alberto y Elizabeth decidieron sellar su amor con una ceremonia íntima en la capilla de Jesús de la Misericordia en Talne Pantla de Bas, Estado de México.
Después de 18 años juntos, el cantante compartió su felicidad con sus seguidores a través de una publicación cargada de emoción. El 20 de abril de 2022 tuvimos el día más feliz después de 18 años juntos. Comparto esto desde nuestra capilla de Jesús de la misericordia. Aún así, la alegría de Alberto se vio empañada por la reacción de algunos medios que redujeron su historia de amor a un simple titular sobre la diferencia de edad.
Molesto por el enfoque sensacionalista, Vázquez no dudó en alzar la voz. “Aquí está la prueba de lo que digo”, declaró. Hemos vivido juntos durante 18 años y eso debería tener más valor que cualquier número. Pero parece que los medios prefieren el morbo a la verdad. Parece que para muchos periodistas lo único que importa es que soy 43 años mayor que mi esposa.
Es como si se hubieran quedado sin imaginación, expresó Alberto Vázquez con evidente molestia. Repiten lo mismo una y otra vez, como si no hubiera nada más interesante que contar. Pensé que el periodismo trataba de informar y narrar historias reales, no de reciclar los mismos titulares. El artista lamentó el rumbo actual de los medios, asegurando que el periodismo ha cambiado para peor.
Sin embargo, lo toma con filosofía. No soy el primero ni seré el último en tener una relación con diferencia de edad. Hay muchas parejas como nosotros, pero parece que somos los únicos que llaman la atención. La historia de Alberto Vázquez y Elizabeth Ronete es en realidad una de amor, perseverancia y compañía.
Su relación comenzó en 2005, apenas dos años después del fallecimiento de su esposa anterior, María del Rosario Hoyos. 4 años más tarde, en 2009, dieron la bienvenida a su hijo Juan Alberto Vázquez, consolidando una familia unida que ha resistido el paso del tiempo y la mirada crítica del público. Para Alberto, la diferencia de edad nunca ha sido un obstáculo, sino un detalle sin importancia frente a la conexión emocional que los une.
En una publicación reciente en Instagram, el cantante decidió responder con elegancia al juicio mediático. Compartió un colaz con celebridades como Richard Jere, Alpacino y Charlie Chaplin. Todos hombres mayores que también encontraron el amor con mujeres más jóvenes. Me molesta la hipocresía, escribió.
La gente aplaude cuando un hombre mayor está con una mujer joven. Pero si es al revés, si una mujer mayor elige a un hombre más joven, entonces la sociedad la condena. El amor no se mide en años, sino en complicidad. El amor no entiende de edades, solía decir Alberto Vázquez. Cuando llega y te toca el corazón, ese es el momento perfecto, sin importar los años que tengas.
Esa frase resume la esencia de un hombre que vivió intensamente atravesando cuatro matrimonios, incontables desafíos y un profundo crecimiento personal. Su vida ha sido una montaña rusa de emociones, caídas y renacimientos, pero siempre con el mismo hilo conductor, su fe en el amor y en la música.
Sin embargo, el tiempo no pasa en vano y recientemente Alberto Vázquez anunció su retiro definitivo de los escenarios a los 83 años debido a problemas de salud. Según su hijo Arturo Vázquez, los médicos, especialmente su cardiólogo, le recomendaron evitar presentaciones en vivo por el riesgo que implican para su corazón.
Aunque conserva la voz potente y la energía que lo hicieron leyenda, los esfuerzos físicos que exige un concierto podrían poner en peligro su bienestar. Mi papá está en excelente forma para grabar”, explicó Arturo en el programa Ventaneando. “Pero los conciertos son otra cosa. Subir escaleras, moverse de un lado a otro del escenario, mantener el ritmo.
Eso exige un desgaste físico que a su edad puede ser peligroso. El intérprete de Maracas, el pecador y olvidalo, ofreció su último concierto en 2022, cerrando una etapa dorada de su carrera. Sin embargo, lejos de retirarse por completo, Alberto ha decidido reimaginar su vínculo con la música. Ahora dedica su tiempo a grabar desde el estudio, trabajando en nuevos arreglos de sus temas favoritos junto a su familia.
Su hijo Arturo reveló que este nuevo capítulo está lleno de ilusión. Aunque ya no se suba al escenario, sigue cantando todos los días. Quiere dejar un legado, compartir la música con sus nietos, con todos nosotros. Uno de los proyectos más conmovedores de esta nueva etapa es la canción Sonreír, una versión en español del clásico smile de Nat King Cole que Alberto grabó junto a su familia, simbolizando el amor, la unión y la música que siempre lo acompañaron.
En esta nueva etapa de su vida, Alberto Vázquez está reviviendo las canciones que marcaron su historia y lo más especial lo hace junto a su familia. Está incluyendo a mi hija, a mi primo, a mi sobrina y a mi hermano Juan Alberto”, contó su hijo Arturo Vázquez. La idea de reunirnos todos para grabar ha sido maravillosa.
Es como regresar a nuestras raíces, pero con una energía completamente distinta. Durante años se ha especulado sobre una supuesta distancia entre padre e hijo, pero Arturo quiso dejar las cosas claras. La gente suele asumir que tenemos problemas solo porque a veces no respondía un mensaje o mencionaba algo en una entrevista, pero eso se exageraba.
Como cualquier padre e hijo, hemos tenido diferencias, pero siempre ha habido cariño, respeto y admiración. Yo también soy padre y entiendo que no todo se comparte públicamente. Hoy, asegura Arturo, su padre se encuentra en una etapa tranquila y feliz, disfrutando de la compañía de su esposa, 43 años menor, y de la familia que han construido.
Sobre las críticas hacia esa relación, Arturo fue tajante. Lo único que importa es que él sea feliz. Si está bien, si tiene paz y una familia maravillosa, eso es lo que realmente cuenta. La gente puede opinar lo que quiera, pero la vida es una sola. Si tienes la oportunidad de ser feliz, debes aprovecharla.
Lejos del bullicio de los escenarios, Alberto ha decidido enfocarse en su salud y en su papel como productor musical dentro de la familia, dejando atrás las presiones de las giras y los conciertos multitudinarios. Su legado artístico continúa creciendo a través de las nuevas grabaciones que prepara y de las melodías que han acompañado a varias generaciones.
Hoy, mientras transita hacia una vida más privada, el brillo de Alberto Vázquez no se apaga, solo cambia de escenario. Su prioridad es clara la salud, la felicidad y la transmisión de su arte a las futuras generaciones.
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