En cierta ocasión escuché a Andrés García afirmar que había tenido relaciones con casi 2000 mujeres y yo me encuentro en cifras similares, aunque sin andar presumiéndolo como él. Eso lo dijo un hombre que no era agraciado físicamente, que no era de estatura alta, que no tenía complexión atlética, que no poseía fortuna, que carecía por completo de todo aquello que supuestamente se requiere para seducir mujeres.
Y aún así le arrebató las novias al hombre más deseado de México. Maribel Guardia, considerada la mujer más bella que había aparecido en el país en generaciones, lo escogió a él, no a Andrés García, no a ninguno de los galanes de telenovela que la cortejaban, sino a él, al comediante poco agraciado de las películas de ficheras.
Pero ese mismo hombre que conquistaba a las mujeres más hermosas del país murió sin poder superar una tragedia. Un accidente de helicóptero que le quitó la vida a su hijo mayor. Una herida que jamás logró cerrarse. Un sufrimiento que cargó en silencio durante 16 años mientras continuaba arrancando carcajadas a todo México.
Su nombre era Alfonso Zayas. y lo que estás a punto de descubrir transforma por completo lo que creías saber de él. Esta es la investigación que nadie se animó a realizar. La historia que quedó sepultada entre chistes y películas de ficheras. La verdad que su propia familia mantuvo guardada durante décadas. Hoy conocerás cuatro cosas que casi nadie se atreve a revelar.
La primera, la grabación de una entrevista en la que confiesa, con la voz entrecortada y los ojos anegados en lágrimas, como su hijo murió al estrellarse contra un muro de piedra en San Luis Potosí. Una grabación que casi nadie ha visto en su totalidad y que te romperá el alma. La segunda, el documento que acredita que perteneció a la dinastía más poderosa del entretenimiento mexicano.
Una familia que incluye a Yaimito el cartero, a la voz de Shrek en español y al villano más temido del cine de oro. Un vínculo que explica todo lo que vino después. La tercera, la confesión de Maribel Guardia, en la que admite con exactitud por qué lo eligió a él por encima de Andrés García y la razón te sorprenderá mucho más de lo que imaginas.
Si te gusta este contenido, suscríbete para no perderte ninguna historia oculta. Y la cuarta, las palabras que su hija reveló tras su fallecimiento, su deseo final, lo que pidió antes de cerrar los ojos para siempre. ¿Y por qué ese deseo dice Pechi Kik más de él que todas sus películas juntas? Te avisaré cuando lleguemos a cada una de estas revelaciones.
Si te retiras antes del final, perderás la parte que su propia familia tardó 4 años en contar. Pero antes de todo eso, necesitas comprender algo esencial. Este hombre no nació en un hospital, no nació en una clínica, no llegó al mundo rodeado de médicos y enfermeras como tú y como yo. Nació en una carpa de circo.
No es una metáfora ni una exageración dramática. Nació literalmente entre bastidores y vestuarios, entre maquillaje gastado y trajes de lentejuelas. Mientras su madre estaba de gira con una compañía de teatro itinerante que recorría pueblos buscando cómo subsistir. Era el 30 de junio de 1941 en Tulancingo, Hidalgo.
Sus padres, Alfonso Zallas Cetina y Dolores Inclán vivían del espectáculo desde que tenían memoria. Iban de feria en feria, de plaza en plaza, levantando funciones donde pudieran, donde alguien quisiera verlos actuar, donde les pagaran algo, aunque fueran unas pocas monedas. Llegaron a Tulancingo en medio de una gira que no podía detenerse.
Y ahí, entre el aroma a palomitas y el bullicio de la gente, llegó al mundo el niño que transformaría la comedia mexicana para siempre. Y lo primero que Alfonso aprendió fue una lección brutal, una lección que lo marcaría de por vida, una lección que seguirá repitiéndose una y otra vez hasta el final de esta historia.
La familia se moría de hambre. Graba esa frase, tenla presente, porque cada vez que la escuches tendrá un significado distinto. Y cuando llegues al final entenderás por qué esas cinco palabras fueron la brújula de toda su existencia. ¿Por qué determinaron cada decisión que tomó? ¿Por qué lo persiguieron hasta la tumba? Sus primeros 4 años los vivió de pueblo en pueblo, presenciando cada noche las actuaciones de sus padres.
No conocía la escuela como los demás niños. No conocía compañeros de su edad con quienes jugar. No conocía casas de paredes firmes y techos que no se movieran con el viento. No conocía la estabilidad que otros niños daban por sentada. dormía en camerinos improvisados, a veces en el suelo sobre cobijas viejas que olían a sudor y polvo acumulado durante décadas, a veces en sillas plegables que le dejaban marcas en la espalda, a veces en el mismo escenario donde sus padres habían actuado horas antes, impregnado del aroma del maquillaje y el
eco de los aplausos que ya se habían disuelto en el aire. aire. Comía lo que hubiera, un taco aquí, un pan endurecido allá, lo que el público dejara de propina al terminar la función, lo que se pudiera comprar con las pocas monedas que sobraban después de pagar el transporte al siguiente pueblo. Hubo noches en que no había absolutamente nada.
Hubo noches en que sus padres le decían que ya había cenado cuando en realidad no había probado bocado. Hubo noches en que el hambre era tan intensa que le impedía conciliar el sueño. Y entonces sus padres tomaron una decisión que lo marcaría para siempre. Una decisión que él jamás olvidó. Una decisión que décadas más tarde seguiría doliendo igual que el primer día.
No podían continuar llevándolo de gira. El niño necesitaba estabilidad, necesitaba educación, necesitaba un hogar que no cambiara de ubicación cada semana. Lo enviaron a vivir con su abuela en la ciudad de México, en la colonia Santa María la Rivera, un barrio obrero donde las vecinas se conocían por su nombre.
Sus padres siguieron con la gira. La familia se moría de hambre, pero el espectáculo tenía que continuar. Él se quedó solo a los 4 años. Quizás tú también conoces esa sensación. Ser dejado atrás por las personas que más quieres, ver cómo la vida avanza para ellos mientras tú permaneces en un lugar que no elegiste.
Preguntarte en las noches, cuando todo está oscuro y en silencio, si te dejaron porque no te querían o porque no tenían más opciones. Preguntarte si algún día regresarán por ti. Preguntarte si ya te olvidaron. Alfonso creció con esa herida, una herida invisible que nadie podía ver, pero que él sentía cada día.
Una herida que nunca sanó por completo, que se abría cada vez que veía a otros niños junto a sus padres, cada vez que alguien le preguntaba por su familia y la cargó en silencio durante décadas. Pero aquí llega lo primero que nadie te cuenta sobre Alfonso Zallas. Ese niño abandonado, ese niño que creció sin sus padres, ese niño que padeció hambre y soledad.
juró con toda la fuerza de su corazón infantil que nunca jamás sería actor. Había visto demasiado, había sufrido demasiado, había pasado demasiada hambre por culpa de ese oficio maldito que había destruido a su familia. Yo no quería ser actor, confesó años después en una entrevista. Yo ya había visto a toda mi familia que se moría de hambre.
Era muy difícil vivir de la carpa. Años después, ya siendo adolescente, se mudó a la colonia Portales. Ahí transcurrió su juventud. Ahí terminó de formarse como persona. Ahí tomó una decisión que parecía definitiva. Buscó un empleo estable, uno que pagara las cuentas sin importar si el público aplaudía o no.
Un trabajo que le brindara seguridad. consiguió trabajo en Televicentro, lo que hoy conocemos como Televisa, pero no como actor, sino como técnico. Era Flor Manager, el tipo invisible que corre detrás de cámaras con un audífono en la oreja, asegurándose de que todo funcione para que otros brillen. Yo empecé como floor manager cuando empezaba la televisión, contó.
Yo no quería ser actor porque toda mi familia se moría de hambre. Pasaba 12 horas al día viendo a otros brillar, escuchando aplausos destinados a otros, cobrando su sueldo fijo cada quincena, satisfecho de no ser artista, satisfecho de no morirse de hambre como sus padres. Y entonces el destino le jugó la broma más cruel de su vida.
Un hombre lo observó trabajando. No prestaba atención a cómo manejaba los cables ni a cómo daba indicaciones. Estaba viendo algo más profundo, una chispa en sus ojos, un carisma natural que no podía fingirse. Ese hombre era Roberto Gómez Bolaños. Chespirito, el creador del Chavo del Ocho, la figura más influyente de la comedia latinoamericana, le ofreció actuar en uno de sus programas y Alfonso dijo que no.
Chespirito insistió. Le explicó que era un papel pequeño, que no requería experiencia. Alfonso volvió a negarse. Mi familia se moría de hambre siendo actores. Yo no voy a cometer el mismo error. Esto sucedió en varias ocasiones. El hombre más importante de la comedia mexicana suplicándole a un técnico que actuara y el técnico terco como mula, rechazándolo una y otra vez.
Pero Chespirito no abandonaba fácilmente. Había construido su imperio a base de persistencia. Y finalmente, tras mucha insistencia, Alfonso cedió. Fue un papel pequeño, casi imperceptible, unas pocas líneas que cualquiera podría decir. Y ocurrió algo que nadie esperaba. La gente se reía, no de él, sino con él.
Tenía un don natural para la comedia que él mismo desconocía, una forma de moverse que hacía que la audiencia conectara de manera instantánea. Y aquí está la ironía. Lo que juró, nunca ser terminó salvándolo. Y no solo a él, pero eso vendrá después. Guarda este momento porque entenderás por qué el destino tiene un sentido del humor tan cruel.
Pero antes de contarte cómo se convirtió en estrella, necesitas saber algo sobre su familia, algo que casi nadie conoce, algo que explica por qué, a pesar de todo, estaba destinado a brillar. ¿Recuerdas el documento que te prometí? El que prueba que pertenecía a una dinastía del entretenimiento. Aquí llega Alfonso Zallas.
No era simplemente hijo de carperos pobres. Era parte de una de las familias más influyentes del espectáculo mexicano. Una dinastía que abarcaba tres generaciones de actores y comediantes. Su tío abuelo era Miguel Inclán. ¿No te suena el nombre? Piensa en nosotros los pobres. La película que hizo llorar a todo México. Piensa en el villano, en el marihuano, en el malo que tu abuela odiaba.
Ese era Miguel Inclán. Ese era el tío abuelo de Alfonso Zallas. Su tío era Raúl Chato Padilla. Tampoco te suena, ¿verdad? Piensa en el chavo del ocho, en el cartero que se caía de la bicicleta. En qué bruto, póngale cero. Ese era Jaimito el cartero. Ese era el tío de Alfonso Zallas. Sus primos eran Rafael Inclán, quien después se convertiría en leyenda del cine de ficheras junto a él, Raúl Padilla Chóforo, otro reconocido comediante, y Alfonso Obregón.
Alfonso Obregón. Claro que lo conoces, solo que no sabías que era primo de Alfonso Zallas. Alfonso Obregón es la voz de Shrek en español. Cada vez que escuchas a Logro Verde hablar, cada vez que dice burro o fuera de mi pantano, ¿estás escuchando al primo de Alfonso Zallas? También es la voz de Books Bonnie en Space Cham, el villano del cine de oro, Jaimito el cartero, la voz de Shrek, todos de la misma familia, todos del clan Zayas.
Piensa en eso un momento. El niño que juró nunca ser actor llevaba la actuación en la sangre. Tres generaciones de su familia habían dedicado su vida al espectáculo. Guarda este dato de la dinastía porque explica algo que vendrá más adelante. Un día, el actor Mauricio Garcés le hizo un favor que cambiaría el rumbo de su vida.
Lo recomendó para una obra de teatro llamada Irma la Dulce. Era 1961. La obra estaba protagonizada por Silvia Pinal Mealia y Julio Alemán en el teatro de los insurgentes. Alfonso consiguió un papel pequeño, pero estaba ahí, respirando el mismo aire que las estrellas, y descubrió algo que lo sorprendió. Amaba el teatro más que el cine o la televisión.
El teatro siempre fue lo más importante para mí. confesaría décadas después. En 1969 llegó la criada bien criada, un programa que durante 14 años se coló cada semana en los hogares mexicanos. Pero en 1978 todo cambió de una manera que nadie pudo anticipar. Un director llamado Gilberto Martínez Solares lo vio en una película olvidable.
Era el mismo hombre que había descubierto a Tintán décadas atrás, alguien con un ojo excepcional para el talento. Y lo que vio en Alfonso lo convenció de algo revolucionario. Ese hombre sin atractivo convencional, bajito, sin músculos, sin ninguno de los atributos que se esperan de un protagonista de cine, era perfecto precisamente por eso.
Atención, porque aquí llega la primera de las cuatro cosas que casi nadie se atreve a contar sobre Alfonso Zallas. El nacimiento del cine de ficheras no fue un accidente cultural ni un capricho de productores vulgares. Fue una estrategia desesperada para salvar una industria al borde del colapso. A finales de los 70, el cine mexicano agonizaba.
Las producciones de Hollywood dominaban las taquillas con efectos especiales imposibles de igualar. Star Wars había cambiado las reglas del juego. Los estudios mexicanos no podían competir y quebraban uno tras otro. Las salas proyectaban películas extranjeras porque las nacionales no vendían boletos. Miles de familias que dependían de la industria lo perdían todo.
Camarógrafos con décadas de oficio quedaban en la calle. Técnicos sin empleo, maquillistas sin trabajo, actores sin papeles. La familia se moría de hambre. Pero esta vez no era solo la familia de Alfonso, era toda la industria cinematográfica mexicana. Y entonces surgió una idea descabellada. desesperada, casi suicida.
Producir películas baratas, muy baratas, filmadas en una semana para reducir costos con humor que el pueblo entendiera. No comedias intelectuales, con mujeres hermosas y con un protagonista que no fuera un galán inalcanzable. Necesitaban tuá, alguien como el público, alguien ordinario, alguien que pudiera ser tu vecino, tu compadre, el tipo que vende tacos en la esquina.
Necesitaban a Alfonso Zallas. La primera película importante fue Noches de Cabaret en 1978. Alfonso compartía pantalla con Jorge Rivero, el galán oficial, con Carmen Salinas y también con Rafael Inclán, su primo. El día del estreno las críticas fueron devastadoras. Los periódicos la tildaron de vulgar, ordinaria, una vergüenza para el cine nacional.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba. La gente llenó los cines. No estamos hablando de salas semivacías. 4000, 5000 personas por función. Filas que daban la vuelta a la manzana. Alfonso Zas, el técnico que no quería ser actor, se convirtió de la noche a la mañana en el actor más taquillero de México. Más que Silvester Stalón, más que cualquier película de Hollywood.
En 1978 trabajaba detrás de cámaras. En 1980 era la figura más convocante del cine nacional. Dos años de la sombra a la cima absoluta. Las críticas seguían despedazándolo. Los periódicos seguían llamándolo vulgar. Alfonso tenía una respuesta. Se hizo para divertir al pueblo, no a los críticos. Y el pueblo lo adoraba.
Y aquí viene lo que nadie comprende, lo que hace que esta historia sea tan irónica que parece inventada. Lo que Alfonso juró, nunca ser terminó salvando a miles de familias. El cine de ficheras le dio trabajo a todos los que Hollywood había dejado en la calle. Camarógrafos que no tenían para comer volvieron a trabajar.
Técnicos olvidados encontraron empleo. Actores secundarios tuvieron una segunda oportunidad. Maquillistas, iluminadores, sonidistas. Todos volvieron a cobrar un sueldo. La familia se moría de hambre. Le habían enseñado de niño y él, sin buscarlo ni planearlo, se convirtió en el hombre que les dio de comer a todos.
Pero eso no es todo. Hay algo más que nadie cuenta sobre el éxito de Alfonso. El sistema de producción era una locura. Filmaban una película completa en cinco o se días, a veces menos. Los actores llegaban al set a las 6 de la mañana y no se marchaban hasta la medianoche. Aprendían sus líneas en el camión de camino a la locación.
Alfonso era una máquina. Podía memorizar un guion entero en una sola noche, improvisar escenas completas cuando algo no funcionaba, hacer llorar de risa al equipo técnico mientras filmaban y lo hacía película tras película, sin descanso, sin vacaciones, sin quejarse. “Había que trabajar”, decía. La familia se moría de hambre.
Durante la siguiente década filmó más de 100 películas. La pulquería, El día Día de los albañiles, Los Verduleros, El Ratero de la Vecindad, Tres Cheros muy picudos, El Rey de las ficheras, macho que ladra no muerde. El garañón, Las cariñosas, albures mexicanos. Los títulos eran absurdos, las tramas predecibles, los críticos las detestaban y la gente hacía fila para verlas.
Hubo semanas en que tenía dos películas distintas en cartelera al mismo tiempo, compitiendo entre sí, y ambas llenaban los cines. Los productores hacían cola para contratarlo y le ofrecían lo que fuera, con tal de tenerlo en sus proyectos. Porque donde estaba Alfonso Zallas estaba el éxito garantizado. ¿Por qué funcionaban estas películas? Porque Alfonso Zayas representaba algo que el público mexicano reconocía en lo más profundo de sí mismo.
Era el hombre común que, a pesar de no tener nada extraordinario, conquistaba a las mujeres más hermosas. Era el albañil sudoroso que se quedaba con la vedet. Era el verdulero del mercado que enamoraba a la actriz. Era la fantasía del barrio hecha realidad. En México todos se sienten galanes”, explicó Alfonso en alguna ocasión.
Todos se sienten graciosos, todos se sienten capaces de conquistar a cualquier mujer. Era el antigalán que todos querían ser, el tipo sin atractivo que ganaba, el perdedor que se llevaba el premio mayor. Pero aquí llega la parte que nadie te cuenta, la parte que demuestra que sus películas no eran solo fantasía, que el antigalán de la pantalla era un conquistador de verdad.
¿Recuerdas la confesión de Maribel Guardia que te prometí? La razón por la que lo eligió sobre Andrés García. Ya casi llegamos a esa revelación, pero primero necesitas entender el contexto completo. Prepárate porque lo que viene cambia todo lo que creías saber sobre este hombre. Aquí llegan dos revelaciones juntas.
El momento más impactante de toda esta historia. Maribel Guardia llegó a México en 1978. Tenía 19 años. Acababa de ganar un certamen de belleza en Costa Rica que la coronó como la mujer más hermosa de Centroamérica. Era, según todos los que la conocieron en persona, la figura femenina más deslumbrante que había pisado el país en décadas.
Todos los hombres del medio querían conquistarla. Andrés García, el galán más codiciado de las telenovelas. El hombre de cuerpo perfecto y rostro de revista intentó invitarla a salir. Los actores de cine hacían fila para hablar con ella en los eventos. Los productores le ofrecían papeles protagónicos solo para tenerla cerca.
Pero ella eligió a Alfonso Zallas, el hombre que no era guapo, que no era alto, que no tenía músculos ni mandíbula cuadrada. El hombre que hacía películas que los críticos despreciaban. ¿Cómo era posible? ¿Qué tenía ese hombre que los galanes de telenovela no tenían? Tenía yo 19 años cuando lo conocí”, confesó Maribel años después en una entrevista con Gustavo Adolfo Infante.
La verdad es que fue solo un ratito, pero se portó siempre como un caballero. Nunca me faltó al respeto. Cuando le preguntaron por qué lo eligió a él sobre Andrés García, sobre todos los galanes que la rondaban, su respuesta fue sencilla y contundente. No era el más guapo, pero su sentido del humor resultaba muy atractivo.
La hacía reír como nadie más lo hacía. Piensa en eso un momento. La mujer más hermosa de México prefirió al comediante por encima del galán. Prefirió las risas sobre los músculos, prefirió la personalidad sobre la apariencia. Manuel el flaco Ibáñez lo confirmó en otra entrevista. El que la traía movida era Zayas.
Maribel estaba enloquecida por Zayas. No le hacía caso a nadie más. Los galanes se morían de la envidia. El romance terminó cuando Maribel conoció a Joan Sebastián, pero Alfonso, fiel a su estilo, nunca habló mal de ella, nunca reveló detalles íntimos, nunca la atacó en entrevistas. Un caballero no tiene memoria”, decía cuando le preguntaban, y eso era parte de su secreto.
Alfonso trataba a las mujeres con respeto, no las exhibía, no las humillaba, no presumía sus conquistas en público. Pero aquí viene algo que casi nadie sabe, algo que demuestra que el romance con Maribel no fue una excepción. Años después de que terminó con Alfonso, Maribel tuvo otro romance. ¿Con quién? Con Rafael Inclán, el primo de Alfonso, el otro protagonista del cine de ficheras.
Los primos del clan Zayas compartían más que la sangre y el escenario. Compartían también los gustos en mujeres y la lista de Alfonso no terminaba ni en Maribel ni cerca de ella. Lorena Herrera, la rubia de las telenovelas que después se convertiría en conductora. Sasha Montenegro, la actriz que llegó a ser primera dama de México al casarse con el expresidente José López Portillo.
Angélica Chain, una de las vedetes más célebres de los años 70. Lina Santos, otra leyenda del cine de ficheras. Grace Renat, Rebeca Silva y decenas más cuyos nombres nunca salieron a la luz. Se casó siete veces. Siete matrimonios oficiales, siete mujeres que en algún momento creyeron que serían la última.
Siete ceremonias, siete promesas de amor eterno. Tuvo nueve hijos de distintas relaciones, nueve vidas que dependían de él, nueve bocas que alimentar, nueve razones para continuar trabajando sin parar. Y entonces vino aquella declaración que dejó a México con la boca abierta. la que escuchaste al inicio de este video.
Una vez escuché a Andrés García decir que él había estado casi con 2000 mujeres y yo ando por ahí y no de hablador como él. No de hablador como él. El comediante poco agraciado, afirmando que había conquistado más mujeres que el galán más guapo de México. Y diciéndolo con la serenidad de quien sabe que dice la verdad.
Rafael Inclán lo confirmó. De los actores y galanes, Andrés García era guapísimo. Pero de los comediantes, Zayas, Zayas era otra cosa. El hombre que todo México veía como el feo, como el antigalán, era en realidad el conquistador más exitoso del cine mexicano. Pero el precio real no fue el dinero. El precio real fue otra cosa, algo que Alfonso nunca pudo pagar por completo, algo que lo persiguió hasta el último día de su vida.
Quizás tú también has tomado decisiones que todavía te rondan, cosas que hiciste pensando que eran buena idea, negocios que parecían infalibles, matrimonios que iban a durar para siempre y que terminaron destruyendo todo lo que habías construido con años de esfuerzo. Alfonso ganó millones de pesos en su época dorada.
El dinero entraba más rápido de lo que podía gastarlo. Compró casas en las mejores zonas de la Ciudad de México y Cuernavaca. Compró lujos que renovaba cada año. Vivía como rey, pero se divorció siete veces y cada divorcio le costó una fortuna. No hablamos de separaciones amistosas donde cada quien sigue su camino.
Hablamos de batallas legales que se prolongaban durante años. de abogados que cobraban miles de pesos por hora, de juicios interminables que vaciaban sus cuentas bancarias, pensiones alimenticias para nueve hijos que crecían y cada vez necesitaban más. Colegiaturas en escuelas privadas, médicos, ropa, todo puntualmente, mes a mes, durante años y años.
reparto de bienes con cada esposa, casas que debía vender para liquidar acuerdos, automóviles que perdía en los divorcios, ahorros que desaparecían en cuanto un juez los firmaba y entonces tomó la peor decisión de su vida, la que lo destruiría definitivamente. Abrió un centro nocturno de cinco estrellas en Cuernavaca.
La idea le parecía brillante. Cuernavaca era la ciudad de fin de semana de los adinerados capitalinos. Un lugar elegante con su nombre en la entrada le generaría ingresos pasivos el resto de su vida. Invirtió absolutamente todo lo que tenía. Hipotecó las propiedades que le quedaban. pidió préstamos a los bancos, solicitó dinero a amigos, puso hasta el último peso en ese proyecto.
Pero Alfonso era actor, no empresario. No sabía leer balances ni estados financieros, no sabía manejar empleados problemáticos. No sabía negociar con proveedores oportunistas. Le faltaba lo que se necesita para ser buen empresario”, escribió un periodista años después. Básicamente porque Alfonso era una persona demasiado buena.
Se dejaba robar por sus propios empleados. El gerente le robaba, los meseros le robaban, los proveedores le cobraban el doble y él pagaba sin revisar. No sabía decir que no cuando alguien le pedía un favor. Si un amigo necesitaba dinero, se lo daba. Si un empleado llegaba con una historia triste, le creía. El negocio quebró en menos de 2 años y con él se fue absolutamente todo.
1985, el actor más taquillero de México. Millonario, 1995. perseguido por el SAT, sin un centavo, arasara lo que pasara tenía que seguir adelante, tenía que sobrevivir, tenía que trabajar. tenía que hacer reír, aunque por dentro estuviera muriendo. Continuó filmando películas después de perder a su hijo.
Siguió haciendo teatro, siguió apareciendo en televisión con una sonrisa, pero por dentro cargaba un dolor que nunca sanó. Tal vez tú también sabes lo que es eso. Cargar con algo que nunca le has contado a nadie. Sonreír hacia afuera mientras por dentro desmoronas. Cumplir con tu trabajo mientras una parte de ti sigue muriendo cada día.
Alfonso lo hizo durante 16 años, desde 2005 hasta 2021, hasta que su cuerpo ya no pudo más. A finales de los 90, el cine de ficheras comenzó a agonizar. El público había cambiado. Las nuevas generaciones querían otra cosa. El BHS y después el DBD transformaron todo. Ya nadie acudía al cine a ver comedias mexicanas.
Las salas que antes se abarrotaban con 5000 personas, ahora proyectaban películas de Hollywood. Los productores que antes hacían fila para contratarlo dejaron de llamar, pero Alfonso se reinventó como siempre lo había hecho, como le habían enseñado que debía hacer. se refugió en los videohomes, películas que iban directo a video.
Seguía trabajando, seguía cobrando. No era lo mismo que llenar cines, pero era trabajo. Y entonces llegó una oportunidad inesperada que le dio una segunda vida profesional. Don Francisco, el presentador chileno más famoso de la televisión hispana, lo invitó a participar en Sábado Gigante. El programa se transmitía desde Miami y llegaba a millones de hogares en todo el continente americano, desde México hasta Argentina.
Durante 10 años, Alfonso viajó a Miami cada semana para hacer sketches de comedia. Cada semana cruzaba la frontera, se subía a un avión, llegaba a un estudio en Florida, hacía reír a millones de personas y regresaba a México. 10 años de ese ritmo agotador, a los 60 y tantos años, 10 años reinventándose cuando la mayoría de los actores de su generación ya se habían retirado.
10 años demostrando que el talento no tiene fecha de caducidad. 10 años probando que Alfonso Zayas continuaba siendo relevante. La familia se moría de hambre, le habían enseñado y él siempre encontraba la manera de salir adelante. No importaba qué obstáculo se pusiera en su camino. A pesar de los siete divorcios que le costaron fortunas, a pesar de la ruina económica que lo dejó sin nada, a pesar de la muerte de su hijo que le destrozó el alma, a pesar del cáncer de próstata que combatió en silencio, a pesar del cáncer de piel que
enfrentó sin quejarse, a pesar de la peritonitis que casi lo mató y que lo tuvo hospitalizado durante semanas, Alfonso Zayas sobrevivió a todo lo que la vida le arrojó. En sus últimos años continuó trabajando en teatro porque era lo que más amaba. Hizo una obra llamada La Semesienta junto a sus viejos compañeros del cine de ficheras.
Rafael Inclán, Luis de Alba, Alberto Rojas el caballo. Juntos recorrieron México y Estados Unidos llevando risas a la gente. En 2017 filmó su última película. buscando Nirvana junto a Edgar Vivar, el señor barriga del Chavo del Ocho. Tenía 76 años y seguía frente a las cámaras haciendo lo que había hecho toda su vida.
Y entonces llegó la pandemia. En 2020, Alfonso tenía 79 años. Vivía en Cuernavaca con Libia. Se encerró por completo para proteger su salud deteriorada. Ya quiero que termine esta pandemia”, dijo en febrero de 2021. “Mi esposa me cuida mucho. Vienen mis hijas a saludarme desde lejos a través de la ventana, pero no puedo salir.
” Llevaba más de un año encerrado sin pisar un escenario, sin sentir el aplauso del público. Un año esperando que el mundo recuperara la normalidad. Y entonces llegó su cumpleaños número 80. El 30 de junio de 2021, Alfonso estaba internado en un hospital. Su salud era delicada. Los médicos no querían darle el alta.
El riesgo era demasiado elevado, pero él tenía un deseo, un deseo que valía más que cualquier riesgo. “Déjenme salir a pasar mis 80 años con mis hijos”, les suplicó con lágrimas en los ojos. Y los médicos cedieron. Ese día Alfonso celebró su cumpleaños rodeado de su familia. sus hijos, sus nietos, su esposa, todos juntos comiendo pastel, cantando las mañanitas, tomando fotografías que después serían las últimas.
Fue el día más feliz de su último año de vida. 8 días después, el 8 de julio de 2021, Alfonso Zayas murió. Fue un paro cardiorrespiratorio. Su corazón, que había aguantado 80 años de trabajo sin descanso, de amor sin medida, de dolor sin expresar, de pérdida sin llorar públicamente, finalmente se rindió. La familia se moría de hambre.
le habían enseñado de niño y él había pasado toda su vida combatiendo eso, trabajando sin parar, sobreviviendo a todo, pero esta vez no pudo sobrevivir. Y ahora llegamos a la cuarta y última revelación, la que te prometí al principio. Si has llegado hasta aquí, si has recorrido conmigo toda esta historia, esto es para ti.
La última voluntad de Alfonso Zayas no tuvo que ver con el dinero, ni con la fama, ni con premios, ni homenajes, ni reconocimientos que llegaron demasiado tarde. no fue sobre las películas que había filmado ni sobre los millones de personas a las que había hecho reír. Su hija Samantha lo reveló en una entrevista horas después de su fallecimiento y sus palabras fueron como un golpe en el estómago para todos los que lo conocían.
Mi papá pidió ser enterrado con sus papás. Mis abuelos, no sé si ustedes saben, pero ellos también estaban dedicados al espectáculo. Somos el clan Zayas. Mis abuelos eran carperos de toda la vida, artistas de carpa que iban de pueblo en pueblo sin saber si iban a comer al día siguiente. Están enterrados en el panteón jardín y mi papá, su última petición, lo único que pidió antes de morir fue que lo enterraran con ellos.
Piensa en eso un momento. El hombre que conquistó a miles de mujeres, el actor más taquillero de México durante más de una década, el rey de la picardía y el doble sentido, el antigalán que venció a todos los galanes de Hollywood y de las telenovelas, el hombre que ganó millones de pesos y perdió millones de pesos.
Su último deseo no tenía nada que ver con su fama, ni con su fortuna, ni con su legado cinematográfico. Su último deseo fue volver al origen junto a los padres que lo habían dejado con su abuela cuando tenía 4 años porque no podían alimentarlo junto a los carperos que se morían de hambre recorriendo pueblos con su teatro ambulante junto a los artistas que nunca tuvieron dinero, ni fama, ni éxito, pero que le dieron todo lo que tenían.
Libia, su viuda, lo confirmó entre lágrimas en otra entrevista días después del funeral. Nosotros vivíamos en Cuernavaca, teníamos nuestra vida ahí. Podíamos haberlo enterrado en Cuernavaca, cerca de nuestra casa. Sin embargo, siempre lo platicamos muchas veces a lo largo de los años. me decía, “Mientras no sea otra cosa gorda, yo no quiero que me incineren.
Quiero estar con mis papás en el panteón jardín. Quiero volver con ellos. Es donde pertenezco.” Esas fueron sus palabras exactas. El hombre más exitoso de su familia, el único que salió de la pobreza generacional, el único que llenó cines de 5,000 personas y ganó millones de pesos. Sentía que pertenecía junto a los que se morían de hambre.
sentía que ese era su lugar verdadero. Y así fue. El 10 de julio de 2021, Alfonso Zayas fue sepultado junto a sus padres en el panteón jardín. La familia se moría de hambre, le habían dicho cuando era niño. Y él pasó 80 años demostrando que podía sobrevivir, que podía triunfar, que podía conquistar mujeres y llenar cines y hacer reír a millones.
Pero al final, después de todo lo que logró, solo quiso volver con ellos, con los que se morían de hambre, con los que nunca tuvieron nada. con los que le dieron todo, aunque no tuvieran nada que dar. Quizás tú también has sentido eso alguna vez. El deseo de volver al principio, de cerrar el círculo, de terminar donde todo comenzó, aunque hayas tenido éxito, aunque hayas llegado más lejos de lo que jamás imaginaste, al final uno siempre quiere volver a casa.
Alfonso lo logró después de 80 años, después de más de 170 películas, después de siete matrimonios y nueve hijos. Después de haber hecho reír a millones mientras lloraba la muerte de su hijo, finalmente volvió a casa. Su hija reveló algo más ese día. Quiero ser recordado por mis hijos, mis nietas, mis bisnietas.
Yo quisiera que me recordaran por mi apellido, no por sus películas, no por su fama, no por sus conquistas, por su familia. El hombre que hizo reír a millones solo quería ser recordado como padre. Hoy, 4 años después de su muerte, Alfonso Zallas sigue siendo el actor más representativo del cine de ficheras. Un género que la crítica despreciaba, pero que el pueblo amaba.
Un género que rescató a la industria cinematográfica mexicana cuando nadie más podía hacerlo. Un género que definió toda una época de la cultura popular latinoamericana que no volverá jamás. Rafael Inclan, su primo y compañero de 1 batallas en las películas de ficheras, sigue actuando a los 81 años, sigue subiendo a los escenarios cada fin de semana, sigue arrancando carcajadas, como lo hacía junto a Alfonso hace 40 años.
A veces, cuando le preguntan por su primo, los ojos se le enrojecen y tiene que cambiar de tema. Libia, la mujer que lo conoció cuando no tenía nada y se quedó con él 22 años. Vive en Cuernavaca, en la misma casa donde pasaron juntos sus últimos años. Guardacartas, objetos que le recuerdan al hombre del que se enamoró en las oficinas del SAT.
A veces pone sus películas y se ríe sola, recordando los buenos tiempos. Sus ocho hijos restantes llevan el apellido que él tanto quería preservar. Zayas, el apellido de los carperos que se morían de hambre. El apellido que hoy representa una leyenda de la comedia mexicana. Algunos siguieron en el espectáculo, otros eligieron caminos distintos, pero todos llevan su sangre y su apellido.
El cine de ficheras ya no existe como género activo. Las películas que llenaban los cines en los 80 se contemplan ahora como reliquias de otra época. artefactos culturales de un México que ya no existe, de un tiempo anterior a internet, anterior a Netflix, anterior a que el mundo cambiara para siempre. Pero de vez en cuando alguien pone una película de Alfonso Zallas en la televisión, un padre de 50 años que quiere mostrarle a sus hijos lo que veía cuando era joven y que le hacía llorar de risa.
Una abuela que recuerda cuando iba al cine con su esposo los sábados por la noche a ver el día de los albañiles. Un nieto que encuentra un DVD viejo en una caja olvidada y decide averiguar qué era eso que tanto les gustaba a sus abuelos. Y una nueva generación descubre al hombre que no era guapo, que no era alto, que no tenía nada de lo que supuestamente debía tener un galán de cine.
Al hombre que desafió todas las reglas de la industria y ganó al hombre que le arrebató novias a Andrés García sin tener músculos ni rostro de revista. Y se ríen como se reían sus abuelos hace 40 años. Como se reían sus padres hace 30, como seguirán riéndose las generaciones que vendrán. Porque Alfonso Zallas tenía razón desde el principio.
Sus películas se hicieron para entretener al pueblo, no para ganar premios, no para impresionar a los críticos de cine que escribían en periódicos que nadie leía, no para quedar en la historia como obras maestras del séptimo arte. Se hicieron para arrancar carcajadas a la gente después de un día agotador de trabajo para que las familias fueran juntas al cine los sábados por la noche, para que el público se olvidara de sus problemas durante 2 horas, para que el albañil, el taxista, el vendedor de tacos, se sintiera identificado con el
protagonista que conquistaba a las mujeres más hermosas Y en eso Alfonso fue un genio, un genio que los intelectuales nunca comprendieron, pero que millones de mexicanos amaron con todo el corazón. Y el pueblo, 40 años después de su época dorada, sigue riéndose con sus películas. Alfonso Zayas nació en una carpa de circo mientras sus padres estaban de gira buscando pueblos.
donde alguien quisiera verlos actuar. Llegó al mundo entre bastidores y vestuarios, sin saber que esa sería la primera señal de lo que vendría. Creció sin sus padres, con su abuela, en un barrio obrero de la Ciudad de México. Juró nunca ser actor, porque la familia se moría de hambre. Juró que nunca repetiría el error de sus padres y terminó siendo el actor más taquillero de México.
Superó a Estalón en las taquillas. Llenó cines de 4000 personas mientras Hollywood no podía competir contra él. Le arrebató novias a Andrés García, el hombre más guapo de México, sin ser el mismo agraciado, sin tener el físico de galán, sin tener el rostro de revista, conquistó a Maribel Guardia cuando ella tenía 19 años y todos los galanes del país la perseguían desesperadamente.
La conquistó con risas, no con músculos, con humor, no con abdominales. Se casó siete veces porque creía en el amor con una ingenuidad casi infantil, aunque el amor no siempre creyó en él. tuvo nueve hijos que fueron su mayor orgullo y su razón para seguir trabajando incansablemente. Ganó millones de pesos en su época dorada y los perdió todos en un negocio fracasado y en siete divorcios que le costaron fortunas en abogados y pensiones.
perdió a su hijo mayor en un accidente de helicóptero, que lo destrozó por dentro y del que nunca pudo recuperarse. Cargó ese dolor en silencio durante 16 años mientras continuaba haciendo reír a México entero como si nada hubiera ocurrido. Y al final, después de 80 años de una vida cargada de éxitos y fracasos, después de más de 170 películas que hicieron reír a generaciones enteras, después de todo el triunfo y todo el fracaso y todo el dolor que cargó en silencio, solo quiso volver con sus padres.
La familia se moría de hambre. le habían enseñado cuando era niño. Esa fue la lección que marcó cada decisión de su vida. Y él demostró que se podía sobrevivir, que se podía triunfar, que se podía hacer reír a millones de personas, mientras por dentro el corazón se rompía pedazo a pedazo. Y después de 80 años de lucha, finalmente pudo descansar junto a los carperos que se morían de hambre.
junto a los padres que lo dejaron con su abuela cuando tenía 4 años, junto a los artistas que le dieron todo, aunque no tuvieran nada que dar. Esa es la historia completa de Alfonso Zallas, el rey de la risa que murió con el corazón roto. El hombre que hizo reír a México mientras lloraba en silencio. El antigalán que conquistó más mujeres que todos los galanes juntos.
El hijo de carperos que salvó a toda una industria, el padre que solo quería ser recordado por su apellido. Nada más, nada menos. Si esta historia te tocó el corazón, suscríbete al canal y activa la campanita, porque hay más historias como esta, muchas más. Historias de personas que el público creía conocer, pero que ocultaban dolor detrás de la sonrisa.
Historias de artistas que lo dieron todo por hacernos reír, por hacernos llorar, por hacernos sentir, mientras ellos mismos sufrían en silencio. Comparte este video con alguien que haya crecido viendo las películas de Alfonso Zallas con alguien que necesite conocer la verdad detrás del rey de la risa. con alguien que merezca saber esta historia.
Déjame un comentario contándome qué parte de la historia de Alfonso te impactó más. Fue la confesión sobre su hijo. ¿Fue el romance con Maribel Guardia? ¿Fue su último deseo de ser enterrado con sus padres? Quiero saber qué sentiste. Quiero saber qué pensaste. La próxima semana vuelvo con otra historia que te dejará con la boca abierta.
Las otras tragedias del cine de ficheras. Los actores que brillaron junto a Alfonso Zayas y terminaron destruidos por la fama, el dinero, las drogas y el olvido. Los que sobrevivieron contra todo pronóstico y los que no pudieron. Porque el cine de ficheras fue mucho más que simples comedias. Fue un mundo de excesos, de fama repentina, de fortunas ganadas y perdidas, de amores imposibles y tragedias devastadoras.
Y Alfonso Zayas fue solo una de esas historias. Nos vemos en el próximo video.
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