Así Vivió Enrique Lizalde Y Sus Mujeres | Sus Amantes y Mas

Si acaso vuelvo un día, ya no estarás allí. Y qué triste sería esa casa vacía, esa casa sin ti. Hola amigos de tu tutoriales Herberí, bienvenidos a un nuevo video. Y miren, sin duda hay hombres que nacen con todo, el apellido, la cultura, la voz y el carácter. Es un perfecto caballero. Enriqueal fue uno de ellos, bisnieto de un general que estuvo a punto de ser presidente de México.

Galán de telenovelas internacionales, intelectual. activista sindical y el dueño de una de las voces más profundas e inconfundibles que haya dado el espectáculo mexicano. Él jamás. Mi mujer me deja solo porque confía en mí. Pero detrás de ese hombre elegante y reservado había una historia de amores clandestinos, vetos sindicales, renuncias por principios y un final marcado por una enfermedad que ocultó al mundo hasta el último momento.
Y a los 76 años de edad falleció el actor mexicano Enrique Lizalde. Quédate porque hoy te contamos la historia completita de Enrique Lizalde, un hombre que nunca dobló la rodilla ante nadie y que pagó ese orgullo con todo lo que tenía. interesará su dinero. Yo sé que es un sueño. Pero antes de comenzar con esta historia, te invito a suscribirte al canal y activar la campanita, porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido y así tú no te pierdes de ninguna de nuestras historias interesantes. Ahora sí, sin máspreámbulo, vámonos a lo que te trujeencha. ¿Sí te vas a casar o cambiaste de parecer? Enrique Lizalde nació el 5 de abril del año 1936 en la ciudad de México, pero no en cualquier rincón común y corriente, sino en la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad de los Portales, un lugar que desde el puro nombre ya suena historia vieja, a familia de Abolengo y a secretos guardados entre paredes gruesas.
¿Usted es de la casa grande? Sí, hermano de Rafael Narváez. Ah, y amigos, vaya que su origen tenía ese aire de linaje importante porque Enrique venía de una familia acomodada con raíces políticas y con un pasado que no era cualquier cosa. Ya lo creo. Eh, soy un hombre que no quiere trabajar demasiado, que no echa raíces en ningún sitio.Era bisnieto del general José Trinidad García de la Cadena, exgobnador de Zacatecas, un hombre que según se cuenta, estuvo a nada de convertirse en presidente de México. O sea, Enrique no venía de una familia improvisada ni de esas donde la historia empieza apenas con el primer aplauso. Yo me he quedado solo y tú tampoco no.

Detrás de él había apellido, cultura, política, ambición y ese peso familiar que muchas veces marca a las personas desde antes de que sepan quién quieren ser. Ellos inmediatamente y tú no vas a dejar aquí. Desde niño, Lisalde creció rodeado de un ambiente donde la educación y la palabra tenían importancia. Su padre, ingeniero y poeta, influyó mucho en él.
De ahí le vino este gusto por la lectura, esa formación cultural profunda y sobre todo esa adicción impecable que después se convertiría en una de sus armas más poderosas. Sí, te quiste como un loco que ame el veneno que lo daña. Porque si algo tenía Enrique Lizalde era esa voz. No una vocecita cualquiera, no un tono común de galán de época.
No, señor. Tenía un bozarrón profundo, elegante, imponente, de esos que podían hacer que una amenaza sonara como poesía y una declaración de amor pareciera más bien una sentencia. ¿Cómo se llama el peligro en que podemos perecer a cada instante. Pero antes de convertirse en ese galán serio, misterioso y dominante, Enrique buscó su camino por otros lados.Primero estudió literatura porque lo suyo venía ligado a las letras, al pensamiento y a la palabra bien dicha. Carmen y no ha pensado en los suyos propios. Después ingresó al Conservatorio Nacional de Música para estudiar ópera y aquí uno podía imaginarse a Lisalde cantando con esa voz poderosa, llenando teatro, siendo barítono de respeto.

Pero él mismo terminó dándose cuenta de que la ópera no era su destino, la abandonó. No por falta de talento, sino porque algo dentro de él le decía que su lugar estaba en otra parte. Y esa otra parte llegó casi como llegan las cosas importantes, medio escondidas, medio prohibidas, como si el destino le susurrara bajito.

Su entrada a la octación comenzó en un taller de teatro secreto y experimental, un espacio donde no se juntaba cualquiera. Algo delicioso. Yo tengo otras ideas sobre las mujeres, papá. De veras. Ahí convivió con jóvenes inquietos, intelectuales y artistas que también estaban buscando romper moldes, entre ellos Carlos Moncibis y su primo, el gran Óscar Chávez.

Ya sé que tienes un nuevo amante que te protege, pero los voy a destruir a los dos. Imagínense ese ambiente. Discusiones, lecturas, teatros, ideas nuevas, rebeldía cultural y un Enrique Lizalde todavía joven, descubriendo que su presencia, su voz y su mirada podían dominar un escenario. Nunca voy a perdonar tu traición.

Ahí empezó a formarse el actor que más tarde se convertiría en uno de los galanes más imponentes y elegantes de México. Un hombre que no necesitaba sonreír demasiado para llamar la atención porque compararse derecho y hablar ya llenaba la escena completa. Y miren amigos, su debut en el cine fue en el año 1963.

Vamos a ir hacia los valuartes que coronan los muros de la ciudad de tus antepasados. Y aunque todavía no era ese nombre gigante que después impondría respeto en televisión, Enrique Lizalde ya empezaba a mostrar algo que no se podía fabricar y eso era presencia. fuera este escudo el recinto en que el niño fuera acer y mandan traer su cuerpo y ese escudo y de esas presencias que no dependen solo de ser guapo, sino de entrar en cuadro y hacer que el público voltee, porque Lisalde tenía porte, elegancia, una masculinidad muy de época y sobre

todo una voz profunda que parecía salirse desde el pecho como trueno, pero bien educado. Su padre murió poco después de nacer él, pero la pantalla grande comenzó a tomarlo más en serio a mediados de los 70 cuando participó en películas como He matado a un hombre y viento negro. Tendrás que darme ropa, esperar un poco más de tiempo.

Y precisamente en esta última ocurrió una anécdota que terminó dándole fama no solo de actor, sino de hombre contemple. Aunque me rechaces mil veces, no me alejaré de ti. ¿Con qué motivos esta vez? La filmación se realizaba en el desierto de Sonora, un lugar durísimo donde el calor no perdona y donde una distracción puede convertirse en tragedia.

Y según se cuenta, durante aquel rodaje, dos técnicos se perdieron en medio del desierto y la situación se puso tan grave que muchos los daban prácticamente por muertos. Ya chuparon faros, decían, pero no era cualquier cosa. El sol caía como castigo, el terreno era inmenso y las probabilidades de encontrarlos con vida se reducían cada minuto.