El final de una relación de más de una década no solo deja cicatrices en el alma, sino también una compleja maraña de bienes materiales que, con el paso del tiempo, dejan de ser símbolos de afecto para convertirse en pesados recordatorios de lo que pudo ser y no fue. Para Shakira, la estrella mundial que ha convertido su dolor en un himno de empoderamiento, el proceso de sanación ha pasado de las letras de sus canciones a una limpieza pragmática y contundente de su patrimonio. La noticia más reciente que ha sacudido los cimientos de la prensa del corazón es la decisión radical que la barranquillera ha tomado respecto a uno de los regalos más emblemáticos y lujosos que recibió de Gerard Piqué: su Mercedes-Benz SLK 250.

Corría el año 2012 cuando la pareja, entonces considerada la personificación del éxito y el amor ideal, celebraba sus cumpleaños. Ambos nacieron un 2 de febrero, ella cumpliendo 35 y él 25. En aquel entonces, la diferencia de edad parecía un detalle menor ante la intensidad de un romance que nació bajo el sol de Sudáfrica. Para conmemorar la fecha, el entonces defensa del FC Barcelona decidió sorprender a la cantante con un obsequio que acaparó todas las portadas: un descapotable biplaza de alta gama, valorado en unos 48,000 euros de la época. Era un coche deportivo, elegante, con techo duro tipo coupé, elegido por la propia artista en un concesionario de Barcelona donde se les vio sonrientes y cómplices. Ese auto no era solo un medio de transporte; era el trofeo de una etapa en la que Shakira se declaraba una “eterna enamorada”.

Sin embargo, el tiempo y las circunstancias han transformado ese Mercedes en un objeto incómodo. Tras la estrepitosa ruptura y la mudanza de la cantante a Miami junto a sus hijos, Milan y Sasha, la orden ha sido clara: no debe quedar ni un solo rastro de la etapa barcelonesa que no sea estrictamente necesario. Informaciones cercanas al entorno de la artista sugieren que Shakira ha decidido poner a la venta este vehículo, junto con otros objetos que la vinculan emocionalmente a su vida con Piqué. Esta “venta de garaje” de alto nivel no responde a una necesidad económica —pues es bien sabido que “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”— sino a una necesidad vital de higiene emocional.

La comparación con otros casos de la farándula internacional no se ha hecho esperar. Los analistas del espectáculo recuerdan el episodio de la modelo Aleska Génesis, ex de Nicky Jam, quien bromeó públicamente con vender el Lamborghini rosa que el reguetonero le había regalado tras su ruptura. Pero en el caso de Shakira, el movimiento es mucho más serio y frío. El Mercedes SLK 250 tiene un destino único: la venta inmediata. Para la colombiana, mantener ese coche en su garaje de Miami sería como conservar una fotografía de una traición en su mesa de noche.

Pero la purga no se detiene en un convertible. La división de bienes entre Shakira y Piqué ha resultado ser un rompecabezas legal de proporciones épicas. Aunque nunca contrajeron matrimonio, la cantidad de propiedades y activos adquiridos en común durante doce años es vasta. Entre los puntos de mayor fricción se encuentra un segundo Mercedes, un modelo clase SL valorado en unos 150,000 dólares, que la pareja compartía y que ahora forma parte de la lista de activos a repartir. A diferencia del descapotable personal de Shakira, este vehículo requiere un acuerdo mutuo para su liquidación o asignación, sumándose a la tensa negociación que llevan sus abogados.

El conflicto más agudo, no obstante, sobrevuela los cielos. Se trata del Learjet 60XR, un avión privado con capacidad para diez pasajeros, equipado con dormitorio, sala de estar y todas las comodidades imaginables, valorado en aproximadamente 20 millones de dólares. Este jet, adquirido en los primeros años de su relación para facilitar los viajes entre las giras de ella y los compromisos deportivos de él, se ha convertido en el epicentro de una batalla legal. Shakira, enfocada en su nueva vida en Estados Unidos, ve en el avión una herramienta necesaria para su movilidad internacional, mientras que el entorno del exfutbolista también reclama su parte sobre este bien de lujo.

Mientras Shakira avanza con paso firme en la organización de su nueva realidad, el bando contrario parece estar sufriendo los estragos de la tormenta mediática. Diversos medios españoles han reportado que Clara Chía, la actual pareja de Gerard Piqué, ha atravesado episodios críticos de salud. Se menciona que la joven catalana habría tenido que acudir a urgencias tras sufrir ataques de ansiedad vinculados a la presión constante y al impacto de la “Music Session #53” de Shakira con Bizarrap. Los rumores de un colapso nervioso o incluso un desmayo tras escuchar las demoledoras rimas de la colombiana han circulado con fuerza, pintando un cuadro de vulnerabilidad que contrasta con la imagen de fortaleza que proyecta la intérprete de “Monotonía”.

La mudanza de Shakira a Miami también significó el abandono de la mansión en Esplugues de Llobregat, una propiedad que, curiosamente, estaba a nombre de una sociedad administrada por el padre de Piqué. Este detalle aceleró la salida de la cantante, quien recibió una notificación de desalojo que, lejos de amedrentarla, pareció darle el impulso final para cerrar el capítulo español. Imágenes de grúas retirando pertenencias y hasta árboles del jardín de la residencia fueron la prueba visual de que Shakira no planea dejar nada atrás, ni siquiera los recuerdos plantados en la tierra.

En conclusión, la venta del Mercedes que una vez fue el regalo perfecto de cumpleaños es el símbolo definitivo de la liberación de Shakira. En el mundo de las celebridades, donde los lujos suelen ser moneda de cambio para el perdón o la reconciliación, la barranquillera ha establecido una nueva regla: nada que provenga de una relación basada en el engaño tiene lugar en un futuro de libertad. El auto, el avión y las casas son solo piezas de un tablero que ella ya ha decidido dejar de jugar. Hoy, Shakira no solo conduce su propia vida, sino que se asegura de que el espejo retrovisor no refleje nada que lleve el nombre de Gerard Piqué. La loba ha limpiado su guarida y el mundo observa, fascinado, cómo una mujer reconstruye su imperio, tornillo a tornillo, canción a canción.