Marzo de 1962. Cantinflas desapareció. No fue secuestro, no fue accidente, simplemente se fue. Dejó una nota en su camerino. Necesito recordar quién soy. Pero México no podía quedarse sin Cantinflas. Había contratos, películas filmándose, shows vendidos. Entonces, los estudios hicieron algo desesperado. Contrataron un doble.

No para escenas, para todo. Durante 6 meses, un hombre llamado Tomás Vega vivió como Cantinflas. Durmió en su cama, besó a su esposa, firmó autógrafos y nadie supo, ni siquiera su propia familia, hasta que el verdadero Cantinflas regresó y descubrió que su doble había hecho algo imperdonable. 14 de marzo 1962. 11:47 de la noche.

Mario Moreno entró a su camerino después del show. Estaba exhausto. No físicamente, mentalmente, emocionalmente. Había hecho la misma rutina 300 veces, los mismos chistes, los mismos gestos, la misma cara. Se miró al espejo con el maquillaje todavía puesto, el bigotito, el sombrero y por primera vez en 30 años no reconoció al hombre en el reflejo.

¿Quién eres?, susurró a su imagen. No era pregunta retórica. Realmente no sabía. Era Mario Moreno o era Cantinflas. Había pasado tanto tiempo siendo el personaje que había olvidado al hombre real. Su asistente Paco tocó la puerta. Jefe, mañana a las 6 de la mañana filmación de El Padrecito. No llegues tarde. Sí, Paco.

Y el sábado, función benéfica. Y el domingo, entrevista con siempre. Y el lunes, Paco, para. ¿Qué? Solo para. Necesito un minuto. Paco salió confundido. Mario se sentó en su silla quieto pensando. Pensó en su hijo, a quien apenas veía siempre trabajando. Pensó en Valentina, a quien amaba, pero con quien apenas hablaba.

Siempre cansado, pensó en sí mismo, en el Mario de 12 años que vendía periódicos en Tepito. Lleno de sueños, lleno de vida. ¿Qué le pasó a ese niño? se había convertido en máquina, máquina de hacer reír, máquina de hacer dinero, máquina de hacer películas, pero había dejado de ser humano y en ese momento tomó decisión.

Sacó papel, escribió una nota. A quien corresponda, me voy. No sé a dónde. No sé por cuánto tiempo. No me busquen, estaré bien. Solo necesito recordar quién era antes de ser Cantinflas. Lo siento por los inconvenientes. Mario dejó la nota en el tocador, se quitó el disfraz, se puso ropa normal, jeans, camisa simple, gorra. Salió del teatro por la puerta trasera sin despedirse de nadie.

Tomó un taxi al aeropuerto. Compró boleto al primer vuelo disponible. Guadalajara. Salía en 2 horas. Se sentó en la sala de espera. Anónimo, invisible, libre. Por primera vez en décadas nadie lo reconocía, nadie pedía autógrafos, nadie gritaba su nombre, era paz. Abordó el avión, se sentó junto a la ventana y cuando el avión despegó sintió como si cadenas se rompieran.

Adiós, Cantinflas, susurró. Hola, Mario. Mientras tanto en Ciudad de México. A las 7 de la mañana siguiente, Paco encontró la nota. Entró en pánico total. Llamó a Valentina. Señora, Mario desapareció. ¿Qué? Dejó esta nota. Dice que se fue. Que no lo busquemos. Valentina leyó la nota. Lloró, pero parte de ella entendía. Déjalo ir, Paco.

Necesita esto. Pero, señora. Hay película filmándose, hay contratos, hay millones de pesos en juego. No me importa el dinero, pero a los estudios sí. Llamó al productor ejecutivo Gustavo a la triste. A la triste explotó. ¿Qué significa? Se fue. Tenemos película a medio filmar. Tenemos distribuidores esperando.

Tenemos 200 empleos dependiendo de esto. Lo siento, señor, pero Mario, Mario firmó contrato. Si no entrega la película, nos demanda y le quitamos todo. ¿Y qué propone? No está aquí. A la triste pensó. Luego sonríó. Sonrisa de tiburón. Entonces conseguimos a alguien que sí esté. ¿Qué quiere decir un reemplazo? Un doble.

Señor, no puede reemplazar a Cantinflas, ¿no? Mira, aquí está el plan. Encontramos a alguien que se parezca, le pintamos el bigote, le ponemos el traje y filmamos las escenas que faltan. Nadie notará la diferencia. Eso es eso es fraude. Eso es negocios. ¿Estás conmigo o no? Paco dudó, pero necesitaba el trabajo. Está bien.

¿Y dónde encontramos un doble? Déjamelo a mí. A la triste conocía el mundo del espectáculo. Sabía que había actores desempleados que harían cualquier cosa por dinero. Puso anuncio secreto. Se busca hombre parecido a Cantinflas. Paga excelente. Discreción absoluta. 50 hombres audicionaron. Todos terribles.

Pero el número 51 era perfecto. Tomás Vega, actor fracasado, 45 años. Mismo build que Mario, misma altura, con maquillaje correcto. Era idéntico. Tomás, ¿puedes imitar la voz de Cantinflas? Tomás habló con acento de Cantinflas. Perfecto. Impresionante. Aquí está el trato. Te pago 50,000 pesos al mes por 6 meses.

Todo lo que tienes que hacer es ser cantinflas. ¿Qué significa eso? Significa que vives en su casa, duermes en su cama, vas a filmaciones, firmas autógrafos, haces entrevistas, eres cantinflas en todo sentido. Y la familia, su esposa, Tomás pensó, 50,000 pesos al mes era fortuna, más de lo que había ganado en toda su vida.

Soy el mejor. Entonces, bienvenido. A partir de hoy eres Cantinflas. Valentina se opuso violentamente al plan. No puedo vivir con un extraño pretendiendo ser mi esposo. Pero a la triste tenía as bajo la manga. Si no cooperaba, los estudios demandarían a Mario por incumplimiento. Le quitarían la casa, los ahorros, todo.

Valentina no tuvo opción, aceptó el fraude, pero lo que nadie esperaba era que Tomás Vega era demasiado buen actor. Porque no solo imitaba a Cantinflas, empezó a creerse Cantinflas. Y después de dos meses, algo imposible pasó. Se enamoró de Valentina y ella comenzó a sentir algo también. Semana uno. Tomás se mudó a la casa de Mario.

Era mansión, lujo que nunca había visto. Valentina lo recibió fríamente. Reglas. Duermes en cuarto de huéspedes. No me hablas a menos que sea necesario para la actuación. Y nunca, nunca intentas nada conmigo. Claro, clarísimo, señora. Los primeros días fueron extraños. Tomás estudiaba videos de Mario, practicaba gestos, voz, caminar.

Se volvió obsesivo, perfeccionista y lentamente comenzó a desaparecer Tomás. Comenzó a emerger Cantinflas. Semana dos. Primera filmación. El padrecito. Tomás estaba nervioso y si el director notaba, pero no, con maquillaje, con vestuario, con actuación, era indistinguible. Perfecto, Cantinflas. Esa toma estuvo excelente.

Tomás sintió euforia. Estaba funcionando. Semana cuatro. Tomás ya no solo actuaba como cantinflas en filmaciones, lo hacía todo el tiempo, en casa, en la calle, en todas partes. Valentina lo notó. ¿Por qué sigues actuando cuando estamos solos? No estoy actuando. Este soy yo ahora. No, tú eres Tomás.

Mario es Cantinflas. ¿Y cuál es la diferencia? Los dos somos actores jugando un rol. Valentina no tenía respuesta. Semana seis. Algo cambió. Tomás comenzó a tratar a Valentina diferente, no como jefe, como esposa. Pequeños gestos. Le traía café por las mañanas. preguntaba cómo durmió. Escuchaba cuando hablaba, cosas que Mario nunca hacía, siempre demasiado ocupado.

Valentina se dio cuenta que le gustaba la atención. Semana 8o. Tomás y Valentina cenaron juntos, algo que hacían cada noche. Ahora, ¿sabes? Dijo Tomás, a veces olvido que esto es actuación. ¿Qué quieres decir? Quiero decir que cuando estoy contigo se siente real, como si realmente fuéramos esposos. Valentina sintió algo en su estómago.

No era incomodidad, era algo más. Tomás, no puedes hablar así. ¿Por qué no? Porque estás aquí temporalmente. Mario va a regresar. Va a regresar. Han pasado dos meses. Y si no regresa, nunca, regresará. Y si no quieres que regrese, Valentina se levantó de la mesa. No digas eso, Valentina, mírame. Ella lo miró.

En dos meses he estado más presente que Mario. En dos años he escuchado más, he cuidado más, he amado más. No me amas, ni siquiera me conoces. Te conozco mejor que él porque estoy aquí realmente aquí. No físicamente presente, pero mentalmente ausente. Valentina lloró porque tenía razón. Semana 12. Tomás ya no dormía en cuarto de huéspedes.

Dormía en la cama principal, no porque Valentina lo invitara, sino porque simplemente sucedió. Una noche ella estaba llorando, extrañando a Mario, odiándolo por irse. Tomás la consoló, la abrazó y el abrazo se volvió beso y el beso se volvió más. A la mañana siguiente, Valentina se despertó junto a Tomás. Sintió culpa masiva.

Dios mío, ¿qué hice? Pero Tomás solo sonrió. Dejaste de pretender. Igual que yo. Esto está mal. Estoy casada. Estás casada con un fantasma, con un hombre que te abandonó. Me abandonó para encontrarse a sí mismo. ¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo te encuentras tú? Valentina no tenía respuesta. Los siguientes meses fueron borrosos.

Valentina y Tomás vivían como pareja real. Nadie sospechaba. El hijo de Mario, estudiando en Europa, no sabía nada. El mundo creía que Cantinflas estaba bien trabajando, normal. Pero había grieta creciendo porque Tomás estaba cambiando. Ya no solo imitaba a Cantinflas, quería ser Cantinflas permanentemente. Mes cinco. Tomás habló con Ala triste.

Quiero extender el contrato. ¿Qué? El trato era 6 meses. Mario regresa pronto. ¿Y si no queremos que regres? ¿Qué estás diciendo? Estoy diciendo que soy mejor Cantinflas que él. La prueba está en los números. Las películas que filmé están siendo éxito. Nadie nota diferencia. Algunos dicen que estoy mejor que nunca.

Tomás, ¿estás loco? No puedes robar la identidad de alguien. ¿Por qué no? Él la abandonó. Yo la recogí. Finders Keepers. No funciona así. Debería y voy a hacerlo funcionar. A la triste se preocupó. ¿Qué había creado? Mario Moreno regresó. Después de seis meses viviendo anónimamente en un pueblo pesquero en Baja California, finalmente se sintió listo. Recordó quién era. Estaba en paz.

Llegó a su casa esperando abrazo de Valentina, perdón, reconciliación. Pero cuando abrió la puerta vio algo que lo destruyó. Valentina y Tomás besándose en su sala. El doble no solo había tomado su carrera, había tomado su esposa. Y lo peor, cuando Mario gritó, Valentina no corrió hacia él. Se quedó junto a Tomás y dijo las palabras que rompieron a Mario.

No sé si quiero que hayas regresado. Mario se quedó inmóvil en la puerta procesando. Tomás se levantó con el bigote pintado, con el traje de cantinflas puesto. Hola, Mario. Bienvenido a casa. ¿Quién diablos eres tú? Soy Cantinflas, ¿no me reconoces? Eres un impostor. Valentina, ¿qué está pasando? Valentina no podía mirarlo a los ojos.

Mario, yo no sabía que ibas a regresar hoy. Claro que iba a regresar. Es mi casa. Lo sé, pero Tomás interrumpió. Mario, siéntate. Hablemos como adultos. No voy a sentarme en mi propia casa con un extraño. No soy extraño. Soy tu reemplazo. Los estudios me contrataron cuando desapareciste.

He estado viviendo tu vida, filmando tus películas y sí, amando a tu esposa. Mario se lanzó hacia Tomás, lo agarró del cuello. Te voy a matar. Valentina gritó. Mario, no. Pero Mario no era peleador. Tomás lo empujó fácilmente. Cálmate. Esto no se resuelve con violencia. Entonces, ¿cómo se resuelve? ¿Robaste mi vida? No la robé.

La encontré. Tú la abandonaste. Hay diferencia. A la triste llegó corriendo. Había escuchado el escándalo. Mario, gracias a Dios estás bien. Mira, ¿puedo explicar? Explicar qué? ¿Que contrataste un doble para reemplazarme? Tenía que hacerlo. Desapareciste. Había millones en juego. No me importa el dinero. Pero a mí sí.

Y a los 200 empleados dependiendo de tu trabajo. ¿Qué querías que hiciera? Mario no tenía respuesta. Los siguientes días fueron caos legal. Mario demandó a los estudios por fraude. Los estudios contrademandaron por incumplimiento de contrato. Tomás demandó por derechos de identidad. He sido cantinflas por 6 meses.

Legalmente tengo derecho a seguir siéndolo. Era caso sin precedente. ¿Puede alguien adueñarse de identidad de otra persona por usarla exitosamente? El juicio fue sensación nacional. Cantinflas versus Cantinflas. Juicio del siglo. En la corte, el juez preguntó a Valentina, “Señora Moreno, ¿quién es su esposo real?” Valentina miró a ambos hombres, Mario, Tomás, uno era su esposo legal, el otro, el hombre que la había amado realmente en meses.

“No lo sé”, admitió entre lágrimas. El juez frunció el seño. Señora, legalmente está casada con Mario Moreno. Legalmente, sí, pero emocionalmente. Emocionalmente no importa en esta corte. Tomás habló. Su señoría, propongo prueba. Hagamos que ambos actuemos como cantinflas, que el público decida quién es mejor.

Esto no es concurso de talento, ¿no? Cantinflas es personaje público, pertenece al pueblo mexicano tanto como a Mario Moreno. Si el pueblo prefiere mi versión, no debería eso importar. El juez consideró interesante argumento, pero no. La identidad no se decide por voto popular. Dictó sentencia. Tomás Vega debe cesar uso de imagen de Cantinflas inmediatamente.

Debe pagar reparaciones a Mario Moreno y debe alejarse de la familia Moreno permanentemente. Tomás apeló. Perdió. Apeló de nuevo. Perdió. Finalmente, derrotado, Tomás se fue, pero antes de irse habló con Mario. Gané. ¿Sabes? Ganaste. Perdiste el juicio. Perdí legalmente, pero gané lo importante. Por 6 meses fui alguien.

Fui amado. Fui exitoso. Fui feliz. ¿Tú puedes decir lo mismo? Mario no respondió. Tomás continuó. Pasaste 30 años siendo Cantinflas y odiándolo. Yo pasé 6 meses y lo amé. ¿Quién realmente vivió? Se fue. Mario se quedó con Valentina. Intentaron reconstruir, pero había grieta. grieta que nunca sanó completamente. 23 años después, Mario Moreno seguía siendo cantinflas, todavía trabajando, todavía famoso, pero a veces en noches tranquilas se preguntaba, Tomás tenía razón, ¿había perdido su vida siendo Cantinflas o había encontrado propósito?

Nunca supo la respuesta. Tomás Vega nunca volvió a actuar. se convirtió en maestro de actuación enseñando a otros. Y a veces sus estudiantes le preguntaban, “¿Es verdad que fuiste Cantinflas por 6 meses?” “Sí.” “¿Cómo fue?” “Fue lo mejor y peor de mi vida. Descubrí que puedes ser alguien completamente diferente, pero el precio es perder quién realmente eres.

Cuando Mario murió en 1993, Tomás fue al funeral escondido. Nadie lo reconoció. Puso una flor en el ataúd y una nota. Gracias por prestarme tu vida. Cuidé de ella mejor que tú, pero al final siempre fue tuya.