Ya van más de un mes. Más de un mes desde que la mujer que se llamaba a sí misma la primera combatiente de Venezuela, la mujer más poderosa del país, la que controlaba presidentes, jueces y generales con una sola llamada, duerme sobre una losa de metal en una celda de 6 m² en Brooklyn, Nueva York, sin ventanas al exterior, sin calefacción suficiente, con una sola manta de lana, con una almohada de 5 cm, con una bandeja de plástico que pasan por una ranura en la puerta tres veces al día, más de un mes para Siria Flores
de Maduro son una eternidad. Y lo que nadie te está contando es esto. Hay algo que la hace diferente a todos los presos del MDC de Brooklyn. Algo que la hace diferente incluso a su propio marido, que está en el mismo edificio a metros de distancia y al que no puede ver. CIA entró a esa cárcel con posibles costillas fracturadas, un moratón que le cubría la frente y el ojo derecho y con 69 años encima. 69 años.En la cárcel federal más dura de Nueva York. en pleno invierno sola y el 26 de marzo tiene la audiencia más importante de su vida. Una audiencia que puede ser el primer paso hacia una cadena perpetua. Hacia morir en esa celda. [música] Hoy te voy a contar cinco cosas que los medios no están conectando sobre la vida de CIA Flores en Brooklyn.

Primero, ¿cómo son exactamente sus días ahora mismo en el MDC? El infierno de la celda, la comida con gusanos, los 23 horas de encierro [música] y el detalle que nadie menciona sobre cómo afectan el frío de enero en Nueva York a una mujer de 69 años con costillas rotas. Segundo, ¿quién fue realmente Siria Flores antes de la cárcel? no la primera dama decorativa que mostraban en televisión, sino la mujer que un exmistrado del Tribunal Supremo de Venezuela describió ante la prensa como la que realmente tomaba las decisiones en Venezuela, incluyendo las

sentencias judiciales. Tercero, de que se le acusa exactamente y porque los fiscales de Nueva York dicen que tienen evidencia demoledora contra ella específicamente, no solo contra su marido. Cuarto, los testigos que ya están cooperando con la fiscalía y cuyos testimonios la señalan directamente, incluyendo uno que ya se declaró culpable en 2025 y está dentro del sistema judicial estadounidense listo para hablar.

Y quinto, la audiencia del 26 de marzo que va a pasar ese día porque fue pospuesta y que significa para su futuro. Quédate hasta el final porque el quinto punto tiene un dato que cambia todo lo que creías saber sobre este caso. Antes de entrar a lo que está viviendo hoy, necesitas entender el contraste, porque sin el contraste no entiendes la magnitud de lo que está pasando.

Hace exactamente un año, en febrero de 2025, Cilia Flores se despertaba en el Palacio de Miraflores. Si no conoces ese lugar, te lo presento. Es la residencia presidencial de Venezuela, una mansión neoclásica construida en 1900, restaurada múltiples veces, con grandes ventanales, salones de mármor, jardines cuidados por un equipo de jardineros y una cocina privada con chefs disponibles las 24 horas.

El palacio tiene salas de reunión. salones de gala, una capilla privada y más espacio del que la mayoría de venezolanos verían en toda su vida. Cilia Flores se despertaba ahí. Elegía [música] su ropa del armario de una primera dama que vestía trajes de diseñador, usaba joyería de lujo y cuyos gastos nunca, ni una sola vez fueron explicados públicamente.

Era la mujer más protegida del país. Tenía escolta personal, tenía agenda oficial, tenía poder real. Hoyia Flores se despierta a las 6 de la mañana porque suena la llamada de conteo en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, conocido en el sistema penal federal estadounidense por sus siglas MDC, el mismo edificio donde en su momento estuvieron el Chapo Guzmán, Disline Maxwell, Sean Dids, el Mayo Zambada y el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, también detenido por el MDC está en el barrio de Sunset Park en

Brooklyn a 25 minutos en carro del Times Square de Manhattan, a 25 [música] minutos de lujo, de las tiendas, de los restaurantes, del mundo que ella conocía cuando visitaba Nueva York como primera dama de Venezuela. Ahora vive a 25 minutos de ese mundo, pero a una distancia infinita de poder tocarlo. Samell, consultor federal de prisiones que habló con CNN, describió el MDC con una sola frase: “Verdaderamente es el infierno.” Y no exageró.

El edificio fue construido en los años 90 para aliviar el asinamiento de las cárceles de Nueva York. Tiene capacidad para 13 personas. No tiene suficiente luz natural. Los presos se quejan constantemente de no ver el sol. Las ventanas tienen mallas y estructuras de seguridad que bloquean la vista exterior. En invierno la calefacción es inconsistente.

En 2019, durante un vórtice polar, el MDC sufrió un apagón que dejó a los presos sin electricidad ni calefacción por días, con temperaturas bajo cero afuera. Los internos pasaron el frío solos, sin mantas extras, [música] sin explicaciones. Las autoridades recibieron críticas internacionales por ese episodio y prometieron reformas.

Pero abogados que representan a presos actuales dicen que las condiciones siguen siendo deplorables. Daniel Meseguines, abogado penalista y de derechos civiles que representa a varios clientes en el MDC, describió la situación así para CNN. Los presos en la Unidad de Vivienda Especial, conocida como su por sus siglas en inglés, donde casi con certeza está recluida Silia Flores por razones de seguridad, permanecen en confinamiento solitario bajo condiciones restrictivas.

23 horas encerradas en la celda. Una hora de recreación al día en un patio cerrado, [música] sin cielo abierto, con mallas de seguridad que bloquean la vista, sin contacto con la población general, sin acceso libre al teléfono, con visitas de abogados como única conexión regular con el mundo exterior y el frío de enero en Nueva York con una sola manta de lana y una celda con calefacción irregular para una mujer de 69 años con costillas [música] posiblemente fracturadas.

Es una forma de tormento que no necesita adjetivos. ¿Cómo sabemos que tiene costillas fracturadas o severamente golpeadas? Porque su propio abogado lo dijo en la primera audiencia ante el juez. Mark Donelli, ex fiscal federal que la defiende, declaró en la corte el 5 de enero de 2026 que Silia Flores sufrió lesiones significativas durante su captura.

Pidió al tribunal que las autoridades carcelarias le hicieran una radiografía de costillas. dijo que probablemente tenía una fractura o al menos contusiones graves. Eso fue el 5 de enero cuando entró a la sala del Tribunal Federal de Manhattan, escoltada por alguaciles estadounidenses, necesitó ayuda para sentarse. Llevaba ropa de prisión, una camiseta azul sobre una capa naranja interior, un moratón visible en el ojo derecho.

El presidente Donald Trump había descrito la captura días antes con un tono casi casual. Dijo que Maduro intentó llegar a una habitación segura, pero no pudo cerrar la puerta, que las fuerzas especiales habrían tardado 47 segundos en volarla si hubiera logrado cerrarla. Lo que Trump no describió con el mismo detalle fue lo que le pasó a Cilia Flores en esos mismos momentos.

Los documentos judiciales y las declaraciones de su abogado son los únicos registros públicos de lo que vivió esa noche del 3 de enero, cuando las fuerzas especiales irrumpieron en el búnker conocido como la casa de los Pinos. dentro del complejo militar de fuerte [música] en Caracas. Era la madrugada, eran las 2 de la mañana según reportes.

Y cuando los soldados entraron, Cilia Flores, que tiene 69 años, tenía en ese momento las costillas que su abogado describiría días después ante un juez federal como posiblemente fracturadas. La primera vez que el mundo la vio después de la captura fue el 5 de enero, dos días después. llegó en helicóptero a Manhattan, esposada con la ropa de prisión puesta con los vendajes visibles.

Entró al tribunal del distrito sur de Nueva York, que es la corte federal más poderosa del mundo para casos de narcoo y delitos transnacionales. El mismo tribunal que juzgó a El Chapo, el mismo que condenó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, ese mismo tribunal, el juez que lleva el caso es Alvin Keigerstein, un magistrado federal de 92 años con décadas de experiencia en casos de alto perfil en Nueva York.

Cuando el juez le pidió a Cilia que confirmara su identidad, ella respondió en español a través de un intérprete. “Soy la primera dama de la República de Venezuela.” [música] No dijo su nombre, no dijo su número de reclusa, dijo su título, el título que ya no existe, [música] el título que Venezuela le retiró el mismo día de su captura cuando Delky Rodríguez asumió las funciones ejecutivas por orden del Tribunal Supremo Venezolano, Cilia Flores se declaró no culpable de todos los cargos.

Sus palabras en español fueron inocente, completamente inocente. Eso fue el 5 de enero. Desde entonces han pasado más de un mes y en todo ese tiempo solo ha habido una novedad pública en el caso. El 30 de enero de 2026, según documentos judiciales revelados el 18 de febrero, Cilia Flores y Nicolás Maduro recibieron una visita consular de un representante de la República de Venezuela.

[música] La visita ocurrió en el mismo MDC. El nombre del funcionario no fue revelado. La duración de la reunión tampoco. Lo que sí fue confirmado es que fue la única visita externa que han tenido desde su captura. El abogado penalista Robert Pelier explicó a los medios que las visitas consulares no son un derecho garantizado para todos los presos extranjeros en Estados Unidos.

En este caso específico fue ordenada por el juezstein durante la audiencia del 5 de enero, precisamente porque Maduro y Silia lo solicitaron expresamente. Llevan más de un mes sin poder verse entre sí. Están en el mismo edificio, a metros de distancia, separados por muros de hormigón y protocolos de seguridad. [música] 30 y tantos años juntos desde que se conocieron en los años 90 en el movimiento chavista y ahora no pueden verse ni en el patio.

Sus únicas visitas regulares son sus abogados y el personal médico de la prisión. Y mientras eso ocurre en Brooklyn, el juicio se acerca. Ahora necesitas entender quién fue realmente esta mujer antes de la celda. Porque Silvia Flores no era una primera dama decorativa, era mucho más que eso. Era, según múltiples testimonios y documentos judiciales, una de las figuras de poder real dentro del régimen chavista.

Silvia Adela Flores de Maduro nació el 15 de octubre de 1956 en Tinaquillo, estado Cojedes, Venezuela. Tiene hoy 69 años. Se graduó como abogada especializada en derecho penal y laboral en la Universidad Santa María de Caracas. Y su carrera política comenzó exactamente en el momento en que empieza toda historia de poder en Venezuela, en 1992, el año del golpe de estado de Hugo Chávez.

Cuando Chávez fue arrestado después del fallido golpe de febrero de 1992, necesitaba abogados. Silia Flores fue una de los abogados que lo defendió ante los tribunales. Fue en ese momento defendiendo a los militares rebeldes que intentaron tumbar el gobierno, donde conoció a Nicolás Maduro, entonces un joven sindicalista del metro de Caracas que militaba en el movimiento chavista.

Se enamoraron mientras defendían la revolución y nunca se separaron. Cuando Chávez llegó al poder en 1999, Silia llegó con él no como figura secundaria, como parte activa del proyecto político. Fue diputada de la Asamblea Nacional en múltiples periodos y en 2006 alcanzó algo que ninguna mujer había logrado antes en Venezuela, ser elegida presidenta de la Asamblea Nacional.

La primera mujer en ocupar ese cargo en la historia del país. Lo mantuvo hasta 2011. [música] Después fue procuradora general de la República, el cargo equivalente a fiscal general del Estado desde 2012 hasta 2013. Fue el cargo que usó para controlar el aparato legal del Estado justo en el momento en que Maduro ascendía al poder después de la muerte de Chávez.

Pero lo que dice el expediente judicial y lo que declararon testigos que defectaron del régimen es que el poder real de Silia Flores iba mucho más allá de sus cargos oficiales. Cristian Serpa fue magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela hasta enero de 2019, cuando abandonó el cargo y huyó a Estados Unidos con su familia.

En una entrevista al canal TV en Miami, Serpa hizo declaraciones que resonaron en los medios internacionales. dijo que Silvia Flores era quien dirigía y controlaba a los magistrados del Tribunal Supremo, que en Venezuela no existía la independencia de poderes, que muchas sentencias del poder judicial se tomaban tras consultas clandestinas con la presidencia y que su propia designación como magistrado fue comunicada directamente por Silia Flores, quien le dijo que sería magistrado antes de que ningún proceso formal ocurriera. En otras palabras,

Silvia Flores no solo era la esposa del presidente, era, según este testimonio, la persona que controlaba el poder judicial, la que decidía quién era condenado y quién era absuelto, la que movía las piezas del sistema legal desde las sombras. Hay más. Organizaciones venezolanas documentaron que mientras Silia era diputada de la Asamblea Nacional, hasta 16 miembros de su familia tenían empleos en esa misma institución.

El diario venezolano, tal cual publicó la lista completa. Para 2012, según esos reportes, hasta 42 personas relacionadas con ella habrían conseguido puestos dentro del aparato legislativo venezolano. Cuando los periodistas la confrontaron con las acusaciones de nepotismo, ella respondió llamando los mercenarios de la pluma. El apodo que le puso el chavismo fue la primera combatiente, no primera dama, no esposa del [música] presidente.

Primera combatiente, como si fuera un título militar, como si ella también estuviera en guerra. Y de alguna manera, esa descripción es la más honesta de todas, porque lo que la fiscalía estadounidense alega es que si estaba en guerra, pero no en la guerra que decía defender. Ya sabes quién fue Silia Flores antes de la celda.

Ahora viene lo que nadie estaba esperando cuando se desclasificó el expediente judicial el 3 de enero de 2026. Porque hay algo que muchos medios no destacaron con suficiente claridad. La acusación contra Silia Flores no es una extensión de la acusación de su marido. No es un cargo por asociación, no es un delito de estar casada con el hombre equivocado.

La acusación contra Silia Flores la señala a ella individualmente, con cargos propios, conductas específicas atribuidas a ella de manera personal. Y lo que dicen esos cargos es devastador. La acusación formal tiene 25 páginas. Fue redactada por el fiscal federal High Clayon. avalada por un gran jurado del distrito sur de Nueva York y presentada bajo sello a finales de diciembre de 2025, semanas antes de la captura, es decir, cuando las fuerzas especiales derribaron la puerta del búnker en Fuerte Tiuna la madrugada del 3 de enero, los cargos

contra Silia Flores ya existían. El expediente ya estaba firmado. El gran jurado ya había dicho que si había causa probable para acusarla de crímenes federales graves. ¿De qué la acusan exactamente? Tres cargos criminales específicos. Primero, conspiración para el narismo. Segundo, conspiración para importar a los Estados Unidos.

Tercero, violencia sistemática ordenada para proteger las operaciones de narco, incluyendo secuestos, golpes y asesinatos contra personas que debían dinero de o que amenazaban los intereses de la red criminal. Ese tercer cargo es el más perturbador porque no habla de que Silia Flores estuvo cerca de gente que hacía cosas malas.

habla de que ella ordenó, la acusación usa esa palabra, ordenó secuest golpist ases para proteger un negocio de la expresidenta de la Asamblea Nacional de Venezuela, la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia del país, la procuradora general de la República, la primera dama acusada de ordenar ases para proteger un negocio de narcótico que según el documento de 25 páginas del departamento de justicia tenía como objetivo inundar los Estados Unidos de como forma de desestabilización.

Pero espera, porque hay más, porque la acusación también revela algo sobre el papel específico que Silvia Flores habría jugado en la estructura criminal desde mucho antes de ser primera dama. Según el expediente, cuando Cilia era diputada de la Asamblea Nacional, no solo ejercía su cargo legislativo, la Fiscalía la señala de haber recibido cientos de miles de dólares a cambio de organizar reuniones entre narcotantes y altos funcionarios del Estado venezolano, incluyendo a Nésto Reverol Torres, quien luego sería ministro del

Interior de Venezuela, cientos de miles de dólares por organizar reuniones cuando era diputada. El documento describe al llamado cártel de los soles no como una estructura militar secreta paralela al gobierno, sino como el propio gobierno. Una red donde los funcionarios venezolanos, civiles y militares protegían y coordinaban el tráfico de hacia Estados Unidos a cambio de pagos millonarios.

Y la acusación ubica a Silia Flores, no en la periferia de esa red, la ubica en el centro de las decisiones. La red operó durante más de dos décadas, según los documentos. Usó instalaciones militares oficiales, usó pasaportes diplomáticos, usó aeropuertos bajo control de autoridades venezolanas, usó el aparato del estado, el estado que Silia Flores ayudó a construir y mantener desde los años 90 para mover hacia el norte.

Y los socios de ese negocio no eran pequeños traficantes, [música] eran organizaciones que Estados Unidos ha designado formalmente como terror. Las FAR colombianas, el ELN, el cártel de Sinaloa, los ZAS y el Tren de Aragua, la banda venezolana que se expandió por todo el continente y que según el Departamento de Justicia lo hizo con apoyo directo desde Caracas.

Ahora necesitas entender por qué esta acusación tiene peso real. Porque Silia y sus abogados van a decir exactamente lo mismo que dijeron en la corte el 5 de enero. Inocente, completamente inocente. Van a argumentar que todo es fabricado, que es una persecución política, que las fuerzas especiales lo secuestraron ilegalmente y en una democracia el acusado tiene derecho a decir eso.

Pero el peso de una acusación no está solo en las palabras del fiscal, está en la evidencia, está en los testigos. Y aquí es donde el caso contra Silia Flores se convierte en algo diferente a lo que muchos esperaban. Porque en el mismo edificio donde ella está encerrada, en el mismo MDC de Brooklyn, donde pasa sus 23 horas diarias en confinamiento, hay otro preso.

Un hombre que conoce el chavismo por dentro mejor que nadie vivo. Un hombre que estuvo en las reuniones, [música] que dio las órdenes, que movió, que vio cómo funcionaba todo y que en junio de 2025, 6 meses antes de la captura de Silia Flores, se declaró culpable ante el mismo juezstein que lleva el caso.

Su nombre es Hugo Armando Carvajal Barrios. Su apodo en Venezuela era el pollo. Si no conoces ese nombre, necesitas entenderlo porque es posiblemente la pieza más importante del rompecabezas judicial que va a determinar el futuro de Silia Flores. El pollo Carvajal tenía 65 años cuando se declaró culpable en junio de 2025. Fue durante más de una década el jefe de la Dirección de Inteligencia Militar de Venezuela, LAADIM, el equivalente venezolano de la CIA.

Fue el hombre de mayor confianza de Hugo Chávez en el aparato de seguridad del Estado. Fue el quien coordinaba las operaciones de inteligencia, quien manejaba los agentes, quien sabía que funcionarios estaban comprometidos y en qué negocios. En 2004 comenzó a dirigir el Servicio de Inteligencia Militar. Lo hizo bajo Chávez hasta 2011.

Luego volvió a hacerlo bajo Maduro entre 2013 y 2014. Eso significa que fue el jefe de inteligencia venezolano durante los años en que, según la acusación, la red del cártel de los soles estaba en plena expansión. Estuvo en el centro de todo. Y entonces, [música] en 2019, algo se rompió. Carvajal rompió públicamente con Maduro.

Grabó un video desde un lugar no revelado. Le pidió a los militares que se revelaran. respaldó a Juan Guaidó como presidente interino. Huyó a España. En 2021 fue capturado en un apartamento de Madrid mientras intentaba evadir una orden de extradición. En 2023 fue trasladado a Estados Unidos y en junio de 2025 hizo lo que nadie esperaba que hiciera.

Se paró ante el juez Alvinstein, el mismo juez que lleva el caso de Cilia Flores y se declaró culpable. Cuatro cargos criminales. Conspiración para importarismo en beneficio de las FARC, delitos relacionados [música] con armas y el comunicado del Departamento de Justicia que lo acompañó no dejaba lugar a dudas. Carvajal participó en actos violentos incluidos secuestros asesinat para facilitar el tráfico.

Ese lenguaje es casi idéntico al que la acusación usa para describir lo que Silia Flores ordenó hacer. [música] El abogado de Carvajal, Robert Feitel, declaró a la Asociated Pres, salvo que resonó en todos los medios que cubren el caso. El exgenal posee información de extraordinaria importancia para la seguridad nacional y la aplicación de la ley en Estados Unidos.

Y los analistas legales que leyeron entre líneas entendieron exactamente lo que eso significaba. Carvajal no se declaró culpable para irse a la cárcel de por vida. Se declaró culpable como primer paso de una negociación con la fiscalía para reducir su condena a cambio de cooperar, a cambio de hablar, a cambio de contar todo lo que sabe.

¿Y qué sabe el pollo Carvajal que es tan valioso? Según fuentes del caso citadas por medios especializados, está dispuesto a suministrar documentos y testimonios que implican a Maduro y a otros altos funcionarios venezolanos en una serie de actividades ilegales, desde el tráfico y el fraude electoral hasta operaciones de espionaje y el armamento de bandasales.

Su abogado dijo que tiene evidencia recopilada desde la época en que Maduro era canciller de Venezuela. El exfiscal federal Dick Gregorie, quien participó en el histórico juicio por narcotráfico contra el exdictador panameño Manuel Noriega en 1988, dijo que considera muy probable que Carvajal sea preparado como testigo por [música] la fiscalía.

Dijo que si existiera un acuerdo previo, las autoridades ya habrían iniciado meses atrás el proceso de preparación del testigo. Y el exfiscal federal Neama Ramani fue todavía más directo al hablar con The New York Post. Carvajal representa exactamente el perfil de testigo que la fiscalía suele presentar en casos federales complejos de esta naturaleza.

Pero lo más inquietante para Silia Flores es esto. El pollo Carvajal está en el mismo edificio que ella, en el MDC de Brooklyn, detenido en ese mismo infierno de calor insuficiente y comida con gusanos, a metros de distancia, pendiente de sentencia, con toda la información que tiene sobre cómo funcionaba el sistema, sobre quién daba las órdenes, sobre quién organizaba las reuniones, sobre quién recibía los pagos.

Y según fuentes judiciales citadas por EPCH Times, Carvajal fue aceptado formalmente como testigo clave en el juicio contra Nicolás Maduro y Silia Flores en el distrito sur de Nueva York. No como posible testigo. Como testigo en casos de narc en los tribunales federales estadounidenses, las estadísticas muestran que la declaración de culpabilidad de un cooperante interno, alguien que estuvo adentro de la organización, es el tipo de evidencia más demoledor que puede existir contra los acusados.

No es una interceptación telefónica, no es un documento financiero, es un hombre que dice, “Yo estuve en la reunión, yo escuché la orden, yo vi cómo se movía el dinero y voy a contarlo todo.” Carvajal no es el único testigo que la fiscalía tiene en su arsenal. El pollo es el más conocido y posiblemente el más poderoso, pero la acusación también menciona que contará con antiguos funcionarios venezolanos yantes [música] que participaron directamente en la logística de envío de hombres que movieron la que pilotaron los aviones,

que recibieron los pagos, que tienen nombres, fechas y rutas que pueden presentar ante un jurado. Y luego están los sobrinos, porque la historia de los sobrinos de Silia Flores no es solo un episodio del pasado que los fiscales citan como anécdota. Es parte activa del expediente, es evidencia de un patrón y la conexión entre lo que esos dos jóvenes dijeron durante años de interrogatorios en cárceles federales estadounidenses y los cargos que hoy enfrenta Silia Flores es una línea directa que los fiscales van a trazar

ante el jurado. Recapitulemos lo que pasó con los sobrinos porque los detalles importan. En noviembre de 2015, dos jóvenes venezolanos fueron arrestados en Haití por agentes de la DEA que los habían estado grabando durante meses. Se llamaban Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Flores de Freitas.

Tenían 29 y 30 años y estaban negociando el envío de 800 kg de hacia los Estados Unidos. 800 kg con un valor en las calles de aproximadamente 20 millones. Pero lo que convertía ese caso en algo completamente diferente a un arresto de [música] ordinario era quienes eran esos jóvenes. Efraín Campo Flores era ahijado de Silia Flores.

Francisco Flores de Freitas era su sobrino. Eran familia directa de la primera dama de Venezuela [música] y en las grabaciones de la DEA no hablaban como traficantes independientes que coincidían en apellido con la primera dama, hablaban como parte del sistema. En una de las grabaciones, Efraín Campo explicó cómo iban a funcionar los vuelos de Dijo que los cargamentos saldrían del hangar presidencial del aeropuerto de Mike Tía.

El hangar oficial, el mismo que usaba Nicolás Maduro para sus viajes de estado, el mismo que usaban los aviones del gobierno venezolano y que nadie los iba a cuestionar porque eran familia de la primera dama. En otra grabación dijo algo que los fiscales repitieron múltiples veces durante el juicio en Nueva York. dijo que las ganancias de servirían para financiar la campaña electoral de Silvia Flores.

Su tía, la primera dama, dólares para mantener al chavismo en el poder y luego dijo algo más. Dijo, “Estamos en guerra con los Estados Unidos. No era solo narco, era una declaración de intenciones. En noviembre de 2016, ambos sobrinos fueron declarados culpables por un jurado federal en Nueva York. En diciembre de 2017 fueron sentenciados a 18 años de prisión federal cada uno.

Los fiscales dijeron en el juicio que las ganancias de ese tráfico de estaban destinadas a ayudar a su familia a mantenerse en el poder en Venezuela. Su familia, Cilia Flores, la que hoy está en el mismo sistema de justicia que condenó a sus sobrinos. Durante 5 años, Efraín y Francisco estuvieron en cárceles federales estadounidenses, solos, [música] sin visitas de Cilia Flores, sin abogados pagados por el Estado venezolano, sin ningún gesto público de apoyo de la mujer que supuestamente los quería como familia.

El régimen los abandonó y durante esos 5 años de interrogatorios y audiencias hablaron, respondieron preguntas, dieron información sobre cómo funcionaba la red desde el interior del círculo familiar de Cilia Flores. Esa información está en los archivos de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York y puede ser usada en el juicio contra ella.

En octubre de 2022, los narcosobrinos fueron liberados como parte de un intercambio de prisioneros. Estados Unidos los devolvió a Venezuela a cambio de siete estadounidenses que estaban detenidos allá. Volvieron a Caracas con fotos y declaraciones oficiales del régimen. El mismo régimen que los había abandonado por 5 años ahora los recibía como héroes. Pero el daño ya estaba hecho.

Lo que dijeron en 5 años de interrogatorios no desaparece porque los hayan liberado. Y hay un detalle del caso de los narcos sobrinos que casi nadie recuerda, pero que los fiscales no olvidan. Dos testigos clave en ese caso murieron antes de poder declarar. El primero, conocido en los documentos judiciales como Amudí, era el intermediario que había conectado a los sobrinos con el informante de la DEA.

Fueado semanas antes del arresto. El segundo, identificado como CW1, era el informante confidencial de la DEA. Fueado semanas después del arresto de los sobrinos. Dos testigos, dos muertos. En el momento exacto en que representaban un riesgo para la red, la acusación contra Silvia Flores incluye un cargo específico sobre violencia ordenada contra quienes amenazaban las operaciones criminales.

Ese cargo y esas dos muertes forman parte del mismo relato que la fiscalía va a construir ante el jurado. Y también hay otro cooperante que llegó solo, sin negociación como para no dejar dudas. El general retirado venezolano Cliver Alcalá Cordones apareció en Barranquilla, Colombia. Se entregó voluntariamente a las autoridades colombianas y fue transferido inmediatamente a Estados Unidos.

Alcalá también estaba acusado en el mismo expediente que Maduro desde 2020 y en 2023 ya dentro del sistema judicial estadounidense declarado culpable de proveer apoyo material a una organización terror de transferencias ilícitas de armas. Alcalá es el primer condenado del grupo acusado, la primera convicción en el caso y su declaración de culpabilidad, según los fiscales, demostró la disposición de Estados Unidos a perseguir estas acusaciones, incluso cuando los principales acusados estaban fuera de su jurisdicción. Ahora están

adentro. Ahora están en Brooklyn y el 26 de marzo hay una audiencia. Antes de explicarte exactamente qué va a pasar el 26 de marzo, necesitas saber algo sobre la fortuna que dejaron atrás, porque la acusación no solo busca mandarlos a prisión, también busca el decomiso de bienes, activos financieros y propiedades.

Y cuando empiezas a sumar lo que la fiscalía ha identificado vinculado a Silia Flores, la lista es tan larga y tan obscena que resulta difícil reconciliarla con el discurso de la primera combatiente que decía luchar por los pobres. La fiscal general Pond anunció en agosto de 2025 que el paquete de activos confiscados vinculados a Maduro y su círculo cercano ascendía a 700 millones de dólares solo en la primera ronda de incautaciones, solo en países que cooperan con Estados Unidos.

Y Silvia Flores no era solo la esposa del presidente, era, según el expediente y según los testimonios de quienes defectaron del régimen, una figura de poder independiente con su propia red de influencia. Pero más allá de los bienes materiales, hay una fortuna específica de la que nadie habla con suficiente detalle cuando hablamos de Silia Flores.

No son las mansiones ni los aviones, es el poder político acumulado durante 27 años, el control del poder judicial venezolano que describió el magistrado Serpa, la red de 42 familiares distribuidos en posiciones estratégicas del aparato del Estado, la influencia sobre las fuerzas armadas que el expediente describe como parte del sistema de protección de las rutas de narco, eso no está en ninguna bolsa de evidencia del FBI, eso está en testimonio y es exacto.

exactamente el tipo de evidencia que los fiscales van a presentar para mostrar que Silia Flores no era un personaje decorativo, sino una pieza funcional de la maquinaria. Transparencia Venezuela. La organización que ha rastreado activos de funcionarios chavistas durante años, estima que la fortuna total acumulada por Maduro y sus círculos cercanos supera los 3,800 [música] millones dó.

La iniciativa para la recuperación de activos venezolanos calcula que el monto total robado por corrupción durante 27 años de chavismo oscila entre 300,000 y 500,000 millones de dólares, medio billón de dólares, más de un año entero de toda la producción económica de Venezuela. Y Silvia Flores estuvo ahí los 27 años, no como observadora, como protagonista.

Ahora sí, [música] el 26 de marzo. El 26 de marzo de 2026. Esa es la fecha. Esa es la próxima vez que Silia Flores va a salir de su celda en el MDC de Brooklyn, subir a un vehículo blindado, cruzar el puente hacia Manhattan y sentarse en la sala del Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York ante el juez Alvinstein.

Originalmente la audiencia estaba programada para el 17 de marzo, fue aplazada al 26. La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York alegó problemas de agenda y logísticos para justificar el cambio. El juez Egerstein aceptó la solicitud, según el documento oficial, en interés de la justicia. La defensa también aceptó. Nadie puso objeción porque se aplazó realmente los documentos no lo dicen con más detalle, pero los analistas del caso señalan tres razones posibles, todas ellas significativas.

La primera es la más obvia, el volumen de evidencia. En casos federales de narcoterrorismo, la fiscalía está obligada por ley a entregar a la defensa gigabytes de información antes de que el proceso avance. interceptaciones telefónicas, registros de movimientos bancarios, fotografías satelitales, correos electrónicos, testimonios escritos de testigos cooperantes.

Cuando los acusados son el presidente de un país y su esposa con una red que operó durante más de dos décadas en múltiples países, esa cantidad de evidencia es astronómica. [música] La fiscalía necesita tiempo para organizarla, clasificarla y decidir qué partes pueden ser divulgadas sin comprometer identidades de agentes encubiertos o información clasificada de seguridad nacional.

La segunda razón es la Ley de Procedimientos de Información clasificada conocida en inglés como SIPA. Esta ley existe específicamente para casos que involucran a líderes extranjeros o redes transnacionales. Permite que la fiscalía proteja secretos de seguridad nacional o identidades de agentes que todavía están operando en el campo.

El juez actúa como árbitro secreto, revisando en privado qué partes de la evidencia son esenciales para la defensa y cuáles deben ser editadas para proteger intereses de seguridad. En el caso de Silia Flores y Maduro, que involucra operaciones de inteligencia de múltiples agencias durante décadas, ese proceso puede tardar meses.

La tercera razón, la que nadie dice abiertamente, pero que todos los analistas consideran, el pollo Carvajal, su sentencia estaba programada para el 23 de febrero de 2026. Según fuentes judiciales citadas en medios especializados, esa fecha podía ser aplazada dependiendo del ritmo de los interrogatorios que agentes federales le estaban haciendo.

El valor de la información que proporciona Carvajal va a determinar el nivel de reducción de su condena. [música] Y mientras ese proceso de extracción de información está en curso, la fiscalía necesita tiempo para integrar lo que el pollo está revelando con el resto del expediente antes de la siguiente audiencia.

Ahora bien, ¿qué va a pasar exactamente el 26 de marzo? Esta audiencia no es el juicio. Repite esto porque es importante. El 26 de marzo no es el juicio. Es una audiencia de procedimiento previo al juicio y en el sistema federal estadounidense esa distinción es crucial. Lo que probablemente va a ocurrir ese día es lo siguiente.

Los abogados de Silia Flores y de Maduro van a presentar mociones, documentos legales formales que argumentan posiciones sobre cómo debe desarrollarse el caso. La moción más importante, la que el abogado Verry Palc ya anunció en la audiencia del 5 de enero, es la que cuestiona la legalidad de la captura argumentando inmunidad soberana.

¿Qué es la inmunidad soberana? Es el principio legal que protege a los jefes de estado de ser juzgados. por tribunales extranjeros mientras están en el poder. La defensa de Maduro va a argumentar que él era el presidente legítimo de Venezuela cuando fue capturado, que tenía inmunidad como jefe de Estado soberano y que, por lo tanto, el tribunal no tiene jurisdicción para juzgarlo.

Esta estrategia tiene un nombre. Los expertos legales la llaman el argumento noriega. Manuel Noriega fue el dictador de Panamá en diciembre de 1989, cuando las fuerzas especiales estadounidenses entraron a Panamá en la operación Causa Justa, lo capturaron, lo trasladaron a Miami, lo juzgaron en un tribunal federal. Sus abogados argumentaron exactamente lo mismo que argumentará la defensa de Maduro, que era un jefe de estado soberano, que tenía inmunidad, que el tribunal no tenía jurisdicción.

El tribunal federal rechazó el argumento completamente. [música] Noriega fue condenado. Cumplió 17 años de prisión en los Estados Unidos. Luego fue extraditado a Francia, condenado allí también, y murió en 2017 en un hospital de Panamá después de décadas de prisión, sin haber recuperado ni un solo peso de su fortuna.

Pero hay un detalle del argumento de inmunidad soberana que en el caso de Maduro y Silia es todavía más débil que en el caso de Noriega. Y es este, Estados Unidos no reconocía a Maduro como presidente legítimo de Venezuela desde 2019. Desde 2019, 7 años antes de su captura, cuando el propio gobierno de Trump en su primera administración reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, dejó de reconocer a Maduro como jefe de estado soberano.

Más de 50 países siguieron ese reconocimiento. La acusación lo dice de manera explícita en el documento de 25 páginas. Maduro había usurpado el poder y no era el presidente legítimo de Venezuela. Si el tribunal acepta ese argumento, la defensa de inmunidad soberana colapsa antes de empezar. No puedes reclamar inmunidad como jefe de Estado si el Estado que te va a juzgar nunca te reconoció como jefe de Estado.

El exfiscal Dick Gregorie, [música] quien participó directamente en el caso Noriega en 1988, dijo con claridad ante los medios que el argumento de inmunidad soberana no funcionó entonces y no hay razón para creer que funcionará ahora. Los tribunales federales han establecido precedente y en el caso de Maduro y Sidia, el precedente tiene aún menos espacio para ser cuestionado.

La defensa tiene otro argumento. También va a argumentar que la captura fue ilegal, que constituyó un secuestro militar, que las fuerzas especiales violaron el derecho internacional al irrumpir en Venezuela sin proceso de extradición, que la evidencia obtenida durante esa operación no puede ser usada en el juicio.

Este argumento también tiene un precedente claro y también perdió. La doctrina Kfrisbier, establecida en dos casos de la Corte Suprema Estadounidense en 1886 y 1952, dice con una claridad que no admite interpretación alternativa. Los tribunales de Estados Unidos tienen jurisdicción sobre un acusado, independientemente de como llegó ese acusado a custodia estadounidense, aunque fuera capturado ilegalmente, aunque fuera traído en contra de tratados internacionales, el tribunal igual puede juzgarlo.

El abogado de Maduro, Berry Palck, es un defensor brillante. Es el mismo hombre que negoció el acuerdo de culpabilidad y la liberación de Julian Assanch. Sabe lo que hace, pero sabe también, mejor que nadie, que los argumentos que tiene disponibles son los mismos que perdieron en 1990 con Oriega. va a presentarlos de todas formas porque es su obligación defender a su cliente, pero las probabilidades no están de su lado.

Ahora viene algo que nadie está poniendo suficientemente en perspectiva cuando habla de la situación de Silia Flores y es lo que está pasando afuera, específicamente lo que está pasando con las personas que nombra el mismo expediente que la acusa a ella. El expediente del Departamento de Justicia tiene seis acusados en total, incluyendo a Maduro y Silia.

De esos seis, solo dos están en custodia, Maduro y ella. Los cuatro restantes están libres en Venezuela haciendo su vida, participando en el gobierno chavista que sobrevivió a la captura de sus líderes. Uno de esos cuatro es Diosdado Cabello, el hombre que fue descrito por expertos como el segundo hombre más poderoso de Venezuela durante años, el que fue presidente de la Asamblea Nacional, el que dirigió la constituyente chavista, el que el Departamento de Justicia señala como parte central de la red del cártel de los soles. Diosdado Cabello está en

Caracas, da entrevistas, aparece en actos del partido, sigue siendo una figura de poder en el régimen de Delquy Rodríguez. Otro de los acusados que sigue libre es Ramón Rodríguez Chaí, el [música] exministro del Interior venezolano, también libre, también en Venezuela. Y luego está el acusado que más duele para la situación personal de Silia Flores.

[música] Nicolás Ernesto Maduro Guerra, Nicolasito, el príncipe, el hijastro al que ella crió, el hijo biológico de Maduro con otra mujer que Silia Flores adoptó como propio cuando comenzó su relación con el presidente. El mismo nicolasito que el 5 de enero de 2026, dos días después de que las esposas de metal se cerraron en las muñecas de su madrastra, se paró en la Asamblea Nacional de Venezuela a dar un discurso en el que la defendió públicamente y la llamó su segunda madre. Nicolasito tiene 34 años.

Es diputado de la Asamblea Nacional por el Partido Socialista Unido de Venezuela. La Fiscalía Federal de Estados Unidos lo acusa de tres cargos: conspiración para importar, posesión de armas y dispositivos [música] destructivos y conspiración para poseer esas armas. El expediente dice que en 2017 presuntamente trabajó para embarcar cientos de kilogramos de Venezuela a Miami y que en 2020 asistió a una reunión en Medellín con representantes de las FARC, donde discutió acuerdos para mover grandes cantidades de y desde

Colombia hacia los Estados Unidos durante los siguientes 6 años hasta 2026. Hasta 2026, el año en que sus padres están presos en Brooklyn. [música] Nicolasito está en Venezuela. La orden de arresto de la fiscalía estadounidense pesa sobre el Pero Venezuela no tiene tratado de extradición con Estados Unidos.

Está a salvo mientras permanezca dentro de las fronteras venezolanas, pero sabe que su madrastra, la mujer que lo crió, la mujer que llamó su segunda madre, está en una celda de 6 m² en Brooklyn sin poder ver el sol. Y desde esa celda, [música] Cilia Flores no puede hablar con él sin que la llamada sea monitoreada.

No puede enviarle mensajes sin que sean revisados. No puede coordinar nada. No puede ser la figura de autoridad que fue para él durante 34 años. La primera combatiente está reducida a esperar que su abogado le traiga noticias del mundo exterior. Hay otro elemento nuevo del expediente que los medios mencionaron, pero que pocos explicaron con suficiente detalle y es la parte que más claramente conectailia Flores con la operación criminal.

Más allá de los cargos genéricos de conspiración. El documento de 25 páginas incluye lo que en el derecho penal federal estadounidense se llama Ubert Acts. Actos manifiestos. [música] Son acciones específicas con fechas, nombres y circunstancias que la fiscalía alega que los acusados cometieron como parte de la conspiración.

No son afirmaciones generales, son hechos concretos que la fiscalía dice poder probar. Uno de esos actos manifiestos, específicamente relacionado con Cilia Flores, dice que mientras era diputada recibió cientos de miles de dólares por organizar reuniones entre narcotraficantes y altos funcionarios venezolanos, incluyendo al que sería ministro del Interior.

Eso es un acto manifiesto. Tiene un tiempo, tiene un cargo, tiene una acción, tiene un pago. Otros actos manifiestos del expediente, aunque atribuidos al conjunto de la conspiración, describen el uso de colectivos, las bandas armadas civiles que el chavismo mantuvo en los barrios venezolanos como fuerza paramilitar informal para proteger los cargamentos de droga.

El expediente dice específicamente que Maduro y Flores de Maduro mantenían sus propios grupos de pandillas estatales, conocidos como colectivos, para facilitar y proteger sus operaciones de narcotráfico. Estos no son grupos ajenos al régimen que aprovecharon el caos. Son grupos que, según la acusación, respondían directamente a la pareja presidencial.

Y hay un acto manifiesto que ilustra la escala de toda la operación de una manera que ninguna cifra abstracta puede igualar. Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, citado directamente en el expediente, entre 200 y 250 toneladas de pasaban por Venezuela anualmente durante los años del régimen, 200 a 250 toneladas cada año, un flujo constante que salía por las costas venezolanas en botes de alta velocidad, en barcos pesqueros, en contenedores, desde pistas clandestinas de tierra y pasto, pero también desde aeropuertos

comerciales controlados por las autoridades venezolanas. Esaina terminaba en las calles de Estados Unidos. Se convertía en muertes por sobredosis, en familias destruidas, en comunidades devastadas. Y una porción de las ganancias de esa droga, según la acusación, volvía a Caracas en forma de pagos a funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos.

Los fiscales usaron una frase en el expediente que resume todo el esquema en una sola línea. Este ciclo de corrupción basada en narcóticos llena los bolsillos de los funcionarios venezolanos y sus familias, mientras beneficia a los narcoterroristas violentos que operan con impunidad en suelo venezolano. Los bolsillos de los funcionarios y sus familias.

[música] Esa frase está en el mismo documento que nombra a Silia Flores como acusada. Ahora hay algo sobre la situación de CIA en Brooklyn que nadie ha podido confirmar porque el sistema carcelario federal no da información sobre reclusos individuales. Pero los expertos en prisiones federales que hablaron con los medios y los abogados que tienen clientes en el MDC dan pistas sobre cómo funciona el sistema para mujeres de alto perfil en confinamiento.

En el MDC existen secciones separadas para hombres y mujeres. Las mujeres de alto perfil, especialmente las que representan riesgos de seguridad o que podrían estar en peligro dentro de la población general, van a la unidad de vivienda especial. Las mismas 23 horas de encierro, el mismo colchón de 2 pulgadas sobre la losa de metal, la misma manta única de lana, pero sin el contacto con otros presos que la población general tiene, sin la posibilidad de conversar en el patio, de participar en actividades grupales, de romper la monotonía del aislamiento con cualquier

forma de interacción social. La mujer que durante 27 años estuvo rodeada de colaboradores, asistentes, guardaespaldas, periodistas, funcionarios y activistas, ahora tiene como compañía de tiempo completo una celda de 6 m² y el sonido de una prisión federal que no fue diseñada para la comodidad de nadie.

El consultor federal de prisiones, Samangel, describió el MDC ACNN con tres palabras: “Verdaderamente es el infierno.” Dijo que la calefacción es insuficiente, que el sistema de ventilación es primitivo, que los colchones son una combinación de 2 pulgadas de material sobre metal. dijo que los presos de alto perfil están aislados de la población general por razones de seguridad, pero ese aislamiento tiene un costo.

En términos psicológicos, el confinamiento solitario prolongado produce efectos documentados sobre la salud mental que las investigaciones en prisiones federales han establecido con claridad, ansiedad, depresión, [música] desorientación temporal y en casos extremos alucinaciones. Para una mujer de 69 años con posibles fracturas en las costillas en el frío de febrero en Nueva York, esos efectos no son teóricos.

son una realidad diaria que su abogado Mark Donelli está monitoreando y sobre la cual puede presentar argumentos al tribunal si considera que las condiciones de detención están afectando la capacidad de Silia Flores de participar adecuadamente en su propia defensa. Y hay un elemento de la situación de Silia Flores que hace que su caso sea diferente al de su marido en un sentido que va más allá de los cargos legales.

Maduro tiene un abogado de estrella. [música] Verry Pick, el hombre que liberó a Julian Assan, el hombre que se especializa en casos que combinan política internacional con derecho penal federal. Es uno de los abogados más reconocidos de Washington. Silvia Flores tiene a Mark Donelli, ex fiscal federal, exasesor principal del fiscal del distrito sur de Texas, exjefe de la división de fraude en esa oficina.

Un hombre que conoce el sistema desde adentro porque trabajó dentro de ese sistema. Un hombre que sabe exactamente cómo piensa la fiscalía porque fue fiscal. Eso tiene ventajas y tiene limitaciones. La ventaja es que conoce los argumentos antes de que los pronuncien. La limitación es que no tiene el perfil mediático de PADEC, no tiene la red de contactos internacionales de PADEC y no tiene la experiencia específica en casos de jefes de estado extranjeros que solo alguien como PEC podría tener.

La pregunta que nadie está respondiendo abiertamente es si los abogados de CIA y de Maduro van a coordinar una estrategia conjunta o si van a defenderse por separado. En casos de cónyuge coddefendidos, la estrategia conjunta tiene ventajas de consistencia del relato, pero tiene el riesgo enorme de que si uno decide cooperar con la fiscalía a cambio de reducción de condena, el otro queda expuesto.

En el sistema federal estadounidense, la cooperación de un cónyuge contra el otro no es infrecuente, es brutalmente pragmática, pero existe. Ningún medio ha reportado señales de que Silia Flores esté considerando cooperar. Pero en Brooklyn, a 69 años con costillas posiblemente fracturadas, con cadena perpetua como escenario máximo, la aritmética de la supervivencia tiene una lógica propia que a veces supera la lealtad de décadas.

Mientras tanto, afuera del MDC de Brooklyn, en el mundo que Silia Flores ya no puede tocar, hay conversaciones que ocurren en silencio [música] y que van a tener consecuencias directas sobre su futuro. En Suiza, 36 cuentas bancarias vinculadas a Maduro y sus asociados están congeladas desde el 5 de enero de 2026, 2 días después de la captura.

El Consejo Federal Suizo actuó con una velocidad que sorprendió a los analistas financieros. Congelamiento inmediato, 4 años de duración mínima con la ley federal suiza sobre activos ilícitos de personas políticamente expuestas como fundamento. La pregunta que nadie puede responder porque Suiza no lo dice es cuánto dinero hay en esas cuentas.

Puede ser decenas de millones, puede ser cientos de millones, puede ser parte del rastro de las 113 toneladas de oro que salieron del Banco Central Venezolano entre 2013 y 2016. Lo que sí sabemos es que Suiza actuó dos días después de la captura con la precisión de alguien que ya sabía exactamente qué cuentas congelar, alguien que había estado esperando este momento.

Lo que eso significa para el caso judicial es importante. Esas cuentas congeladas son potencialmente evidencia de activos ilícitos. Y si la fiscalía logra que Suiza comparta información sobre esas cuentas como parte de la cooperación judicial internacional, el caso contra Silia Flores y Maduro gana una dimensión financiera que lo haría todavía más difícil de refutar.

Ahora viene el punto que cambia la perspectiva de todo lo demás, porque hemos hablado de los cargos, de los testigos, de las audiencias, de las condiciones de la celda. Pero hay una pregunta que nadie está haciendo directamente y que es la más importante de todas para entender lo que está viviendo Silia Flores en este momento.

¿Qué significa para una persona que tuvo todo el poder, que controló jueces, que movió generales, que gobernó desde las sombras durante 27 años? ¿Quedarse de golpe sin nada? No es una pregunta psicológica abstracta, es una pregunta con consecuencias legales concretas, porque las investigaciones sobre lo que les pasa a los líderes autoritarios cuando caen del poder muestran un patrón consistente.

El colapso de la identidad que estaba construida sobre ese poder puede acelerar el deterioro de la salud física y mental de manera dramática. El caso de Noriega es ilustrativo. Cuando llegó a Miami en 1990, Noriega tenía 55 años. Era un hombre que había manejado el aparato de poder panameño durante años. Dentro de la cárcel federal se deterioró progresivamente.

Su salud, que ya no era ideal cuando fue capturado, fue declinando durante sus 17 años de prisión en Estados Unidos. Fue trasladado de regreso a Panamá en 2011 por razones humanitarias. Murió en 2017 después de una cirugía cerebral que ocurrió mientras estaba bajo custodia panameña. Silia Flores tiene 69 años.

13 más que Noriega cuando fue capturado con posibles costillas fracturadas en una celda de confinamiento solitario en una de las prisiones federales más difíciles del sistema estadounidense en un proceso judicial que va a tardar años con la posibilidad de una condena que significa morir adentro.

La crueldad específica de su situación no es solo la celda, ni el colchón de dos pulgadas, ni el frío de Brooklyn. Es la espera. Es no saber. Es cada mañana a las 6 despertarse y seguir sin saber cuándo va a terminar esto, sin saber qué testigo va a decir que en la audiencia del 26 de marzo, sin saber si el pollo Carvajal ya entregó los documentos que prometió, sin saber si Nicolasito va a poder hacer algo desde Caracas para cambiar el rumbo del proceso, sin saber cuánto tiempo más va a pasar en ese edificio de Sunset Park, Brooklyn, a 25 minutos en carro de un

mundo al que ya nunca va a volver. Los colectivos, los pasaportes diplomáticos dados a narcotraficantes, las reuniones organizadas por cientos de miles de dólares, los sobrinos grabados por la DEA en un hotel de Haití mientras negociaban 800 kg de El Pollo Carvajal declarándose culpable en el mismo tribunal que ahora la juzga a ella.

Cliver Alcalá entregándose voluntariamente el día después de la captura. Todo el peso de 25 años de decisiones está llegando a Brooklyn empaquetado en Gigabytes de evidencia que los fiscales de High [música] Clighton están organizando para presentarla ante un jurado. Y ese jurado, cuando llegue el momento del juicio, va a ser un grupo de ciudadanos estadounidenses comunes, no políticos, no aliados de ningún bando.

Personas que van a escuchar la evidencia y van a decidir si la mujer que se identificó ante el juez como la primera dama de la República de Venezuela es culpable o inocente de los crímenes que el gobierno de los Estados Unidos le atribuye. [música] El mismo gobierno que ella y su marido llamaron imperialismo yankee durante 27 años.

El 26 de marzo es solo el siguiente paso. Después vendrán más audiencias, más mociones, más fechas en el calendario judicial. [música] El proceso tiene su propio ritmo y ese ritmo no se apresura por nadie, ni por la edad de Silvia Flores, [música] ni por sus costillas, ni por el frío de Brooklyn. El sistema federal estadounidense tiene la paciencia que los poderosos nunca esperan encontrar cuando son los que están adentro.

Hay una imagen final que vale más que cualquier análisis. El 15 de agosto de 2006, Cilia Flores se convirtió en la primera mujer presidenta de la Asamblea Nacional de Venezuela. Llevaba un traje rojo, el color del chavismo, el color de la revolución. Tenía 49 años. Frente a ella, el salón legislativo estaba lleno de diputados que aplaudían.

tenía toda la vida política por delante, [música] tenía el poder, tenía el proyecto, tenía la convicción o al menos la apariencia de la convicción de que lo que hacían era correcto. 20 años después, el 26 [música] de marzo de 2026, Cilia Flores va a entrar a otra sala. También estará llena de gente, periodistas, abogados, fiscales, agentes federales, pero nadie va a aplaudir, nadie va a gritar consignas, va a llevar ropa de prisión en lugar de traje rojo, va a entrar escoltada por alguaciles federales en lugar de rodeada de colaboradores. Y el

hombre que va a tener el poder en esa sala no va a ser venezolano, no va a ser chavista, no va a deber nada a nadie en Caracas, va a ser Alvin Kaigerstein. 92 años, juez federal del distrito sur de Nueva York, un hombre que lleva décadas en ese cargo, que ha visto pasar por su sala a criminales de todo tipo y nivel y que no tiene ningún motivo para tratar el caso de Silia Flores de manera diferente a cualquier otro caso de narcismo que ha llegado ante él.

La primera dama de Venezuela ante un juez de Brooklyn, [música] la primera combatiente esperando que un funcionario estadounidense decida cuando puede ducharse. La mujer que controlaba el poder judicial venezolano dependiendo de un juez que no le debe nada y no teme nada. 47 días presa con muchos, muchos más por delante.

Y en Brooklyn, en el silencio de esos 6 m², con el frío de febrero filtrándose por las paredes de concreto, con la única manta de lana que no alcanza para todo el cuerpo, con las costillas que posiblemente todavía duelen, con el sonido de la llamada de conteo a las 6 de la mañana que no le pregunta si tiene sueño. Silia Flores tiene tiempo.

Tiempo que nunca tuvo en 27 años de poder. tiempo para pensar en todo lo que pasó, en todo lo que hicieron, en todo lo que dejaron atrás y en lo que viene el 26 de marzo.