La historia de la música regional mexicana no se puede entender sin el apellido Aguilar. Durante décadas, la imagen de Antonio Aguilar y Flor Silvestre fue sinónimo de integridad, valores tradicionales y un éxito construido a base de esfuerzo y talento. Sin embargo, tras la muerte de la matriarca el 25 de noviembre de 2020, una verdad oculta durante trece años emergió de las sombras del rancho El Soyate, en Zacatecas, para poner a prueba el legado de una de las familias más influyentes de México.

El secreto en el lecho de muerte

Todo comenzó dos días antes del fallecimiento de Flor Silvestre. A sus 90 años, consciente de que su corazón se apagaba, la gran señora de la canción llamó a su habitación a su nieta Ángela Aguilar, quien entonces apenas tenía 17 años. En una conversación que duró más de dos horas, Flor reveló un secreto que había guardado sola desde 2007, año en que murió el legendario “Charro de México”. La fortuna declarada de Antonio Aguilar, estimada en 20 millones de dólares, era solo la punta del iceberg.

Flor le entregó a Ángela un sobre manila sellado con instrucciones precisas. Dentro se encontraba un codicilo testamentario que revelaba activos por casi 27 millones de dólares adicionales que nunca fueron declarados oficialmente. Propiedades en Texas, cuentas de inversión en Houston, obras de arte de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, y un complejo sistema de derechos de autor internacionales formaban parte de un patrimonio oculto por el miedo de Antonio Aguilar a un sistema fiscal que sentía que podía arrebatarle el fruto de 60 años de trabajo.

La bóveda subterránea y la fractura familiar

La revelación no solo fue un golpe financiero, sino una bomba de tiempo emocional. Las investigaciones posteriores confirmaron la existencia de una bóveda subterránea construida en 2006 en una zona remota del rancho El Soyate. Esta cámara acorazada, cuya ubicación solo conocía Flor Silvestre, albergaba contratos originales de 73 películas y documentos que probaban la existencia de la corporación Aguilar Legacy Holdings LLC en Estados Unidos.

Tras la muerte de Flor, la familia se fracturó. Por un lado, Pepe Aguilar, líder actual de la dinastía, insistió en la transparencia total y en regularizar la situación ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Por otro, su hermano Antonio Aguilar Junior y los hijos del primer matrimonio de Flor, los Rubiales, temían que la verdad manchara irreparablemente la memoria de su padre, presentándolo ante el público como un evasor fiscal. En medio de esta tormenta se encontraba Ángela, la mensajera de un secreto que no pidió y que la sumió en crisis de ansiedad e insomnio.

Una verdad de 14 millones de dólares

El 3 de febrero de 2021, Pepe Aguilar tomó la decisión más difícil de su vida profesional: dar la cara. En una conferencia de prensa que paralizó a los medios de comunicación, el cantante, acompañado de una demacrada Ángela, admitió las omisiones fiscales de sus padres. “Mi padre no era un criminal, era un hombre que desconfiaba del sistema y quería proteger a su familia”, declaró Pepe con voz quebrada.

La familia acordó un plan de pago con el SAT que ascendió a 14.3 millones de dólares, incluyendo multas y recargos por trece años de mora. Para cubrir esta deuda, se vieron obligados a subastar parte de la valiosa colección de arte y vender la hacienda de Texas. Además, en un acto de redención pública, Ángela y su hermano Leonardo renunciaron a un fideicomiso de 2.5 millones de dólares, donándolo íntegramente a fundaciones de apoyo a músicos vulnerables.

El costo del legado

Aunque la situación legal se ha ido estabilizando, el costo humano ha sido devastador. La relación entre Pepe y Antonio Junior se rompió, dejando de hablarse durante años. Ángela Aguilar, la “Princesa de la Música Mexicana”, vio cómo su imagen de pureza era atacada ferozmente en redes sociales, obligándola a buscar terapia profesional para lidiar con el acoso y el peso de la responsabilidad familiar.

Hoy, el rancho El Soyate guarda el silencio de una época dorada que ya no volverá a ser vista con la misma inocencia. La valentía de Pepe al elegir la verdad sobre el secreto ha salvado legalmente a la familia, pero ha dejado cicatrices profundas. El legado de Antonio Aguilar sobrevive en sus canciones, pero ahora bajo la