Lo que acaba de hacer Shakira no es un gesto menor ni un simple anuncio televisivo; es una decisión quirúrgica que vuelve a ponerla en el centro del escenario español, justo donde todo comenzó y donde, para muchos, todo parecía haber terminado. La noticia ha corrido como la pólvora: Shakira confirmó su regreso a la televisión española para cerrar el año 2025 en TVE, protagonizando el programa especial de Nochevieja “La Casa de la Música”. Este movimiento, cargado de un simbolismo profundo, marca un antes y un después en su relación con el país que fue su hogar durante más de una década.

Para la artista colombiana, España no es cualquier país. Es el lugar donde formó una familia, donde construyó una vida doméstica alejada de los focos y donde también atravesó una de las rupturas más mediáticas y dolorosas de la historia del entretenimiento. Volver ahora, como la protagonista absoluta de la noche más importante del año, es un mensaje claro de resiliencia. Shakira no regresa para pedir permiso ni para dar explicaciones; vuelve como la estrella global que nunca dejó de ser. Durante el anuncio oficial en Televisión Española, la cantante expresó con una naturalidad pasmosa: “Volver a TVE es volver a una parte de mi historia y de mi carrera”. Una frase corta pero letal, considerando que esa “historia” está grabada en la memoria colectiva del público español.

Desde el punto de vista mediático, la jugada es impecable. Mientras ella se prepara para brillar ante millones de espectadores, es inevitable pensar en la incomodidad que este regreso genera en su antiguo entorno. Gerard Piqué y Clara Chía se encuentran ante un contraste que habla por sí solo. Sin necesidad de ataques directos ni menciones explícitas, la presencia de Shakira en el prime time español redefine quién ostenta el verdadero poder de convocatoria. Ella ya no es “la pareja de”; es Shakira, la fuerza de la naturaleza que cierra el año en la cadena más tradicional e institucional del país.

Pero este regreso a la televisión es solo la punta del iceberg de un año que ha sido, sencillamente, histórico. En 2025, Shakira no solo ocupó titulares, sino que se sentó en la cima absoluta del negocio musical. Su gira “Las mujeres ya no lloran World Tour” se ha consolidado como un fenómeno sin precedentes, recaudando la astronómica cifra de 327,4 millones de dólares. Estos datos, respaldados por publicaciones de la talla de Forbes y Billboard, la sitúan como la artista latina femenina con mayores ingresos del año. No estamos ante un éxito basado en la nostalgia, sino en una vigencia arrolladora que desafía cualquier lógica de la industria.

La magnitud de su éxito se refleja en récords que parecen inalcanzables. En México, logró agotar siete fechas consecutivas en el Estadio GNP Seguros, una hazaña que ningún artista había logrado antes. En su natal Colombia, hizo historia al ser la primera mujer en llenar cinco estadios en una sola gira. Incluso en Norteamérica, la demanda fue tan masiva que su equipo se vio obligado a cambiar arenas por estadios antes de que comenzara el tour. Detrás de estos números hay una maquinaria logística impresionante: solo en Colombia, cada concierto empleó a más de 2.500 personas, desde técnicos hasta personal de seguridad, demostrando que el nombre de Shakira es, hoy por hoy, una industria en sí misma.

Lo más fascinante de este fenómeno es la composición de su audiencia. Lejos de depender de fans que crecieron con sus primeros éxitos, Shakira ha logrado una renovación generacional envidiable. Con más de 59 millones de oyentes mensuales en Spotify, el 70% de su público tiene menos de 34 años. Sus canciones se reproducen a un ritmo de 7.000 veces por minuto a nivel global, y temas como “Soltera” han acumulado cientos de millones de escuchas en tiempo récord. Esto demuestra que su mensaje de empoderamiento y libertad ha conectado profundamente con los jóvenes, convirtiéndola en un referente cultural atemporal.

En una entrevista reciente, la cantante reflexionó sobre lo que significa el éxito para ella en esta etapa de su vida. “Siento que mi música dejó de pertenecerme solo a mí y empezó a pertenecer al público global”, afirmó. Para Shakira, el éxito ya no se mide solo en rankings o dinero —aunque le sobren ambos—, sino en la capacidad de ser dueña absoluta de su vida y de su narrativa. Este cierre de año en España es la culminación perfecta de esa visión. Mientras el mundo brinda por el año nuevo, ella estará allí, cantando en el corazón del país que la vio caer y que ahora la ve levantarse más fuerte que nunca. Es un cierre simbólico que deja claro que su vínculo con España no ha terminado; simplemente ha evolucionado hacia una forma de poder mucho más pura y personal. Sin pedir permiso y sin mirar atrás, Shakira termina el 2025 demostrando que, en el juego de la vida y la música, ella siempre tiene la última palabra.