El Festival de Cosquín es, por excelencia, el templo del folklore argentino, un lugar donde solo las voces más preparadas y auténticas logran conquistar a la “plaza”. Por eso, cuando se anunció la participación de Cazzu junto a los legendarios Los Nombradores del Alba, las expectativas y las dudas corrieron a la par. Sin embargo, lo que ocurrió sobre el escenario fue mucho más que una simple colaboración; fue la confirmación de un crecimiento artístico que ha dejado a expertos y críticos sin palabras. La reconocida vocal coach Ceci Dover ha realizado un análisis exhaustivo de esta presentación, destacando un avance que muchos consideraban improbable.

Una mejora notable sin “truquitos”

Desde los primeros acordes de “Me tocó perder”, quedó claro que no estábamos ante la Cazzu de años anteriores. La coach Dover enfatiza que el progreso en la afinación y el control vocal de la artista es innegable . “Está absorbiendo como una esponja todo lo que le están enseñando y se nota arriba del escenario”, comenta la experta. A pesar de que Cazzu posee una tesitura más aguda, se arriesgó a cantar en tonalidades graves, un registro que suele ser difícil para ella pero que manejó con una laringe controlada y sonidos oscuros y estables .

Uno de los puntos más destacados del análisis es la ausencia total de herramientas digitales como el autotune. Cazzu cantó 100% en vivo, enfrentándose a la crudeza del escenario con su voz natural . Esta valentía es lo que, según Dover, permite apreciar su verdadera evolución, acercándose incluso a la calidad de sus grabaciones de estudio pero con la emoción añadida del directo.

La humildad frente a los grandes

Cazzu no solo brilló por su técnica, sino por su actitud. Al presentarse junto a voces tan potentes y experimentadas como las de Facundo Toro, Diego, Nacho y Lucas, la cantante mostró un respeto profundo y una humildad que conmovió al público . Reconoció estar en un proceso de aprendizaje, declarándose “humildemente al lado de ustedes”. Esta transparencia, según la coach, es la clave de su conexión con la audiencia; no intenta ocultar sus miedos, sino que los utiliza para potenciar su interpretación.

En la interpretación de “Zamba para olvidar”, una pieza icónica que cumplía 50 años en ese escenario, Cazzu demostró que el canto es un arte integral. No se limitó a emitir notas; utilizó todo su cuerpo y expresión facial para transmitir el dolor y la melancolía de la letra . “Llora la nota también”, señala Dover, observando cómo las muecas de tristeza en su rostro acompañaban perfectamente la intención vocal.

Un ensamble mágico de voces

El desafío técnico de cantar con un cuarteto de la potencia de Los Nombradores del Alba no es menor. Los cantantes folclóricos tuvieron que modular su intensidad y cantar con “muchísimo aire” para no tapar la voz más pequeña de Cazzu en las tonalidades bajas . El resultado fue un ensamble redondo, con armonías en la cuarta octava y notas de pasaje que crearon una atmósfera mágica en la plaza de Cosquín .

La presentación culminó con una ovación que trascendió lo musical. Para Ceci Dover, Cazzu ha logrado algo extraordinario: exportar la música argentina y el folklore a nuevas generaciones y otros rincones del mundo a través de su propia magia comercial y su evolución personal . Este Cosquín no fue solo un concierto; fue el testimonio de una artista que, a base de esfuerzo y respeto por sus raíces, ha silenciado a los escépticos y ha demostrado que el camino del aprendizaje es, en realidad, el camino de la verdadera grandeza.