El éxito, cuando es tan abrumador como el que está viviendo Shakira en su etapa actual, suele generar admiración, pero también envidias profundas y sombras que intentan empañar el brillo ajeno. Lo que comenzó como una noticia desconcertante en el estado de Chiapas, México, ha escalado hasta convertirse en un escándalo mediático y financiero de proporciones internacionales que apunta directamente hacia su expareja, Gerard Piqué, y su entramado empresarial.

Todo saltó por los aires hace apenas unos días cuando los fans de la barranquillera se toparon con una promoción inaudita: Banamex lanzaba una oferta de boletos al 2×1 para el concierto de Shakira en Tuxtla Gutiérrez, programado para el 21 de febrero. La noticia corrió como la pólvora y las burlas no tardaron en aparecer. Titulares malintencionados sugirieron que la “era Shakira” estaba llegando a su fin y que la artista no lograba llenar estadios en tierras aztecas. Sin embargo, para cualquiera que siga la trayectoria del “Las Mujeres Ya No Lloran World Tour”, estas afirmaciones carecían de sentido. Shakira viene de registrar llenos totales en cuestión de minutos en las plazas más exigentes del mundo. Entonces, ¿por qué en Chiapas se estaban regalando entradas?

La respuesta no se encontraba en la falta de interés del público, sino en los despachos. Una investigación exhaustiva ha revelado que ni Live Nation ni Sony Music, los organizadores oficiales de la gira, tenían conocimiento de esta promoción. La campaña fue lanzada de manera unilateral por una agencia de marketing digital llamada Luna PR México. Al rastrear los registros mercantiles de esta empresa, surgió el primer dato inquietante: la agencia tiene vínculos comerciales con una filial en Miami que, a su vez, mantiene relaciones directas con Cosmos Media Group, el holding empresarial liderado por Gerard Piqué.

La sospecha de un sabotaje orquestado comenzó a cobrar fuerza. Según fuentes cercanas al management de la artista, Shakira habría recibido advertencias sobre movimientos extraños en la gestión de entradas días antes de que la promoción se hiciera viral. “Hay movimientos extraños, alguien está manipulando los datos de venta”, fue la alerta que recibió su círculo cercano. Lo que parecía un error administrativo resultó ser, presuntamente, una jugada calculada para dañar la reputación y la marca de la cantante en uno de sus mercados más fieles.

La reacción de la barranquillera ha sido la de una mujer empoderada que ya no permite que las sombras del pasado dicten su presente. Lejos de amedrentarse, su equipo legal en Miami y Ciudad de México ha iniciado una revisión exhaustiva de cada contrato de patrocinio. La orden de Shakira fue clara y contundente: identificar cualquier vínculo, por pequeño que sea, con empresas relacionadas directa o indirectamente con el entorno de Piqué. “No es el dinero, es la intención”, habría confesado a su círculo íntimo, mostrando su indignación por el intento de manipular su imagen profesional.

El escándalo, bautizado en redes sociales como el “CosmosGate”, ha tenido un efecto inesperado para quienes supuestamente intentaron perjudicarla. En lugar de alejar al público, la polémica generó una ola de solidaridad sin precedentes. En menos de 48 horas tras aclararse que la promoción no era oficial y que existía un trasfondo turbio, las entradas para el concierto en Chiapas se agotaron por completo. Los fans mexicanos, heridos en su orgullo y leales a su ídolo, respondieron comprando boletos masivamente como gesto de apoyo. Es lo que los expertos en marketing ya llaman el “efecto rebote”: el intento de sabotaje solo sirvió para humanizar aún más a la artista y fortalecer su vínculo con la audiencia.

Mientras tanto, en Barcelona, el silencio de Gerard Piqué ha sido ensordecedor. Abordado por la prensa en un evento deportivo reciente, el exfutbolista se limitó a decir: “No tengo nada que ver con eso, que se hable de fútbol”. Sin embargo, su lenguaje corporal denotaba una incomodidad evidente. La sombra de la sospecha es alargada, especialmente cuando medios de investigación españoles han comenzado a publicar trazabilidades financieras que conectan a socios de Luna PR con filiales de Cosmos que reciben fondos desde cuentas asociadas al entorno de Piqué.

La situación es especialmente delicada para el exjugador del FC Barcelona, ya que este escándalo reputacional está empezando a afectar sus propios negocios. Se rumorea que varios patrocinadores de sus proyectos deportivos han solicitado revisiones de contrato ante el daño que esta polémica está causando a su imagen pública. El contraste es casi poético: mientras Shakira sigue batiendo récords de recaudación —superando los 320 millones de dólares con su gira actual y posicionándose como la artista latina con mayores ingresos según