El drama que rodea la separación de Shakira y Gerard Piqué parece no tener un punto final. Cuando el mundo pensaba que la mudanza de la artista a Miami traería la calma necesaria para ambos, un nuevo y explosivo conflicto ha estallado en suelo español. El epicentro de esta batalla es la icónica mansión de Esplugues de Llobregat, el refugio que la pareja construyó en 2012 y que hoy se ha convertido en el símbolo de una disputa financiera cargada de resentimiento.

Según las últimas revelaciones del periodista Jordi Martín, quien ha seguido de cerca cada paso de la pareja durante más de una década, la relación entre el exdefensa del FC Barcelona y la estrella colombiana ha vuelto a entrar en una fase de “guerra total”. El motivo es estrictamente económico, pero con un trasfondo emocional que hace que cada negociación se sienta como un ataque personal. Piqué, presionado por una aparente necesidad urgente de liquidez, está intentando vender la propiedad por una cifra que Shakira considera ofensiva.

La mansión, situada en una de las zonas más exclusivas a las afueras de Barcelona, no es solo ladrillos y cemento. Es el lugar donde nacieron Milan y Sasha, y donde Shakira invirtió no solo millones de euros, sino también sus esperanzas de una vida familiar estable. Las escrituras del inmueble, que datan de abril de 2012, revelan que la propiedad está a nombre de una sociedad denominada “Two and Two”, administrada por el padre de Gerard, Joan Piqué. Este entramado legal pone a la cantante en una posición vulnerable, a pesar de que ella fue quien impulsó gran parte de la inversión inicial.

La discrepancia en el precio es abismal. Shakira, consciente del valor de mercado y de la exclusividad de la zona donde residen empresarios y deportistas de élite, ha tasado la vivienda en unos 12 millones de euros. Su postura es firme: no tiene prisa por vender y no está dispuesta a regalar ni un solo euro de lo que legítimamente le corresponde. Por el contrario, Piqué está presionando para cerrar la venta por una cifra cercana a los 6 o 7 millones de euros, casi la mitad de lo que pide la colombiana.

¿A qué se debe esta prisa desesperada de Gerard Piqué? Los análisis apuntan a que sus negocios no atraviesan el mejor momento. Tras la pérdida del contrato de la Copa Davis y una aparente desaceleración en el fenómeno de la Kings League, el catalán necesita efectivo de manera inmediata. Además, se rumorea que su deseo es construir una nueva residencia a las afueras de la ciudad para iniciar una vida definitiva con Clara Chía, lejos de los recuerdos de su matrimonio anterior.

Expertos en bienes raíces señalan que, aunque el valor objetivo de la casa podría oscilar entre los 6 y 10 millones de euros según los metros construidos, el “factor celebridad” podría elevar el precio significativamente, tal como ha ocurrido con propiedades de figuras como Michael Jackson. Shakira se aferra a esta lógica, mientras que Piqué parece ignorar el valor añadido con tal de obtener el dinero rápido.

La tensión ha llegado a tal punto que Shakira ha expresado a su círculo más íntimo que lo que Piqué pretende darle es “una auténtica miseria”. Estas palabras sugieren la existencia de acuerdos privados firmados ante notario que ahora el exfutbolista estaría intentando sortear o minimizar. La situación es especialmente dolorosa para la artista, quien actualmente se encuentra enfocada en su gira mundial y debe lidiar con este nuevo “disgusto” provocado por su exmédico.

La sombra de Joan Piqué como administrador de la sociedad propietaria añade una capa extra de complejidad al conflicto. Al tener el control legal, la familia Piqué podría, en teoría, tomar decisiones sin el consentimiento explícito de Shakira, lo que obligaría a la cantante a emprender acciones legales por incumplimiento de acuerdos privados o incluso a solicitar una investigación sobre la estructura de dichas sociedades en el marco de su proceso de separación.

Mientras la mansión de Esplugues de Llobregat permanece vacía, sus muros son testigos silenciosos de una de las rupturas más mediáticas del siglo. Lo que comenzó como un proyecto de amor eterno en 2012, hoy se desmorona entre tasaciones inmobiliarias, discusiones por WhatsApp y la fría realidad de dos personas que ya no encuentran un terreno común ni siquiera en el precio de su pasado. Shakira sigue firme en Miami, protegiendo su patrimonio y el futuro de sus hijos, mientras Piqué busca en Barcelona la salida rápida a un laberinto financiero que él mismo parece haber construido.