
El nombre de Yeison Jiménez no es cualquier nombre en la música popular colombiana.
Es sinónimo de lucha, de letras nacidas desde la calle, de una voz que no se pulió para agradar, sino para decir verdades.
Por eso, cuando comenzó a circular el rumor de que habría muerto hacía dos días, el país entero se paralizó.
No importaba si era cierto o no en ese instante: el impacto emocional fue real, inmediato y devastador.
Las redes sociales se llenaron de mensajes de incredulidad, despedidas anticipadas y preguntas sin respuesta.
Nadie entendía cómo una vida tan activa, tan visible, tan llena de proyectos, podía estar envuelta de pronto en un silencio tan espeso.
Mientras tanto, las autoridades hablaban de procesos, de verificaciones, de investigaciones en curso.
Pero en las casas, en los buses, en los teléfonos, la gente solo pensaba en una cosa: ¿qué pasó con Yeison?
Fue entonces cuando Orlando Jiménez Aristizábal, su padre, decidió romper el silencio.
No para alimentar el morbo, sino para poner en palabras algo que llevaba cargando desde hacía meses.
“Antes de perder a Jason, no tuve una visión ni un sueño”, dijo con la voz quebrada.
“Tuve algo peor: una sensación constante de peligro”.
No era miedo pasajero.
Era una alerta muda que se instaló en el pecho y no se fue.
Yeison tenía 34 años.
Una carrera construida con sacrificio, sin atajos, sin padrinos.
Desde muy joven entendió que la música popular no era solo cantar, era contar lo que otros callaban.
Por eso su público lo sentía cercano, real, humano.

No cantaba desde la pose, cantaba desde la herida.
Y quizás por eso, en la intimidad, también cargaba con miedos que no siempre mostraba.
Su padre recuerda que, en los últimos meses, Yeison hablaba de sueños inquietantes.
Aviones.
Caídas.
La muerte apareciendo de forma insistente en su subconsciente.
Él decía que no era nada, que no había que darle importancia.
Pero los ojos, esos no sabían mentir.
Cada viaje lo dejaba inquieto.
Cada despedida se sentía más pesada.
Orlando le pedía que se cuidara, que no se confiara, que bajara el ritmo.
Yeison respondía con calma: “Pa, todo va a estar bien”.
La vida del artista transcurría entre aeropuertos, escenarios y carreteras interminables.
Agendas apretadas, noches cortas, responsabilidades que no se podían aplazar.
Aun así, nunca dejó de ser hijo.
Llamaba antes de volar.
Se sentaba a conversar cuando regresaba agotado.
En esos momentos, el artista se apagaba un poco y aparecía el niño que buscaba descanso y paz.
El día en que todo se volvió confuso, salió a trabajar como siempre.
Responsable.
Comprometido.
Amando lo que hacía.
Nadie pensó que ese trayecto, uno más entre tantos, se convertiría en el centro de una historia que estremecería al país.
Cuando llegó la noticia del accidente —difusa, incompleta, dolorosa— el tiempo se detuvo.
Para su padre, fue como si le arrancaran una parte del alma.
Mientras Colombia intentaba entender qué estaba pasando, Orlando quedó atrapado en los recuerdos.
En la risa de su hijo.
En su voz diciendo “papá”.

En los planes que aún no se habían cumplido.
Yeison no era solo un cantante famoso.
Era un hombre disciplinado, un compositor incansable, alguien que se sentaba con un cuaderno en la mano a escribir frases sueltas mientras miraba la carretera.
Muchas de sus canciones nacieron así: escuchando historias ajenas, observando a la gente común, imaginando vidas que luego convertía en versos.
No escribía para impresionar.
Escribía para decir verdades.
Por eso su música caló tan hondo.
Por eso hoy, en medio del rumor y la incertidumbre, sus letras suenan distinto.
Más profundas.
Más dolorosas.
El éxito no lo blindó del cansancio.
Vivía pensando, creando, planeando.
A veces regresaba en silencio, con la mente saturada.
Le confesaba a su padre que la fama no lo hacía sentirse invencible, que había noches en las que el miedo lo acompañaba sin hacer ruido.
Frente al público mostraba fortaleza; por dentro, cargaba inquietudes que no siempre sabía cómo explicar.
Hoy se habla de investigaciones, de escenas difíciles, de procedimientos técnicos.
Pero para un padre hay certezas que no necesitan pruebas.
En su corazón quedó la sensación de que algo lo estaba preparando, de que Yeison presentía su final, aunque nadie quisiera aceptarlo.
No hubo despedida anunciada.
No hubo tiempo para entender.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Más allá de la confusión, hay algo que permanece intacto: el legado.
Yeison Jiménez vino de abajo.
Ayudó en casa.

Trabajó más que muchos.
Se abrió camino sin traicionarse.
Llenó escenarios históricos sin perder la humildad.
Cambió la historia de la música popular para una generación que se vio reflejada en su verdad.
Hoy quedan carreteras que ya no recorrerá, escenarios que guardan su eco y corazones que no logran comprender cómo una vida tan intensa pudo quedar envuelta en silencio.
Para Colombia, fue un golpe seco.
Para su padre, fue el momento en que el mundo se partió en dos.
Tal vez con el tiempo lleguen respuestas claras.
Tal vez el ruido se disipe.
Pero hay algo que no se borra: lo que se hace con el corazón no desaparece.
Yeison vivió persiguiendo lo que amaba.
Y aunque la incertidumbre aún duele, su historia, su música y su verdad siguen vivas en cada persona que alguna vez sintió su voz como propia.
News
A los 62 años, María Elena Saldaña confiesa la verdad que ocultó por décadas: cómo La Güereja la hizo famosa, pero también la encerró en una identidad de la que casi no pudo escapar
María Elena Saldaña nació en Veracruz con una vocación clara: el teatro. Se formó profesionalmente, estudió actuación con disciplina y…
Así es la vida real de Raúl de Molina en 2026: mansiones en las alturas, autos de lujo, viajes imposibles y la razón secreta por la que no puede retirarse
La historia de la riqueza de Raúl de Molina no comenzó entre alfombras rojas ni oficinas ejecutivas. Empezó en la…
A los 60 años, Catherine Fulop rompe décadas de silencio y confirma la verdad incómoda sobre su matrimonio con Fernando Carrillo, un romance de telenovela que escondía traición, humillación y una herida que nunca cerró
La historia comenzó como empiezan todas las leyendas televisivas. Catherine Fulop, recién salida del mundo de los concursos de belleza…
A los 76 años, Jean Carlo Simancas rompe el silencio y admite la verdad que persiguió toda su vida: el amor que lo marcó para siempre, la tragedia que lo quebró y el vacío que nunca logró llenar
La historia comienza con un amor tan intenso como breve. Maye Brand no era solo Miss Venezuela 1980.Era juventud, fragilidad…
Amó al hombre más famoso de México en silencio y pagó el precio sola: la trágica vida de Charito Granados, la actriz que tuvo un hijo secreto con Cantinflas y jamás pidió nada
Rosario Granados nació el 12 de marzo de 1925 en Buenos Aires. El arte corría por su sangre. Su padre,…
William Levy: Un viaje desgarrador a los 44 años: luchando contra crisis de salud, el duelo por pérdidas y enfrentando una separación impactante mientras sus fanáticos se unen para apoyarlo y esperar su resiliencia y su regreso a la fama en medio de los desafíos insoportables de la vida.
William Levy, el famoso actor mexicano, atraviesa un momento crítico en su vida personal. A sus 44 años, enfrenta graves…
End of content
No more pages to load






