1936, Palacio Nacional, Ciudad de México. Lázaro Cárdenas del Río coloca la pluma sobre el papel. El decreto más radical de la historia mexicana está a punto de convertirse en ley. Artículo primero. Se procederá a la expropiación de todas las haciendas que excedan los límites establecidos por la reforma agraria.
Afuera del despacho, ascendados esperan noticias. Familias con poder desde la colonia, propietarios de haciendas que operan desde hace 300 400 años. En ese momento, 3000 haciendas controlan más de 100 millones de hectáreas en México. Hacienda Jack Scopoil en Yucatán. 22000 heas, 100 trabajadores mayas.Hacienda de Cortés en Morelos. 30,000 haáreas desde 1529. Hacienda Temozón. 6642áreas de Enequén. Hacienda Chinameca, donde Emiliano Zapata fue traicionado 17 años antes. Familias enteras nacen, trabajan y mueren dentro de esos límites sin ver un peso limpio. Sistema de peonaje por deuda, tiendas de raya, jornadas de 14 horas.

Un sistema que lleva 400 años operando sin interrupción. Cárdenas firma el decreto. Los ascendados tienen 30 días para entregar las tierras. Algunos responden con incredulidad, otros con furia. Muchos dicen, “Nos va a destruir.” Y tienen razón. En 6 años Lázaro Cárdenas redistribuirá 18 millones de hectáreas, fracturará 3000 haciendas.

destruirá el sistema de peonaje. 800.000 familias recibirán tierra por primera vez en la historia. Esta es la historia del presidente que desmontó en 6 años lo que había tardado 400 años en construirse. El hombre que enfrentó al sistema más poderoso de México y lo destruyó con la fuerza del Estado. Si disfrutas investigaciones profundas sobre las estructuras de poder en la historia de México, suscríbete al canal, activa las notificaciones y déjame en los comentarios qué Hacienda quieres que investigue después.
Tu apoyo hace posible este trabajo documental. Lázaro Cárdenas del Río nació el 21 de mayo de 1895 en Jiquilpan, Michoacán. Familia pobre, sin tierra, sin privilegios heredados. Su padre, Damaso Cárdenas, era comerciante modesto de textiles que apenas generaba ingresos suficientes para sostener a la familia.

Su madre, felícitas del río, administraba la casa con los pocos recursos disponibles. La infancia de Lázaro transcurrió viendo la desigualdad del porfiriato desde abajo. En Jiquilpán, como en todo Michoacán, las haciendas controlaban la economía. Los campesinos sin tierra trabajaban jornadas completas por salarios mínimos.

Las familias ascendadas vivían en casonas coloniales, mientras los peones dormían en galerones de adobe. Cuando Lázaro tenía 16 años, su padre murió. La familia cayó en dificultades económicas inmediatas. El joven Cárdenas tuvo que abandonar la escuela y trabajar como empleado en una oficina de recaudación fiscal del gobierno, luego como ayudante en una imprenta local.

ganaban lo mínimo. Veía todos los días como el sistema favorecía a quienes ya tenían poder y cerraba puertas a quienes nacían sin nada. Esa experiencia lo marcó profundamente. No era solo pobreza, era ver cómo el sistema estaba diseñado para perpetuar la desigualdad. Los ascendados pagaban impuestos mínimos, los trabajadores cargaban con el peso fiscal.
Las leyes protegían la propiedad de las haciendas, pero no los derechos de quienes las trabajaban. En 1913, a los 18 años, estalló la Revolución Mexicana y Cárdenas se unió al movimiento maderista. No tenía formación militar, pero tenía convicción. Sabía por qué estaba luchando. Había visto el sistema desde dentro.Durante los años revolucionarios, Lázaro Cárdenas vio de cerca cómo funcionaban las haciendas en campaña. Atravesó Michoacán, Jalisco, Veracruz, en cada región el mismo patrón. Haciendas enormes, controlando miles de hectáreas, mientras campesinos sin tierra se unían a la revolución buscando la promesa de reforma agraria. vio familias enteras atrapadas por el sistema de peonaje por deuda.

Vio tiendas de raya donde un kilo de maíz costaba el doble que en el mercado. Vio jornadas de 14 16 horas sin descanso. Cada hacienda que atravesaba, cada pueblo que liberaba, reforzaba una conclusión inevitable. Mientras existiera el sistema de haciendas con su concentración absoluta de tierra y poder, México seguiría siendo un país dividido entre patrones y peones.

La revolución podía cambiar presidentes, pero si no tocaba la estructura de propiedad de la Tierra, no cambiaría nada fundamental. Ascendió rápidamente en las filas revolucionarias por capacidad y lealtad. General