“No fue fácil”: Lucerito Mijares sorprende al hablar abiertamente de Lucero y Manuel Mijares, confesando verdades íntimas sobre su familia que nadie esperaba escuchar.
Durante años, Lucerito Mijares ha sido observada con atención por el público. No solo por su talento emergente, sino por llevar un apellido que pesa, inspira y, en muchos momentos, impone. Hija de dos figuras icónicas de la música latina, su vida siempre estuvo rodeada de expectativas, comparaciones y miradas constantes. Sin embargo, pocas veces había hablado con tanta claridad y profundidad sobre lo que significa, realmente, crecer siendo hija de Lucero y Manuel Mijares.
Esta vez fue diferente.
Con una madurez que sorprendió incluso a quienes la han seguido desde pequeña, Lucerito decidió romper el silencio y compartir reflexiones que van más allá del brillo del escenario. Sus palabras no buscaron polémica ni escándalo, pero sí revelaron una realidad pocas veces contada: la de una joven que aprendió a construir su identidad bajo la sombra de dos grandes nombres.

Crecer entre aplausos y expectativas
Desde muy temprana edad, Lucerito entendió que su vida no sería del todo común. Mientras otros niños crecían lejos de los reflectores, ella aprendió a convivir con escenarios, ensayos y giras. Sin embargo, lejos de romantizar esa experiencia, habló con honestidad sobre lo complejo que puede resultar.
“Mis padres siempre fueron muy amorosos, pero el mundo alrededor no siempre es fácil”, confesó. “A veces la gente cree que todo es perfecto solo porque hay fama”.
La joven explicó que crecer en ese entorno la obligó a madurar antes de tiempo, a aprender a distinguir entre las opiniones externas y su propia voz.
Lucero: la madre detrás del ícono
Al hablar de su madre, Lucerito dejó claro que la imagen pública dista mucho de la mujer que ella conoce en casa. Describió a Lucero como una figura firme, protectora y profundamente presente, alguien que supo equilibrar su carrera con la crianza.
“Mi mamá siempre me enseñó a ser fuerte, pero también a ser sensible”, relató. “Nunca me exigió ser como ella, solo ser auténtica”.
Esa libertad, según Lucerito, fue clave para que pudiera explorar su propio camino artístico sin sentir que debía replicar una fórmula de éxito ya establecida.
Manuel Mijares: disciplina y silencio
Sobre su padre, las palabras fueron igualmente sinceras. Lucerito habló de un hombre reservado, observador y profundamente disciplinado. Alguien que no necesita decir mucho para enseñar.
“Mi papá me enseñó con el ejemplo”, explicó. “Con su constancia, con su respeto por el público y por la música”.
Reconoció que, aunque no siempre fue fácil comunicarse, aprendió a valorar el silencio como una forma de aprendizaje. Para ella, Mijares representó la estabilidad y el compromiso con el trabajo bien hecho.
Vivir con comparaciones constantes
Uno de los puntos más delicados de su testimonio fue cuando habló de las comparaciones. Desde sus primeras apariciones públicas, Lucerito fue medida, analizada y juzgada en relación con sus padres.
“No es algo que puedas evitar”, dijo. “Pero sí puedes decidir cuánto poder le das”.
Confesó que hubo momentos de duda, de inseguridad, de preguntarse si su talento era suficiente o si siempre sería vista como “la hija de”. Sin embargo, con el tiempo entendió que su valor no dependía de cumplir expectativas ajenas.
Construir una identidad propia
Hoy, Lucerito se encuentra en un proceso consciente de construcción personal y artística. No busca imitar, ni competir, ni desmarcarse de forma radical. Busca comprender quién es y qué quiere expresar.
“Mis padres son parte de mí, pero no me definen por completo”, afirmó.
Esa claridad es la que le ha permitido avanzar con paso firme, sin prisa, pero con determinación.
La familia después de la separación
También habló, con respeto y madurez, sobre la dinámica familiar tras la separación de sus padres. Lejos de dramatizar, destacó el esfuerzo que ambos hicieron por mantener un ambiente sano y estable.
“Siempre sentí que lo más importante era que yo estuviera bien”, comentó. “Y eso nunca cambió”.
Ese equilibrio, según Lucerito, fue fundamental para que pudiera crecer sin resentimientos ni conflictos internos.
El peso y el privilegio del apellido
Lucerito no negó que llevar esos apellidos abre puertas, pero también aclaró que mantenerse requiere trabajo, disciplina y carácter.
“Lo difícil no es entrar, es quedarte”, señaló con franqueza.
Sus palabras resonaron entre muchos jóvenes que también sienten el peso de las expectativas familiares, aunque en contextos distintos.
Una voz que empieza a escucharse
Esta revelación marcó un antes y un después en la percepción pública de Lucerito Mijares. Ya no solo como hija de dos leyendas, sino como una joven con voz propia, capaz de reflexionar sobre su historia sin rencor ni idealización excesiva.
No habló desde el reclamo, sino desde la gratitud y la conciencia.
Mirar al futuro sin miedo
Al cerrar su testimonio, Lucerito dejó claro que no busca desprenderse de su historia, sino integrarla. Aceptar de dónde viene para decidir hacia dónde va.
“Estoy orgullosa de mis padres”, concluyó. “Pero también estoy aprendiendo a estar orgullosa de mí”.
Con esas palabras, Lucerito Mijares demostró que romper el silencio no siempre significa generar ruido. A veces, basta con hablar con honestidad para que una historia conecte, inspire y permanezca.
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