A menudo, la elegancia se confunde con la ausencia de dolor, y la discreción con la falta de memoria. Durante décadas, Paloma San Basilio ha sido el epítome de ambas: una figura etérea, casi perfecta, que ha navegado por los escenarios de medio mundo con una sonrisa inquebrantable. Sin embargo, a sus 74 años, la gran dama de la canción española ha decidido que el tiempo de callar ha terminado. En una confesión que ha sacudido los cimientos de la industria musical y ha dejado a sus seguidores con el corazón en un puño, Paloma ha revelado los nombres de los cinco artistas que, lejos de ser compañeros, se convirtieron en las sombras más amargas de su brillante carrera.

No se trata de un ajuste de cuentas, ni de una venganza tardía. Al escucharla, uno percibe la serenidad de quien simplemente necesita soltar un lastre que pesa demasiado. “Hubo artistas que me hicieron daño, algunos me ignoraron, otros me humillaron y uno incluso me hizo llorar antes de salir al escenario”, confesó con una voz que, aunque pausada, resonó con la fuerza de un trueno. Detrás del brillo del estrellato, Paloma vivió episodios de machismo, egos desmedidos y crueldad profesional que hoy, por fin, tienen nombre y apellidos.

Julio Iglesias: El desprecio de la “distracción”

El primer nombre en caer fue, quizás, el más impactante por la magnitud de su leyenda: Julio Iglesias. Considerados ambos embajadores de la música española, el público siempre soñó con una colaboración que nunca llegó. La razón, según Paloma, fue una falta absoluta de respeto profesional. “Nunca me respetó como artista”, sentenció.

Paloma relató un episodio en los años 80 que define perfectamente la dinámica. Durante un especial de televisión, el equipo de Julio pidió explícitamente que ella no compartiera plano con él bajo una premisa devastadora: “No quiero que la cámara se distraiga”. Años después, el desdén se volvió físico en una entrega de premios en Miami. Cuando Paloma, siempre cortés, se acercó a felicitarle, Julio le giró la cara, ignorando su mano extendida y dejándola sola ante la mirada atónita de los presentes. Para Paloma, aquello fue la confirmación de que, para él, ella no era más que un decorado en su universo.

Raphael: La competencia desleal

Si Julio la ignoró, Raphael intentó eclipsarla. Dos gigantes de la canción melódica y dramática que, sobre el papel, deberían haber sido aliados. Sin embargo, Paloma describe una relación asfixiante marcada por los celos profesionales. “Si yo cantaba fuerte, él gritaba más”, explicó.

El momento más tenso se vivió en un dueto televisivo. En el ensayo general, Raphael exigió un cambio de tonalidad que favorecía su registro y forzaba el de ella, una maniobra técnica calculada para deslucir su interpretación. Paloma cantó aquella noche con profesionalismo, pero por dentro se sentía invisible. Fue una lección dura: el “Monstruo de la Canción” no estaba dispuesto a compartir su jaula, ni siquiera con una artista de la talla de San Basilio.

Rocío Jurado: La amistad que nunca fue

La inclusión de Rocío Jurado en esta lista añade una capa de tristeza especial. Ante las cámaras, parecían amigas y colegas; detrás, existía una frialdad y una rivalidad unilateral que Paloma nunca comprendió del todo. “Con Rocío, lo nuestro fue un espejismo”, admitió.

Paloma recordó cómo, en una gala homenaje, el productor le pidió cambiar su canción porque “Rocío quería reservarse la más potente”. Paloma accedió sin protestar, solo para ver cómo “La Más Grande” brillaba con el tema que originalmente era para ella. Fue un golpe bajo, ejecutado sin explicaciones, que dejó claro que en el mundo de las folclóricas, la generosidad a veces brillaba por su ausencia.

José Luis Perales: El dolor de la indiferencia

Quizás el golpe más sutil, pero no menos doloroso, vino de quien menos se esperaba: José Luis Perales, el caballero de la música. Paloma, admiradora profunda de su obra, le pidió permiso para versionar una de sus canciones, convencida de que podría aportarle una nueva emoción. La respuesta fue un silencio sepulcral.

No hubo un “no” directo, solo una indiferencia total, seguida por la noticia de que Perales había cedido el tema a una cantante mucho menos conocida. “Fue como decirme ‘Tú no’”, confesó Paloma. Esa frialdad de alguien a quien admiraba le enseñó que, a veces, el silencio hiere más que cualquier insulto.

Camilo Sesto: La traición al corazón

Finalmente, el nombre que cerró la lista y que más le costó pronunciar fue el de Camilo Sesto. “Camilo me rompió el corazón, no como pareja, sino como colega”, dijo con ternura herida. La relación, que ella creía de respeto mutuo, se desmoronó cuando Camilo bromeó en televisión diciendo que Paloma era “más actriz que cantante”, desvalorizando su carrera musical ante millones de personas.

Pero la estocada final llegó cuando él vetó su participación en una gira conjunta por América, alegando que no quería compartir escenario con “divas teatrales”. Para Paloma, esto no fue solo una cuestión profesional, sino una traición personal de alguien a quien consideraba un amigo.

Un legado de verdad

Al revelar estos nombres, Paloma San Basilio no busca destruir mitos, sino humanizar su propia leyenda. Nos recuerda que detrás de los vestidos de lentejuelas y las ovaciones, hay una mujer que tuvo que resistir en un mundo diseñado para hombres, donde su talento y su independencia eran vistos a menudo como una amenaza.

Hoy, Paloma ya no necesita competir, ni demostrar, ni callar. Su voz, esa que nos ha emocionado durante décadas, suena ahora más clara que nunca, no para cantar una nota alta, sino para decir una verdad profunda. Y en ese acto de valentía, la artista se hace, si cabe, aún más grande. Porque las heridas, cuando se comparten, dejan de ser marcas de dolor para convertirse en medallas de una vida vivida con dignidad.