Han pasado casi tres décadas desde aquella fatídica noche del 31 de agosto de 1997, una fecha marcada en negro en el calendario de la historia moderna. El mundo perdió a su “Princesa del Pueblo”, pero hubo quienes perdieron mucho más que a un icono: perdieron a una amiga, a una confidente, a una luz. Entre ese círculo íntimo, una figura se mantuvo en un discreto y doloroso segundo plano durante años: Colin Tebbutt, el conductor de confianza y uno de los hombres más leales a Diana de Gales. Hoy, rompiendo un silencio que ha guardado como un tesoro y una carga, Tebbutt ha decidido hablar, revelando detalles inéditos y conmovedores sobre las horas posteriores a la tragedia que sacudió los cimientos de la monarquía y el corazón de millones.
La Llamada que Detuvo el Tiempo
Para Colin, la pesadilla comenzó en la tranquilidad de su hogar, en la cama junto a su esposa. El teléfono sonó, rompiendo el silencio de la madrugada. Al otro lado, la voz grave de un colega desde Balmoral traía noticias que parecían imposibles: Diana había sufrido un accidente en París. “Enciende la televisión”, le dijeron. Al ver las imágenes, el shock dio paso a la acción. No hubo tiempo para el duelo inmediato; su deber lo llamaba.

Vestido apresuradamente, Colin se dirigió al Palacio de Kensington, sintiendo una mezcla de impotencia y culpa. “¿Por qué no estaba yo conduciendo esa noche?”, es la pregunta que, según confiesa entre lágrimas, lo ha atormentado durante años. Esa sensación de responsabilidad, aunque irracional, es el peso que cargan los sobrevivientes leales.
El Infierno en el Hospital de París
La misión de Colin era desgarradora: viajar a Francia para recuperar el cuerpo de la princesa y traerla a casa. Lo que encontró al llegar a París fue, en sus propias palabras, “un caos absoluto”. La ciudad del amor se había transformado en un escenario de horror y frenesí mediático. El Hospital de la Pitié-Salpêtrière estaba sitiado por periodistas y curiosos, todos hambrientos de una primicia, sin importar el costo humano.
El relato de Tebbutt sobre su entrada a la habitación donde descansaba Diana es quizás el momento más emotivo de su confesión. La sala estaba sofocante; el calor era intenso. Preocupado porque alguien pudiera intentar tomar fotografías desde los edificios cercanos, Colin y el personal colgaron mantas en las ventanas. Para combatir las altas temperaturas y preservar el cuerpo, enchufaron varios ventiladores.
Fue entonces cuando ocurrió el momento que casi hace que sus piernas fallen. “El aire de los ventiladores movió su cabello y las pestañas de la princesa”, relató Colin con la voz quebrada. “Por una fracción de segundo, mi cerebro me gritó: ¡Está viva!”. Fue un espejismo cruel, un golpe de realidad que lo obligó a tomarse un momento para respirar y recordar que su amiga ya no estaba, y que su tarea era proteger su dignidad en la muerte tal como lo había hecho en vida.
Desmontando las Teorías de Conspiración
La entrevista de Tebbutt no solo ha servido para compartir su dolor, sino también para arrojar luz (y sensatez) sobre las infinitas teorías de conspiración que han rodeado el accidente. Colin, quien ha conducido por el túnel del Puente del Alma, describió la experiencia como “desorientadora”. Las luces, las curvas y la estructura del túnel pueden confundir incluso al conductor más experto, sugiriendo que el accidente fue fruto de condiciones adversas y velocidad, no de un complot siniestro.
Además, el testimonio aborda y desmonta los rumores sobre el supuesto embarazo de Diana y su compromiso con Dodi Fayed. La evidencia forense y los testimonios de su círculo más cercano confirmaron que la princesa no estaba embarazada. En cuanto al famoso anillo, las investigaciones revelaron que Dodi había salido de la joyería solo con un catálogo y que Diana, en sus conversaciones finales con amigos y su hermana, no tenía ninguna intención de casarse. De hecho, estaba en un momento de su vida donde rechazaba la idea del matrimonio.
El Último Viaje
El regreso a Inglaterra con el féretro fue, según Colin, el viaje más triste de su vida. Pero también fue un acto de amor. Ver cómo la gente salía a las calles, lanzaba flores y lloraba al paso del cortejo fúnebre le dio una dimensión real de lo que Diana significaba para el mundo.

Colin Tebbutt no busca fama ni reconocimiento. Su testimonio es el de un hombre que vio la fragilidad humana detrás del mito. Su relato nos recuerda que, detrás de los titulares sensacionalistas y las investigaciones oficiales, hubo personas reales, con corazones rotos, que tuvieron que hacer lo imposible: decir adiós a la mujer más famosa del mundo en una habitación de hospital calurosa, mientras el viento movía su cabello por última vez.
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