En el volátil universo de las celebridades, pocas historias logran mantener el vilo del público como el drama persistente entre Shakira y el clan Piqué. Sin embargo, lo que se ha filtrado en las últimas horas trasciende las indirectas en canciones y las fotos en redes sociales. Estamos ante un movimiento legal calculado, una demanda silenciosa que buscaba tomar por sorpresa a la estrella colombiana en uno de los puntos más altos de su carrera, pero que podría terminar convirtiéndose en el mayor error estratégico de sus detractores.

Todo comenzó en Paraguay. Mientras Shakira aterrizaba para continuar con su exitosa gira mundial, rodeada del cariño de miles de fans y una atención mediática abrumadora, su equipo legal la apartaba en la privacidad de su hotel para entregarle una carpeta que cambiaría su semblante por completo. No era Piqué quien movía ficha esta vez; era Montserrat Bernabéu, su ex suegra, quien ha decidido llevar el conflicto a los tribunales bajo una premisa que muchos califican de insólita: el derecho a recibir una parte de las ganancias generadas por la “Session 53” de Bizarrap.

La demanda, mantenida bajo estricto secreto hasta ahora, alega que Shakira utilizó la imagen de la familia Piqué como una herramienta emocional para facturar millones de dólares. Según las filtraciones, Bernabéu sostiene que la canción le generó un “infierno mediático” y que, dado que el éxito se basó en referencias familiares, ella merece una compensación económica proporcional. Es una jugada que mezcla el despecho personal con una ambición financiera que ha dejado atónitos incluso a los expertos en derecho de imagen.

Sin embargo, quienes esperaban una reacción impulsiva de la cantante se han encontrado con un muro de cristal. Shakira ha optado por el silencio absoluto, una estrategia que, según fuentes cercanas, es el preludio de una tormenta legal sin precedentes. La barranquillera no está respondiendo con versos, sino con hechos. Su equipo jurídico, curtido en batallas internacionales, ya tiene preparada una contrademanda por acusaciones infundadas con fines lucrativos. Lo más delicado es que, en este proceso, podrían salir a la luz documentos, audios y mensajes que Shakira había guardado durante años por respeto a sus hijos, pero que ahora está dispuesta a usar para defender su integridad.

El drama familiar ha escalado a tal punto que incluso Gerard Piqué parece haber marcado una línea roja. Se informa de una tensa reunión privada en la que el ex central del Barcelona le habría advertido a su madre sobre las consecuencias de este enfrentamiento, instándola a no abrir una guerra que no puede ganar. Piqué, consciente del poder mediático y legal de su ex pareja, parece querer evitar que este nuevo incendio termine consumiendo lo poco que queda de estabilidad en su entorno, afectando incluso a su actual pareja, Clara Chía, quien observa con temor el resurgimiento del huracán mediático.

Mientras los abogados en Barcelona cruzan notificaciones, Shakira demuestra su resiliencia sobre el escenario. En sus recientes conciertos, se le ha visto con una energía renovada, una “dignidad blindada” que sugiere que ha pasado de la etapa de supervivencia a la de construcción total. No se trata solo de dinero; se trata de quién cuenta la historia. Para Shakira, esta demanda es el intento final de una familia que se resiste a quedar en el pasado mientras ella vuela hacia un futuro brillante.

La contraofensiva de la cantante incluiría pruebas de intentos previos por parte del entorno de Piqué para manipular la narrativa pública y filtrar información privada de la artista. Si estos documentos llegan a un tribunal público, la imagen de “víctima” que intenta proyectar la ex suegra podría desmoronarse definitivamente. Shakira ha sido clara con su equipo: “No voy a seguir cargando culpas que no son mías”. Con esta frase, cierra un ciclo de concesiones y abre uno de defensa firme. La batalla legal apenas comienza, y en este tablero de ajedrez, la reina parece tener estudiados todos los movimientos de su oponente. Lo que empezó como una demanda por dinero podría terminar siendo la victoria moral definitiva para la mujer que decidió que, en lugar de llorar, era momento de facturar y, sobre todo, de hacerse respetar.