En el complejo tablero de ajedrez en el que se ha convertido la vida post-separación de Shakira y Gerard Piqué, cada movimiento cuenta, y el más reciente ha provocado un auténtico terremoto emocional. Lo que comenzó como el festejo de un año más de vida para Milan, el hijo mayor de la ex pareja, terminó convirtiéndose en un episodio de tensión mediática y familiar tras la inesperada —y para muchos, desafortunada— intervención de su abuela paterna, Montserrat Bernabéu.

La relación entre la cantante colombiana y su ex suegra nunca fue idílica, pero tras la mediática ruptura con el ex futbolista, los puentes parecían no solo rotos, sino dinamitados. Sin embargo, Bernabéu decidió reaparecer en la vida de sus nietos, no con un acercamiento personal o una necesaria conversación privada, sino a través de un paquete enviado por mensajería. Un gesto que, en un entorno familiar saludable, se interpretaría como un detalle cariñoso, pero que en el contexto de la familia Piqué-Mebarak ha sido recibido como una provocación fría e impersonal.

Un regalo fuera de sintonía con la realidad

Fuentes cercanas al entorno de la barranquillera aseguran que la indignación de Shakira no nace de la intención de dar un presente, sino del contenido y la forma del mismo. La caja, enviada de manera casi burocrática, contenía ropa y accesorios de fútbol, un universo que, aunque ligado al pasado de los niños por su padre, hoy no representa sus mayores ilusiones. Mientras Milan y Sasha crecen rodeados de instrumentos musicales, estudios de grabación y una sensibilidad artística fomentada por su madre, el regalo de la abuela parecía ignorar deliberadamente quiénes son estos niños en la actualidad.

Para Shakira, este gesto es la prueba definitiva de la desconexión total que existe entre los abuelos paternos y la realidad diaria de los menores. No hubo referencias a la música, ni a los nuevos intereses de los pequeños que llevan más de dos años viviendo una realidad completamente distinta en Miami. La sensación reinante en la residencia de la cantante fue la de un “regalo de compromiso”, una maniobra para cumplir con el rol de abuela ante la mirada pública, pero sin el conocimiento real que solo otorga la presencia constante y el interés genuino.

La protección feroz de una madre

Shakira, quien ha asumido la crianza emocional y la estabilidad de sus hijos tras la tormentosa mudanza desde Barcelona, ha interpretado este envío como una falta de respeto a los límites establecidos. La rabia de la artista surge de ver cómo personas que no han estado presentes en los momentos difíciles, en las noches de estudio o en los procesos de sanación de los niños, pretenden irrumpir con objetos genéricos que solo remueven recuerdos incómodos.

Se dice que los propios niños, Milan y Sasha, no reaccionaron con la alegría típica de quien recibe una sorpresa esperada. Por el contrario, hubo confusión e incomodidad. Los pequeños, que según quienes los conocen son sumamente maduros para su edad, perciben perfectamente quiénes están presentes en su día a día y quiénes intentan compensar ausencias prolongadas con cajas envueltas en papel de regalo. Para ellos, el fútbol hoy se asocia a ausencias y promesas incumplidas, mientras que la música es su refugio y su lenguaje.

El contraste: El amor que sí conoce y escucha

Frente a la frialdad del paquete de Barcelona, el cumpleaños de Milan estuvo rodeado de detalles que sí hablaban su mismo idioma. Los regalos que realmente emocionaron a los niños fueron aquellos pensados desde el conocimiento profundo: guitarras adaptadas, accesorios de composición y elementos que fomentan su creatividad. Mientras la caja de Montserrat Bernabéu quedaba arrinconada, los niños disfrutaban de un ambiente libre de tensiones, donde la música y el deporte practicado por placer —como el básquet o el surf— son los verdaderos protagonistas.

Este incidente ha reforzado la decisión de Shakira de mantener a sus hijos en un entorno lo más alejado posible de la toxicidad que marcó sus últimos años en España. Se rumorea que la cantante ya organiza un viaje especial para desconectar de todo el ruido mediático, un plan que incluiría actividades al aire libre y la compañía de personas que han sido su roca en este proceso, como su hermano Tonino.

¿Propaganda emocional o arrepentimiento tardío?

La gran pregunta que circula en las redes sociales y en los círculos de la prensa del corazón es si el regalo de Montserrat Bernabéu fue un intento torpe de reconciliación o una estrategia de imagen. El “timing” no podría ser peor, coincidiendo con una etapa de mínima comunicación entre las partes. Para muchos críticos, se trata de “propaganda emocional”, un intento de no quedar como la abuela ausente ante la opinión pública, especialmente cuando la figura del padre también ha sido cuestionada por su disponibilidad.

Al final del día, lo que este episodio deja claro es que el dinero y los objetos materiales no pueden comprar la complicidad que se pierde con el silencio. Shakira sigue siendo la brújula emocional de sus hijos, protegiendo su bienestar y asegurándose de que los recuerdos que construyan de ahora en adelante estén basados en la autenticidad y no en gestos calculados por mensajería. La guerra fría continúa, y en este capítulo, la protección materna ha vuelto a imponerse sobre las apariencias.