La ciudad de Nueva York volvió a convertirse en el epicentro del universo de la moda con la celebración de la Met Gala 2025, un evento donde la extravagancia y el arte convergen en una de las alfombras rojas más exclusivas del planeta. Sin embargo, entre el desfile incesante de estrellas internacionales, hubo un nombre que logró eclipsar al resto, generando un estruendo mediático que todavía resuena en cada rincón de las redes sociales: Shakira. La superestrella colombiana no solo asistió; ella conquistó, desafió y, para algunos, provocó, en una noche que quedará grabada como uno de sus momentos estéticos más memorables y discutidos hasta la fecha.

Desde el primer instante en que puso un pie sobre la icónica escalinata del Museo Metropolitano de Arte, “La Loba” dejó claro que su intención no era pasar desapercibida. En una gala donde la tendencia predominante entre los asistentes fue el rigor del color negro, Shakira tomó una decisión audaz y estratégica: nadar a contracorriente. Luciendo un vestido rosa vibrante que evocaba la majestuosidad de una princesa salida de una narrativa fantástica, la barranquillera se convirtió en un faro de luz y color que atrajo magnéticamente todas las lentes de los fotógrafos.

El diseño en cuestión fue una verdadera obra de ingeniería textil. Con una cola increíblemente larga que se extendía con elegancia sobre los peldaños, el vestido lograba un equilibrio perfecto entre la fantasía romántica y la sensualidad moderna. Los detalles de transparencias, estratégicamente ubicados, realzaban la impecable figura de la artista, confirmando que a sus años sigue poseyendo una presencia física envidiable. Para complementar el look, Shakira optó por mantenerse fiel a su esencia personal: su icónica melena rubia lucía suelta, con ese estilo rebelde y natural que la ha caracterizado durante décadas, acompañado de un maquillaje sutil que permitía que su belleza innata fuera la protagonista.

Sin embargo, la perfección visual de su pasarela pronto se vio envuelta en una nube de controversia que ha encendido el debate entre críticos de moda y usuarios de plataformas como X y Facebook. A medida que las imágenes de su vestido daban la vuelta al mundo en tiempo real, los internautas más observadores no tardaron en notar una similitud inquietante. Las comparaciones comenzaron a brotar con la velocidad del rayo: el atuendo de Shakira guardaba un parecido asombroso, casi idéntico, con el diseño que la rapera Nicki Minaj vistió en la edición de 2019 de la misma gala.

Este hallazgo ha dividido a la opinión pública en dos bandos irreconciliables. Por un lado, están los defensores acérrimos de la colombiana, quienes argumentan que en el mundo de la alta costura las referencias son constantes y que Shakira logró elevar el concepto a un nivel de sofisticación superior, aportando una calidez y una elegancia que solo ella posee. Para este grupo, su elección fue un acto de rebeldía consciente contra el código de vestimenta oscuro de sus colegas, una jugada maestra para asegurar que ella fuera el centro de la conversación.

Por otro lado, los críticos más severos y los seguidores de la rapera trinitense no han tenido piedad. En las redes sociales, los términos “copia” y “falta de autenticidad” han cobrado fuerza. Algunos expertos sugieren que, para un evento de la magnitud de la Met Gala, donde la originalidad es la moneda de cambio más valiosa, presentar un look que evoca de manera tan directa a uno del pasado reciente es un riesgo innecesario que podría empañar el legado de la cantante en la moda. ¿Fue una falta de investigación por parte de su equipo de estilismo o un homenaje deliberado que no fue bien interpretado por las masas?

A pesar de la tormenta mediática sobre el origen de su inspiración, es innegable que Shakira logró lo que muy pocos consiguen en un evento saturado de celebridades: dominar la narrativa. Su paso por la alfombra roja fue catalogado por muchos medios especializados como uno de los mejores de la noche, destacando que, más allá de la polémica, la ejecución y el porte de la colombiana fueron impecables. Ella no solo caminó por la alfombra; ella “devoró”, como dicen sus fans, demostrando una confianza que solo una leyenda de su calibre puede proyectar.

La Met Gala 2025 será recordada por sus innovaciones y sus riesgos, pero el capítulo de Shakira añade una capa de intriga humana y debate cultural que trasciende la simple elección de una prenda. Es la historia de una mujer que sabe cómo romper las reglas, cómo destacar en la multitud y cómo, incluso en medio de la crítica, mantenerse como una figura inalcanzable de la cultura pop. Mientras el mundo sigue analizando cada costura de su vestido rosa, Shakira sonríe ante las cámaras, consciente de que, una vez más, ha logrado que todos, absolutamente todos, hablen de ella.