El aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, suele ser escenario de euforia, cánticos y abrazos, pero lo vivido la noche de ayer con el aterrizaje de Shakira fue algo completamente distinto. La estrella colombiana, que llega al país austral para ofrecer cinco conciertos con entradas agotadas, no solo trajo consigo su música, sino una determinación verbal que ha terminado por sepultar cualquier rumor de acercamiento con su ex pareja, Gerard Piqué. En un momento de sinceridad absoluta y ante una prensa que aguardaba con la respiración contenida, Shakira pronunció las palabras que muchos sospechaban pero que nadie se atrevía a confirmar con tanta contundencia: “No lo voy a perdonar”.

La atmósfera estaba cargada. Durante los últimos días, diversos medios internacionales habían alimentado la narrativa de una posible tregua romántica. El detonante fue una entrevista previa donde la barranquillera elogió la “disciplina” del ex futbolista, un comentario que fue rápidamente triturado por la maquinaria del salseo para vender una reconciliación inexistente. Sin embargo, al bajar del avión y encontrarse con los micrófonos, Shakira decidió que era el momento de poner los puntos sobre las íes. Con una serenidad pasmosa, la artista aclaró que sus palabras sobre la disciplina no eran un puente hacia el pasado, sino una observación sobre la educación de sus hijos. “Hablaba de lo que mis hijos aprenden, no de él”, puntualizó con una mirada que no dejaba lugar a réplicas.

Lo que más impacto causó entre los presentes no fue solo el desmentido, sino el tono empleado. No hubo rastro de despecho, ni gritos, ni la agitación emocional que marcó sus primeras canciones tras la ruptura. Lo que hubo fue una distancia gélida y una madurez que solo se alcanza cuando la herida ha dejado de sangrar para convertirse en una cicatriz de aprendizaje. Al ser interrogada directamente sobre si existía una posibilidad de volver con el padre de sus hijos, su respuesta fue un “es mentira” rotundo, seguido de una confesión que resuena como un cierre definitivo: el daño fue demasiado profundo y el perdón no está en sus planes inmediatos ni futuros.

Pero la verdadera noticia, la que ha encendido las teorías conspirativas en redes sociales desde Buenos Aires hasta Barcelona, vino justo antes de que la cantante se retirara hacia su vehículo. “Mi prioridad es otra que pronto sabréis”, lanzó como una granada de intriga antes de desaparecer tras los cristales tintados. Esta frase ha abierto un abanico de posibilidades que tiene a los analistas del entretenimiento trabajando horas extra. ¿A qué se refiere Shakira con esa “nueva prioridad”?

Las teorías no han tardado en aparecer. En los pasillos de la prensa rosa se barajan nombres que evocan el pasado y el futuro. El nombre de Antonio de la Rúa ha vuelto a salir a la palestra. Para muchos, el argentino fue el gran apoyo emocional de la cantante durante más de una década y, aunque su ruptura fue tormentosa y judicializada, el tiempo parece haber suavizado las aristas. ¿Podría ser él esa nueva prioridad? Otros apuntan a un productor argentino con el que estaría trabajando en proyectos personales que van más allá de lo musical. Sin embargo, existe una tercera vía que cobra fuerza entre sus seguidores más fieles: la prioridad de Shakira es, por primera vez en muchos años, ella misma. Tras un divorcio mediático, una mudanza transatlántica y el escrutinio global, la artista parece haber encontrado un centro emocional que no depende de ninguna figura masculina.

La reacción en España ha sido de total incredulidad. Programas de televisión han debatido durante horas el impacto de estas declaraciones en el entorno de Piqué. Según fuentes cercanas, el círculo del ex jugador no esperaba una respuesta tan tajante, especialmente cuando ellos mismos habían interpretado los comentarios sobre la disciplina como una señal de buena voluntad. El golpe de realidad dado por Shakira en Argentina ha sido un baño de agua fría para el ego de quienes pensaban que la indiferencia no llegaría nunca. Como bien decían los fans a la salida del aeropuerto, “cuando una mujer habla con esa tranquilidad, es porque ya tomó una decisión”.

Shakira ha demostrado una vez más que es la dueña absoluta de su narrativa. No necesita canciones de tres minutos para comunicar su estado civil o emocional; le bastaron unos segundos frente a un micrófono en un aeropuerto para desmantelar meses de especulaciones. La artista se encuentra en uno de sus momentos más fuertes, centrada en su gira, en sus hijos y en ese misterio que prometió revelar pronto. Mientras Argentina se prepara para verla brillar sobre el escenario, el resto del mundo permanece atento a ese próximo capítulo. Lo que está claro es que el libro de Piqué se ha cerrado definitivamente, y Shakira ya está escribiendo el prólogo de una vida donde ella es la única protagonista.