Incas contra Mapuche, la guerra que nadie te contó

Ochenta mil guerreros.
El ejército más poderoso de toda América avanzando hacia el sur.
Y frente a él, pueblos que no tenían imperio, ni ciudades de piedra, ni templos de oro.

Contra todo pronóstico, los guerreros sin imperio ganaron.

Esta es la historia de cómo el mayor imperio del continente fue detenido en seco por un pueblo que los cronistas españoles llamarían, siglos después, los más fieros de todos: los mapuche.

Para entender por qué este enfrentamiento cambia todo lo que creemos saber sobre las conquistas precolombinas, hay que retroceder en el tiempo. Mucho antes de la llegada de los europeos, mientras Europa estaba fragmentada en reinos feudales, en Sudamérica existía un Estado que se extendía por más de cuatro mil kilómetros.

Era un imperio que había sometido a decenas de naciones.
Que construyó caminos comparables a las calzadas romanas.
Que movía ejércitos de cien mil hombres con una precisión logística casi perfecta.

Era el Imperio Inca y parecía imparable.

Hasta que llegó al sur.
Hasta que llegó a las tierras frías donde el río Maule desciende desde la cordillera.
Y allí encontró algo que nunca había enfrentado antes.

EL NACIMIENTO DE UNA MAQUINARIA IMPERIAL

Hacia el año 1460, el Inca Pachacútec había transformado Cusco de un pequeño reino en el núcleo de un imperio continental. Su nombre significaba “el que transforma la tierra”, y en menos de tres décadas hizo honor a ese título.

Conquistó a los chancas, a los lupacas, a los collas.
Su ejército era una máquina perfectamente organizada.

Pero los incas no conquistaban solo con violencia. Tenían un método.
Primero enviaban emisarios con regalos. Ofrecían alianzas, protección, integración al Tahuantinsuyo, el imperio de las cuatro regiones.

Quienes aceptaban conservaban a sus líderes locales, pagaban tributo y recibían caminos, riego e infraestructura.
Era una oferta difícil de rechazar.

Quienes la rechazaban, enfrentaban la segunda fase: la demostración de poder.

El ejército inca estaba dividido en unidades decimales exactas.
Grupos de diez, de cien, de mil, de diez mil.
Cada unidad con su comandante.
Depósitos de alimentos a lo largo de los caminos imperiales.
Logística impecable.

Usaban hondas capaces de lanzar piedras con fuerza letal, macanas de bronce, lanzas, hachas.
Pero su mayor ventaja no era el armamento.
Era la disciplina.

Cuando Pachacútec muere, su hijo Túpac Yupanqui hereda el trono.
Y Túpac Yupanqui es aún más ambicioso.

Mira el mapa del imperio y ve un vacío al sur.
Mucho territorio sin conquistar.

EL AVANCE HACIA EL MAULE

Túpac Yupanqui organiza la mayor campaña militar vista hasta entonces. Reúne más de cuarenta mil guerreros. El objetivo es simple: avanzar hacia el sur hasta donde termine el mundo conocido.

Las primeras conquistas son rápidas.
Los pueblos del norte de lo que hoy es Chile se integran.
Algunos resisten, pero la superioridad numérica y organizativa inca es aplastante.

Se construyen fortalezas.
Se levantan tambos.
El Qhapaq Ñan se extiende.

Todo funciona hasta que el ejército llega al río Maule.

Al otro lado del río esperan los mapuche.

No tienen rey que capturar.
No tienen capital que sitiar.
Son clanes descentralizados, cada uno con su toki, su líder guerrero.
Cada hombre es un soldado desde que puede sostener una lanza.

Los incas envían emisarios.
Ofrecen integración, caminos, protección del Sapa Inca, el hijo del Sol.

Los mapuche escuchan.
Y luego responden.

Rechazan la oferta sin miedo, sin dudas, con desprecio absoluto.

Su mensaje es claro:
Estas tierras no se someten.
No hay tributo.
No hay emperador.
Si cruzan el Maule, cruzarán hacia la muerte.

LA BATALLA QUE LO CAMBIÓ TODO

Túpac Yupanqui ordena el ataque.
El orgullo imperial no permite la retirada.

Lo que no sabe es que los mapuche los han observado durante semanas. Han estudiado sus campamentos, sus formaciones, su forma de luchar. Han convocado guerreros de todos los clanes vecinos.

La noche antes de la batalla, el campamento inca duerme confiado.

Al amanecer, el ejército comienza a cruzar el río.
Cuando la mitad de las tropas está en la otra orilla, el infierno se desata.

Desde las colinas bajan más de veinte mil mapuche gritando un grito de guerra que hace temblar la tierra. No avanzan en filas ordenadas. Avanzan como una avalancha humana.

Los incas intentan formar sus líneas.
No pueden.

Los mapuche no buscan orden.
Buscan caos.

Rompen la formación.
Fuerzan el combate cuerpo a cuerpo.
Usan macanas de madera dura, lanzas que atraviesan la armadura acolchada.

La mitad del ejército inca queda atrapada en el río.
La otra mitad es masacrada.

El Maule se tiñe de rojo.

Túpac Yupanqui observa desde lo alto y entiende algo que jamás había comprendido: está perdiendo.

Ordena la retirada.

El imperio ha sido detenido.

UNA GUERRA DE GENERACIONES

Los incas regresan.
Lo intentan de nuevo.
Y de nuevo fracasan.

Guerra de desgaste.
Emboscadas.
Ataques nocturnos.
Miedo.

Finalmente, Túpac Yupanqui acepta lo impensable: el imperio tiene un límite. El Maule se convierte en frontera.

Los mapuche no buscan conquistar.
Solo defender su tierra.

Han logrado lo imposible: detener al mayor imperio de América.

CUANDO LLEGAN LOS ESPAÑOLES

Décadas después, mientras incas y mapuche mantienen una frontera tensa, algo ocurre al otro lado del mundo.

Cristóbal Colón cruza el océano.
Los españoles destruyen el Imperio Azteca.
Luego llegan al Perú.

Francisco Pizarro captura a Atahualpa.
El Imperio Inca colapsa.

Y los españoles miran hacia el sur.
Ven el territorio que ni los incas pudieron conquistar.

Creen que será fácil.

No lo será.

LA GUERRA DE ARAUCO

Pedro de Valdivia funda Santiago en 1541.
Avanza hacia el sur.
Subestima a los mapuche.

En 1553, un joven líder cambia la historia: Lautaro.

Ex yanacona, conoce a los españoles desde dentro.
Enseña nuevas tácticas.
Organiza un ejército.

En Tucapel, Valdivia muere.
La élite de la caballería española es destruida.

Es la mayor derrota española en América.

La guerra continúa durante siglos.
Ni España, ni Chile independiente lograrán someter completamente a los mapuche sin un costo devastador.

EL PUEBLO QUE NUNCA SE RINDIÓ

Incas.
Españoles.
República de Chile.

Tres poderes.
Cuatro siglos.

Los mapuche resistieron a todos.

No tenían imperio.
Pero tenían algo más poderoso:
la decisión inquebrantable de no arrodillarse jamás.