Un Juez le QUITÓ a Maribel Guardia lo Último que le Quedaba de Julián Figueroa

El 20 de mayo de 2026, un juez de la Ciudad de México firmó un documento de tres páginas que le quitó a Maribel Guardia lo último que le quedaba de su hijo. La tutela legal de José Julián, su nieto, de 6 años, el único pedazo vivo de Julián Figueroa, pasó a manos de una conductora de televisión que no lleva su sangre.

Maribel no se presentó al juzgado. Marco Chacón, su esposo, tampoco. Ninguno de los dos compareció antes de que el juez firmara. Cuando le notificaron la resolución, según las fuentes cercanas al proceso, Maribel estaba en su casa de la colonia Lomas sola. Lo que viene a continuación son 47 años comprimidos en una sola pregunta.

Porque la mujer que acaba de perder la tutela de su nieto es la misma mujer que a los 9 años perdió a su madre en un hospital de San José de Costa Rica. La misma que juró que jamás tendría hijos para no repetir esa historia. La misma que cuando finalmente tuvo uno, dedicó cada minuto de su vida a protegerlo de una sombra que ya se había llevado a otros dos hijos de la misma familia.

Y la misma que, según las acusaciones de la viuda de su propio hijo, habría tomado una decisión médica 60 días antes de su muerte, que terminó siendo parte de la tragedia. Más de 30 fuentes entrevistas públicas, declaraciones judiciales, expedientes filtrados y registros de prensa sostienen esta historia.

Hay una palabra que necesitas guardar en la cabeza antes de seguir. Naltrechona. La vas a escuchar varias veces a lo largo de esta historia y cuando entiendas qué hicieron con ella, vas a entender por qué Maribel Guardia lleva 3 años peleando en tribunales para que nadie mire demasiado de cerca lo que pasó la madrugada del 9 de abril de 2023.

Pero esta historia no empieza en un juzgado ni en una morgue. Empieza en una casa de Costa Rica en 1968 con una niña de 9 años que regresa de la escuela y encuentra a su hermana llorando en la puerta. Cada semana este canal abre una puerta que alguien preferiría mantener cerrada. Si todavía no formas parte de esta comunidad, este es el momento, porque lo que viene en los próximos minutos cambia por completo lo que creía saber sobre Maribel Guardia, San José, Costa Rica, 1968.

La casa de la familia Fernández García no era grande. Quedaba en un barrio de clase media donde los vecinos se conocían por el nombre y las puertas se cerraban tarde. Rita, la madre, tenía 46 años. Maribel, la menor de sus hijas, tenía nueve. Esa mañana Maribel hizo lo que hacía todos los días. Se puso el uniforme, agarró su mochila y fue a despedirse de su madre antes de salir para la escuela. Rita estaba enferma.
Llevaba semanas entrando y saliendo del hospital, pero esa mañana estaba en la casa. Maribel se acercó, la besó y Rita le dio la bendición. Ese beso Maribel lo ha contado en por lo menos tres entrevistas distintas a lo largo de cuatro décadas y cada vez lo cuenta con las mismas palabras.Cada vez se detiene en el mismo punto. Cada vez dice lo mismo. Ese fue el último beso que tuve de mi madre. Maribel se fue a la escuela. Rita entró al hospital. Cuando Maribel regresó por la tarde, encontró a su hermana Vilma en la entrada de la casa. Vilma tenía 29 años. Era casi 20 años mayor que Maribel. Estaba con dos personas, las tres lloraban.

Maribel miró a su hermana y lo supo antes de que nadie le dijera nada. Rita había muerto. Leucemia, cáncer en la sangre. a los 46 años en un hospital de San José, sin que su hija menor pudiera despedirse. Lo que vino después lo contó Maribel en el podcast chingonamente con la periodista Adriana Gallardo en una entrevista que se publicó en julio de 2025.

Es la entrevista más cruda que ha dado en su vida [música] y lo que dijo ahí explica todo lo que vino después. Dijo que durante nueve noches seguidas soñó con su madre. Las dos volaban juntas, vestidas de blanco junto a un río. Maribel era feliz en esos sueños porque sentía que su madre seguía viva en algún lugar al que podía llegar cerrando los ojos.

Después de la novena noche, los sueños se fueron, dejaron de aparecer y Maribel se quedó sola con la imagen que la perseguiría durante los siguientes 58 años. La imagen del cadáver de su madre en el féretro. Según sus propias palabras, le agarró horror al cuerpo sin vida de Rita. Horror. Esa fue la palabra que usó. Porque una niña de 9 años no entiende qué es la muerte.

Entiende que la persona que la abrazaba ya no la abraza, que la persona que la besaba ya no la besa, que la voz que la llamaba por las noches ya no suena y que el cuerpo que queda ahí en esa caja se parece a su madre, pero ya no es su madre. Maribel dijo que a partir de esa noche empezó a sufrir insomnio, un insomnio que según ella misma la acompaña hasta el día de hoy.

Más de medio siglo sin poder dormir bien, más de medio siglo con esa imagen metida en la cabeza, Vilma se hizo cargo. La hermana mayor se convirtió en madre, [música] padre, tutora y refugio de Maribel desde esa tarde. Vilma nunca se quejó. Vilma la crió como si fuera su propia hija. La alimentó, la vistió, la mandó a la escuela, la sostuvo cuando lloraba.

Maril la llama Mima, la llama mamá, la presenta como su madre en público desde hace décadas y cuando alguien le pregunta, ella aclara con una sola frase, “Es mi hermana Mima. Me crió como a una hija cuando murió nuestra mamá Rita, pero Vilma no podía devolver lo que la leucemia se llevó.” El padre de Maribel casi no aparece en ninguna entrevista.

No hay biografía donde se mencione su nombre con detalle. No hay anécdota pública de él. No hay fotografía famosa con él. Lo que hay es un hueco, un espacio vacío donde debería estar un padre y donde lo único que queda es silencio. Maribel creció sin madre y con un padre que, según todo lo que se sabe estuvo tan ausente que ni siquiera dejó [música] huella en la memoria pública de su hija.

guarda eso porque dentro de 25 años, cuando Maribel conozca a un cantante famoso en un palenque de México, va a sentir una atracción fulminante por un hombre que es exactamente el mismo tipo de padre que ella tuvo. Un hombre carismático, talentoso, lleno de canciones y de mujeres, que aparece y desaparece, que promete y no cumple, que tiene hijos en todas partes y no está presente para ninguno.

Maribel va a casarse con la versión en grande del hueco que llevaba adentro desde los 9 años y el hijo que van a tener juntos va a pagar el precio de esa elección. Pero antes de Joan Sebastian, antes [música] del matrimonio, antes de Julián, hay una década entera de la vida de Maribel que explica por qué cuando llegó el momento de ser madre, lo que salió de ella fue una mezcla de amor desbordado y miedo paralizante.